Domingo, 21 de Octubre de 2007

Un meneo para que caigan las bellotas

El Espanyol de Valverde destapa las carencias de un Madrid que con Diarra se parte en dos.

ENRIQUE MARÍN ·21/10/2007 - 00:26h

El defensa italiano del Real Madrid, Fabio Cannavaro (detrás) agarra al delantero Raúl Tamudo, del RCD Espanyol. EFE

Un madrugador gol de Riera y una exquisita vaselina de Tamudo rubricaron la superioridad manifiesta del Espanyol en Montjuïc y terminaron con la racha de quince partidos invictos del Real Madrid. Dos de los protagonistas de la victoria de España en Dinamarca lo volvieron a ser anoche con su equipo, el meritorio Espanyol de Valverde. Cuánta razón tenía el Txingurri en su análisis sobre este Madrid que se ha quedado a mitad de camino entre Capello y Schuster.

El equipo del técnico alemán acepta el intercambio de golpes porque tiene futbolistas para marcar diferencias, pero si tú le das primero le cuesta reaccionar y si no te achantas le puedes hasta pintar la cara.

Valverde es un entrenador atrevido y atrevidos son sus equipos. Ernesto no concibe enfrentarse a un rival por muy grande que sea y renunciar a ser protagonista. Sabe que por ahí se empiezan a perder los partidos. Anoche lo demostró. Su Espanyol es un equipo con un estilo definido, en el que todos sus jugadores tienen permiso para pensar sólo en ganar.

Con la premisa de que la presión es la primera arma para atacar, los Riera, Valdo, Tamudo y Luis García son los primeros defensas, sin que ello merme sus aspiraciones ofensivas. Tienen el gol entre ceja y ceja. Sobre todo Raúl Tamudo, quien, a diferencia de su tocayo madridista, todavía tiene fútbol (además de gol) para aspirar e ir a la selección. El delantero perico es el estandarte de un Espanyol que a la sombra del Barça y en las sensatas manos de Valverde ganará lo que gane, pero sabe a lo juega.

El virus FIFA dejó al Madrid sin Heinze y Robben, además de Robinho y Baptista, aunque lo de los brasileños más que un virus FIFA fue otra causa. Pero ni esto vale de excusa. Con Diarra haciendo de Albelda, al Madrid le pasa lo que a la selección, que no hay salida de balón. La diferencia, que mientras España tiene a Iniesta, Xavi y Cesc para remendarlo, en el equipo de Schuster Guti no da a basto y Sneijder sigue apañarse abierto a banda.

De este modo el Madrid se parte en dos. Por un lado están los que atacan, que lo hacen por impulsos, en aventuras que poco o nada tienen que ver con el juego colectivo. Con Raúl metido entre líneas a ver si caza una y Van Nistelrooy ladeado por si le llega un balón suelto en carrera. Y por el otro, los que defienden, con Diarra como supuesto tapón en el centro del campo, aunque el malí más que ayudar a los centrales los desorienta con su pérdida de posición continua.

En cambio, el Espanyol es un equipo cosido. Cierto que le cuesta combinar más y sobre todo mejor de lo que desearía Valverde. Txingurri entiende el equilibrio a lo ancho del campo, con jugadores por dentro y por fuera, y no a lo largo, como pregonan los Albeldistas. Aquellos que en la búsqueda de equilibrar defensivamente el equipo lo que hacen es precisamente desequilibrarlo totalmente. A Diarra me remito.

Los pericos, quintos

El Espanyol ya es quinto, a tres puntos del Madrid, que sigue siendo líder gracias al tropiezo del Barça y a pesar de que sus méritos distan mucho de semejante puesto de privilegio. Schuster parece consciente de que a su equipo le falta mucho para ser lo que él pretende que sea. Hasta ayer los buenos resultados le servían de parapeto. Puede que el meneo que le dio el Espanyol provoque lo que sucede con las encinas: que caen bellotas.

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