Lunes, 22 de Octubre de 2007

"El creacionismo es anticientífico y antirreligioso"

Profesor de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de California. El biólogo español critica las teorías del ‘diseño inteligente’.

 

VICENTE FERNÁNDEZ DE BOBADILLA ·22/10/2007 - 21:24h

Francisco J. Ayala, en un momento de la entrevista. ÁNGEL MARTÍNEZ

El planeta Tierra fue creado por Dios en siete días, y todas las especies fueron colocadas por el Creador tal y como son ahora. Esta corriente de pensamiento, que ningún científico con la cabeza sobre los hombros estaría dispuesto a apoyar, está siendo estudiada en algunas escuelas estadounidenses en igualdad de condiciones con la teoría de la evolución de Darwin. Combatirla es el motivo principal de Darwin y el diseño inteligente, del biólogo español afincado en Estados Unidos Francisco J. Ayala. Si el currículum de Ayala sorprende por su densidad ­–ha sido presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, Medalla Nacional de las Ciencias en EEUU y asesor de Bill Clinton– Darwin y el Diseño Inteligente (Alianza, 2007) sorprende por su claridad. La evolución de los seres vivos no sólo queda explicada con pruebas, sino que, además, el autor explica cómo la ciencia ha llegado a ellas después de años de esfuerzo conjunto.

¿Por qué este libro y por qué ahora?

Por el movimiento creacionista, fundamentalista y antievolucionista que está resurgiendo en EEUU, y se está extendiendo. Es una desdicha que un movimiento que es anticientífico, y a mí manera de entender, antirreligioso, esté tomando auge entre los cristianos de buena fe.

Evolución y fe llevan mucho tiempo conviviendo sin problemas. ¿Qué está pasando?

Los grandes teólogos del cristianismo como Santo Tomás de Aquino y San Agustín, ya decían que la Biblia no es un libro de texto, sino un libro religioso. Un argumento que usan los creacionistas es la aparente contradicción de la Biblia con la ciencia, pero es que la Biblia no es un libro científico. Por eso la religión y la ciencia sobrevivían apaciblemente juntas, y ahora han venido estos movimientos…

¿Quién está detrás del diseño inteligente y por qué están teniendo tanto éxito?

Principalmente, tres o cuatro autores; sólo uno de ellos (Michael Behe) es un científico, es bioquímico. El argumento de Behe se basa simplemente en su incapacidad de entender cómo la selección natural puede explicar la evolución. Como no puede hacerlo, entonces la tiene que explicar Dios como diseñador. La razón del éxito es que estas ideas se venden muy bien. Los creyentes pueden encontrar muy atractivo que para explicar la complejidad de los organismos tengamos que recurrir a Dios. Las ideas son atrayentes, hasta que uno las empieza a mirar en detalle. En los detalles es donde aparece el demonio.

Para combatir este movimiento en su libro usted no ha recurrido tanto a la confrontación como a la presentación de pruebas, a la divulgación científica.

Y hasta cierto punto, aunque no es mi especialidad, a la divulgación teológica también, porque hay principios teológicos que demuestran cómo el diseño inteligente es contrario a la teología cristiana.

Es llamativo cómo determina usted que el diseño inteligente no es tan inteligente; los seres vivos estamos llenos de fallos…

Un ejemplo es el de la mandíbula humana, que no es lo bastante grande para albergar todos los dientes; nos tienen que sacar las muelas del juicio y, a veces, enderezar otros. ¿Le vamos a echar la culpa de ese diseño, no ya imperfecto sino disfuncional, a Dios? Mucho más serio, en muchos sentidos, es el canal de la natalidad de las mujeres, que no es lo suficientemente grande para que pase la cabeza del niño, ya que la cabeza se ha ido expansionando a través de la evolución. Millones de mujeres mueren en el parto, y millones de niños que no han hecho nada malo mueren antes de nacer. Alguien que hubiera diseñado una cosa así, que llevara a la muerte de muchos fetos, sería calificado de abortista. Con arreglo al diseño inteligente, lo que implica es que Dios es el principal abortista del mundo.

El espectro de creencias religiosas de Estados Unidos es muy distinto al de Europa. ¿Aun así usted cree que el diseño inteligente puede extenderse por el continente?

Sí, se está extendiendo. Más en países anglosajones como Australia o Inglaterra que en países centroeuropeos o de lengua latina, pero se va extendiendo porque, repito, es una postura muy atractiva. De pronto, dicen, tenemos una explicación de la existencia de Dios. No se dan cuenta de las implicaciones que tiene, que para mí son una blasfemia. Es echarle la culpa a Dios por lo que no la tiene. Cuando un león toma posesión de un harén de hembras, lo primero que hace es matar a todas las crías para que las hembras entren en celo y las pueda fecundar. Eso es una crueldad terrible. ¿Ha diseñado Dios este comportamiento?

El tema científico de mayor actualidad es ahora mismo el cambio climático. A las voces mayoritarias que nos avisan de él se oponen otras que, incluso, niegan su existencia...

Bueno, hay un problema con el periodismo, que es el fair treatment, el tratar a todas las ideas por igual. Si hay un científico que habla en contra de la teoría de la evolución se le da tanto espacio como a uno que la defiende; lo que pasa es que hay cien mil científicos que defienden la evolución por cada uno que no.

¿Cómo vive las confrontaciones con los partidarios del diseño inteligente?

Pues como ocurrió en el último juicio reciente, en el estado de Pensilvania, con un juez que no sabe nada de ciencia, y que es cristiano practicante y además nombrado por Bush. Pero oye a las dos partes, se convence de dónde está la razón y escribe una sentencia fortísima en contra del diseño inteligente y el creacionismo. Esto es lo que pasa cuando nos enfrentamos en un ambiente neutral, por así decirlo, como es un juicio en un distrito federal. La otra manera en la que me enfrento a ellos es por escrito, no hacemos confrontaciones públicas, porque en el diálogo frente al público lo que cuenta es la retórica. Si un señor que está ahí dice que no hay evidencia para esto y yo digo que sí, ¿cómo se lo demostramos al público? Yo digo que sí, él dice que no, y a ver quién lo dice mejor y de manera más convincente. Ahí cuenta la retórica, no los conocimientos ni la validez de la ciencia.