Sábado, 20 de Octubre de 2007

Durero y Cranach

Los dos grandes artistas del Renacimiento alemán, en Madrid

JOSÉ MANUEL COSTA ·20/10/2007 - 20:25h

Una virtud de las exposiciones divididas en dos lugares (más o menos próximos) es que, en el trayecto de uno a otro, se suele seguir pensando en lo que se acaba de ver, se crean expectativas sobre lo que verá... Y así, pasito a pasito, se reflexiona más de lo habitual. Por así decir, la visita al museo, aumentada en paseo, prolonga la exposición en la mente del sujeto.

Este es el caso de Durero y Cranach. Arte y Humanismo en la Alemania del Renacimiento, cuyo cuerpo principal se expone en la sala del Museo Thyssen Bornemisza. Pero ahí no acaba, que se prolonga, y de manera casi insoslayable, hasta la amplia sede de exposiciones de la Fundación Caja Madrid.

Ese trayecto entre ambos lugares del centro de Madrid, viene a ser también representativo del momento histórico que recoge esta exposición: el de un cambio en lo cultural, lo religioso y lo político mucho mayor, incluso, que el que estaba teniendo lugar en lo que hoy es Italia (tampoco Alemania era un concepto unitario como hoy en día).

Cambio cultural

Lo fascinante en Durero y Cranach, aparte de que traiga a España a grandes artistas no demasiado conocidos en nuestro país (Grünewald, Schongauer, Baldung Grien, Altdorfer), es como ayuda a tomar conciencia precisamente de ese cambio, que afectaba a todos los órdenes de la vida en Centroeuropa.  

¿Cuáles eran esos cambios y cual el período que se retrata? El recorrido por las salas ofrece muchas respuestas, pero también desvela muchas de las paradojas del breve lapso que abarca la popularización del humanismo de Erasmo, la reforma de Lutero y el estallido de las guerras de religión. Todo ello en el tránsito del siglo XV al XVI.

El nuevo artista

Ya que hablamos de artes visuales (aquí no hay sólo pintura, sino grabados, dibujos e incluso objetos como armaduras), ese viaje hacia el arte moderno se produjo en el Renacimiento y en el Norte de Europa, no tanto con retraso, como con una forma absolutamente peculiar que combinaba la admiración hacia el clasicismo griego y latino, con un mirar cada vez más hacia el ser humano. Esto es una herencia directa del pensamiento del ya mencionado Erasmo o de Melanchton.

Este cambio ha de tenerse en cuenta si se desea entender lo que es un recorrido plagado de aparentes paradojas. Estamos en una época en que el artista está dejando de ser artesano, pero aún puede diseñar objetos de uso. Cuando un pintor lo mismo puede retratar a un cardenal o a un emperador (Maximiliano I, Carlos V) que a Lutero disfrazado de Jünker Jörg para ocultarse.

Artistas que se adscribirían a una fé básicamente libre de imágenes sacras que pintan vírgenes, jesucristos o santos como cualquier pintor mediterráneo. Un arte que aprende a utilizar la perspectiva y da nuevo sentido al paisaje, pero renuncia casi de entrada a la idealización platónica de los sureños que la inventaron. En el cual el concepto comienza a adquirir una importancia fundamentaLa sucesión de las salas tiene que ver con lo que acabamos de comentar y es que el comisario, Fernando Checa, no sólo quería mostrar, sino también explicar.

El recorrido comienza con Imagen y Melancolía, una pintura del artista alemán presidida por el Autorretrato de Durero, que suele colgar en el vecino Prado y mucho más discretamente por el grabado Melancolía, una obra capital en el arte de Occidente.

Iconos infinitos

Dado que Durero es el gran protagonista de esta exposición, la siguiente sala se dedica a su ciudad, Nüremberg, que gracias a su carácter de ciudad imperial y ausencia de gremios permitía una movilidad social e intelectual.
Las dos siguientes, llamadas La Cámara del coleccionista, contienen brujas, monstruos, desnudos casi naturalistas, viejos, enfermos… Impresiona, claro, y resulta fundamental: en aquella época, nadie se había adentrado aún en ese mundo. Más diferencias, ahora aparece Ciencia y Pintura en Alberto Durero y Apelles Germaniae, con algunos de sus más conocidos estudios naturalistas (lástima que no este La Liebre, ese icono eterno de la cultura alemana).

¿Un retrato germánico?

Se planeta como una interrogación, la de si Durero creó el modelo de un tipo de retrato diferente del que caracterizaría la escuela flamenca y, desde luego, las veneciana o romana.
Esto es lo que hay en el Thyssen, continuado en la Fundación Cajamadrid con otras cinco salas menos teóricas, más aplicadas. Las Imágenes para la salvación, donde se contempla todavía un arte con aspiraciones de representación de lo divino con una nueva mirada hacia la religión y lo humano.

Es una gran idea que la siguiente sala sea Imágenes como palabras donde la pintura o los grabados aparecen como transmisores, ya no solo de creencias, sino de ideas. Y es una llamada a la cruda realidad como esta fascinante evolución del pensamiento y el arte tampoco permaneció ajena, ni mucho menos al enfrentamiento y la guerra. Aunque, como reza el lema de la última sala vayamos De la caballería a los cañones: una nueva imagen de la guerra. Es una exposición de aquellas que muestran obras y artistas trascendentales, que conmueven y dan que pensar. No sucede todos los días.