Lunes, 22 de Octubre de 2007

Los profesores represaliados reciben un homenaje que para muchos llega "tarde"

EFE ·22/10/2007 - 18:21h

EFE - Las consejeras andaluzas de Educación y Justicia, Cándida Martínez (i) y María José López, entregan un diploma a Juan López (c), hijo de un profesor de la época de la segunda República durante el homenaje organizado por la Junta de Andalucía. EFE

Profesores andaluces de la Segunda República que fueron represaliados durante el franquismo recibieron hoy en Granada un homenaje al que asistieron familiares desplazados desde distintos puntos del país, un acto que, aunque "justo", para muchos de ellos llega "tarde".

En el homenaje, organizado por la Junta de Andalucía en el marco de las Jornadas sobre Educación y Memoria Histórica, que clausuraron las consejeras andaluzas de Educación y Justicia, Cándida Martínez y María José López, respectivamente, se han entregado diplomas a familiares de 76 docentes de la época.

Para Francisco Matarán, de 73 años, cuyo padre y hermano mayor, ambos profesores en el pueblo granadino de Alhendín, fueron fusilados por las tropas franquistas en 1936, éste es un homenaje "tibio" que llega "tarde", ha declarado a Efe.

A su madre, también maestra y que quedó viuda con ocho hijos, le prohibieron ejercer como tal durante 30 años, lo que sumió a la familia en un "penoso calvario" que obligó a sus hermanos y a él a trabajar "de cualquier cosa" para salir adelante.

Matarán ha lamentado que para la derecha española este tipo de homenajes suponga "remover un pasado que no se debe remover, cuando ellos nos han estado removiendo durante 40 años con los gloriosos caídos por la patria, y mientras tanto yo no sé, aún hoy, dónde están enterrados mi padre y mi hermano".

A María Malondado, de 72 años, hija de un maestro republicano que trabajó en el pueblo almeriense de Fiñana, del que llegó incluso a ser alcalde, y que fue depurado en el franquismo, le hubiera gustado que su padre, ya fallecido, hubiese podido asistir al homenaje de hoy.

Tras ser condenado a muerte, salvó la vida el día antes de su ejecución gracias a la mediación de su sobrina, una monja que logró su indulto.

Para sacar a su familia adelante, tuvo que emplearse como guarda nocturno en una obra, como peón de albañil, o dando clases a hijos de guardias civiles que estos le recompensaban con alimentos, hasta que en 1974 fue reingresado en la carrera docente y pudo volver a ejercer como maestro durante un par de años, "una suerte que no ha tenido todo el mundo", ha relatado a Efe su hija.

Para Cayetano Aranda, cuyo padre, que ejerció como maestro en el pueblo almeriense de Tabernas y fue depurado por el franquismo, lo más importante de estas jornadas es que "se repara una injusticia histórica, porque en contra de lo que algunos piensan, es necesaria esta reparación moral de algo que fue una completa ilegalidad y un abuso por parte de las autoridades franquistas".

Para mantener a su familia, su padre se vio obligado a trabajar como administrativo en distintas empresas privadas y, muchos años después, le ofrecieron la posibilidad de reintegrarse como maestro, pero "en unas condiciones económicas que le hacían imposible mantener a una familia de cuatro hijos", ha relatado a Efe su hijo.

Su familia vivió durante décadas la "lacra" que suponía ser hijo de un maestro repudiado por el franquismo, hasta el punto de que cuando Cayetano fue llamado a filas para cumplir el servicio militar, en 1970, "un guardia civil consultó a todo el vecindario sobre la moralidad de mi familia, por si yo pudiese ser un elemento peligroso dentro del ejército franquista".

En su opinión, jornadas como éstas "siempre llegan a tiempo, porque no se pretende otra cosa que llevar a cabo una satisfacción de tipo moral".