Sábado, 20 de Octubre de 2007

Rodrigo Rato, un "animal del poder" que renuncia a ejercerlo

El director gerente del FMI se marcha de la institución entre la polémica de su dimisión y las dudas sobre su futuro

FERNANDO SAIZ ·20/10/2007 - 12:41h

Se va el 1 de noviembre y todavía no se sabe muy bien por qué ni adónde. Rodrigo Rato, nacido en Madrid en 1949 y miembro de una saga de empresarios de origen asturiano, es una de las personalidades españolas con mayor proyección en el exterior. Nunca antes un español había sido el director gerente del Fondo Monetario Internacional (el organismo multilateral que ejerce de bombero en las crisis financieras) y sólo la figura de Javier Solana (ex secretario general de la OTAN y Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE) se le puede comparar en influencia internacional.

Pero Rato lo deja. Se marcha año y medio antes de cumplir su mandato y aduce razones personales (en particular, la lejanía de sus hijos). Sus amigos y colaboradores comprenden la decisión. El resto del mundo, menos. Su renuncia provocó una cierta incredulidad entre las clases dirigentes mundiales y malestar sordo en el Gobierno español, que apoyó su candidatura al cargo. Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical de UGT, que negoció muchas veces con él cuando era ministro, lo expresa así: "Como país, su dimisión no nos beneficia".

Su renuncia resulta especialmente extraña para alguien que, como lo define un antiguo colaborador suyo, es "un animal del poder". Cristóbal Montoro, que fue ministro de Hacienda con él, lo expresa con algo más de sutileza: "Es una persona nacida para mandar". ¿Entonces? ¿Por qué se va? Una parte de la respuesta puede estar en una entrevista concedida en marzo al diario El Mundo. Cuando se le pregunta si se siente muy poderoso, él matiza: "El FMI tiene influencia, pero tiene más poder un ministro".

Un tipo duro

"Las ganas de mandar", una "inteligencia política fuera de serie" y su "fabulosa capacidad para crear equipos", son, según las versiones de varios de los miembros de su equipo en el Gobierno de Aznar, los factores que seguramente le han llevado hasta lo más alto de las finanzas internacionales. Todos ellos lo admiran y lo respetan, aunque reconocen que no es una persona de fácil trato. "Es muy, muy duro. Tremendamente exigente y perfeccionista. Y cuando se enfada de verdad se pone como una bestia parda", dice uno de sus antiguos colaboradores. Pero al mismo tiempo es una persona generosa, que nunca deja tirados a sus subordinados, de la que se puede aprender mucho y que "cuando se lo propone, llega a ser muy simpático".

Es ese don de gentes, además de su facilidad para los idiomas, lo que le ha salvado de situaciones comprometidas por su legendaria impuntualidad. "Llega muchas veces tarde a las reuniones. Le da igual que sea con Aznar, con Laurent Fabius o con Gordon Brown", afirma un amigo suyo.

Su prestigio se lo ha ganado durante más de 25 años de carrera. Hasta Alan Greenspan, el famoso ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, le tiene en alta consideración. Pero no siempre ha sido así. Todavía hay quien recuerda su primera gran escaramuza parlamentaria, allá por finales de los 80, cuando un bisoño Rato se enfrentó en un debate con el entonces exultante ministro socialista, Carlos Solchaga, y salió trasquilado.

Rato también tiene sus detractores. El ugetista Toni Ferrer le reconoce una "gran relevancia intelectual", pero al mismo tiempo advierte que durante su gestión en el Gobierno de Aznar desaprovechó la excelente coyuntura económica e intentó recortar los derechos de los trabajadores. "Desde luego, no se le puede asociar con una política de progreso", asegura Ferrer.

Jordi Sevilla fue el principal contrincante de Rato en el Parlamento durante la última legislatura del PP. Afirma que es "una persona muy lista y con las ideas muy claras" y asegura que "diferenciaba muy bien el debate técnico del político". Pero reconoce que el ex ministro tuvo "algún desliz" y recuerda cuando, al acusarle de colocar a sus amigos en las empresas públicas, Rato le respondió: "¿Y usted que quiere, que coloque a mis enemigos?" Sevilla señala que de Rato aprendió una importante lección política: "cuando te meten un rejón, que no se note". Y añade que comprende las razones de su dimisión. "Yo también soy muy partidario de conciliar la vida profesional y familiar".

La gran pregunta que revolotea sobre la figura de Rato es: ¿y ahora qué? Él mismo ha descartado la opción política, pero como dice Cristóbal Montoro "quieto no se va a estar". Su dinamismo, su capacidad de liderazgo y sus contactos internacionales son garantía de eficacia. El problema es que con una trayectoria como la suya sus opciones profesionales son limitadas. No hay muchas empresas o entidades con la relevancia suficiente para ficharle.

En España se le han adjudicado muchas novias (BBVA, Criteria, FCC, entre otras), pero esas opciones parecen poco verosímiles o han sido desmentidas categóricamente. Uno de sus colaboradores cree que acabará "en un gran banco internacional con sede en Europa y responsabilidades no ejecutivas".

Cualquiera que sea su destino profesional, lo más probable es que siga cultivando su grandes aficiones: la buena comida (si es asturiana, mejor), la música de los años sesenta y setenta y el cine negro americano. Y por encima de todo eso, sus hijos.