Lunes, 22 de Octubre de 2007

Los resultados oficiales confirman el deseo de los polacos de una renovación política

EFE ·22/10/2007 - 13:15h

EFE - El líder de la Plataforma Cívica, Donald Tusk saluda a sus seguidores en la sede de su partido, en Varsovia (Polonia). EFE

Los resultados oficiales, que se espera se completen hoy, confirman que el pueblo polaco apuesta por la renovación política de su país de la mano del liberal Donald Tusk, tras los comicios legislativos de este domingo, en los que el actual primer ministro, Jaroslaw Kaczinski, resultó claramente derrotado.

Tusk, líder de Plataforma Ciudadana (PO) y futuro primer ministro, no logrará mayoría absoluta, pero contará con suficiente apoyo parlamentario para acabar con la era de los Kaczynski aunque uno de ellos, Lech, siga siendo presidente de la República.

Y esa era ha terminado porque de mantenerse la tendencia en el recuento de votos -falta por escrutar menos del 10 por ciento- el gobierno Tusk podrá formar alianzas parlamentarias y garantizarse el 75 por ciento del Semj (parlamento polaco), el mínimo necesario para neutralizar un posible veto presidencial a leyes aprobadas por mayoría simple.

El PO contará previsiblemente con el apoyo del Partido Campesino (PSL), con el que Tusk prevé trasladar a nivel nacional el modelo de coalición que ya llevan a cabo en varios municipios, y con la Alianza Izquierda Democrática (LID), la antípoda de los Kaczynski.

Eso deja sin margen de maniobra al hasta ahora gubernamental Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski, que ejercerá una oposición en solitario pues los conservadores y populistas de Autodefensa y de la Liga de las Familias Polacas no lograron superar la barrera del 5 por ciento de los votos que marca la ley para acceder al Semj.

Algunos comentaristas polacos destacaron hoy que la desaparición de esos partidos de la escena política es el "único gran favor" que Kaczynski hizo a los polacos, pues fueron el detonante del derrumbe de su gobierno y la gota que colmó el vaso de los electores polacos.

Eliminada la posibilidad de bloqueo presidencial, o de revancha fraternal, Tusk tendrá las manos libres para llevar a cabo el programa electoral que le llevó a la victoria y que se resume en menos política moral y más paz social y modernidad para Polonia.

Las señales de cambio han comenzado y no sólo se detecta en la euforia callejera, sino en la confirmación de que el nuevo gobierno, por ejemplo, firmará previsiblemente la Carta de Derechos Humanos de la Unión Europea (UE), lo que significa más igualdad y tolerancia.

Eso es lo que reclamaban muchos polacos, especialmente las organizaciones de mujeres que luchan por el derecho a una salud sexual y reproductiva y los comités de homosexuales, bestias negras de los hermanos Kaczynski.

En política exterior, el triunfo de PO supondrá igualmente un cambio significativo de forma y de fondo, pues Tusk no sólo prometió mejorar la muy deteriorada imagen de Polonia y sus relaciones con la UE, Alemania y Rusia, sino también la retirada paulatina de tropas de Irak.

La retirada de Polonia, que cuenta en ese país con 900 soldados de elite, supondrá además una reestructuración de la operación militar en Irak, donde Polonia dirige una de las cuatro zonas de intervención fijadas por la OTAN.

Un gran interrogante todavía a despejar es el escudo antimisiles estadounidense que Kaczynski negociaba con Washington, pues Tusk no se posicionó con claridad al respecto, si bien en el PO hay un importante núcleo de poder contrario al proyecto.

Nuevos aires en suma para Polonia, que al ultracatólico "Nuestro periódico", rotativo del grupo mediático Radio María y único diario que lamenta abiertamente la derrota de Kaczinski, suponen entregar el poder "a los reincidentes de la izquierda".

Kaczynski, que contó durante la campaña electoral con el apoyo de ese grupo de medios de comunicación, opinó lo mismo, pues aunque tuvo el coraje de reconocer inmediatamente su derrota achacó la misma a la coalición formada en su contra "por la prensa y los asesinos de Jerry Popiekuszko", sacerdote muerto a manos de la policía comunista en los años ochenta por defender las libertades.