Viernes, 19 de Octubre de 2007

La palabrería de Watson resucita a Rosalind

El Nobel hace recordar con su polémica a la mujer que estuvo tras sus logros

AINHOA IRIBERRI ·19/10/2007 - 19:20h

El descubrimiento de la doble hélice del ADN permitió a Francis Crick y a James Watson ganar el Premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1962, junto a Maurice Wilkins.

Muchos sostienen que el galardón debería haber incluido a una mujer: Rosalind Franklin, autora de la radiografía del ADN -conocida como la fotografía 51-, que mostró realmente por primera vez su forma helicoidal.

Es cierto que por mucho que lo hubiera merecido, Franklin no habría podido recoger el Nobel; en 1958, con sólo 37 años, falleció por un cáncer de ovarios.

Casi con seguridad, la enfermedad fue provocada por la continuada exposición radiológica de la científica mientras investigaba, precisamente, el ADN.

Polémica con Watson

Las recientes declaraciones de Watson sobre la presunta superioridad intelectual de los blancos sobre los negros, han hecho recordar otras de sus declaraciones polémicas.

Muchos le han acusado, por ejemplo, de haber denostado a Franklin por ser mujer, aunque en su libro La doble hélice Watson denota más rivalidad profesional con Franklin que otra cosa: "Me encantó que Maurice me dijera que era bienvenido a la charla que iba a dar Rosy. Por primera vez, tenía un incentivo real para aprender algo de cristalografía; no quería que ella quedara por encima de mí".

El hecho de llamarla Rosy ha sido muy criticado por los detractores de Watson quien, por lo demás, reconoce en el libro que el descubrimiento del ADN fue logro de cinco personas, entre las que cita a la investigadora inglesa.

Para María Ángeles Durán, investigadora del CSIC, no se puede decir que a Franklin le robaran el Nobel. "Como estaba muerta, ni se plantearon incluirla", explica, pero cree que silenciar su trabajo fue coherente con la tradicional invisibilidad de las mujeres en la ciencia, que se prolonga hasta hoy.

Durán dice que opiniones machistas, como las que expuso Ramón y Cajal en su discurso de ingreso en la Academia, han dificultado el acceso a laboratorios a varias generaciones de mujeres.


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