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Jueves, 15 de Mayo de 2008

Acusan a los militares birmanos de robar

Las ONG denuncian que los soldados se quedan con parte de la ayuda

ELISA RECHE ·15/05/2008 - 20:27h

La respuesta insuficiente de las Fuerzas Armadas birmanas a la catástrofe ha sido muy criticada por la comunidad internacional. AFP

La ONU ha elevado hasta 2,5 millones el número de birmanos afectados por el ciclón Nargis, pero no todos los suministros que consiguen entrar en el país van a parar a sus manos. "He visto fotografías que muestran a los militares quedándose con la ayuda enviada al delta del Irawadi, además de que otros compañeros también me lo han comentado", reveló a Público una fuente de la ayuda humanitaria que prefiere permanecer anónima.

"Están permitiendo cada vez más la entrada de suministros desde el extranjero, pero al mismo tiempo están cerrando el acceso al delta para que nadie sepa lo que ocurre. Los compañeros también me han contado que los militares están obligando a los refugiados a reconstruir las carreteras a cambio de 1.000 kyats (menos de un euro) al día para los hombres y 500 kyats (casi medio euro) para las mujeres", contó la misma fuente. "Están picando piedra en unas condiciones de semiesclavitud.

Mientras tanto, nosotros seguimos sin poder ayudar lo suficiente. Es algo totalmente cruel, nos sentimos muy impotentes", dijo.El diario International Herald Tribune informó hoy sobre las denuncias por parte de varias organizaciones de ayuda que acusan a miembros del Ejército birmano de robar parte de los donativos que llegan del exterior y guardarlo en almacenes militares.

Llueve sobre mojado

La estación de lluvias ha comenzado en la región, dificultando el acceso a las zonas anegadas, las labores de reconstrucción, pero sobre todo dando vía libre a la propagación de enfermedades como el dengue, la malaria, la
diarrea o el cólera.

"En la medida de lo posible, estamos vacunando a los birmanos de cólera. El resto de enfermedades no son necesariamente mortales, pero de cólera te mueres seguro", señaló preocupado Tim Costello, presidente de la ONG World Vision en Australia.

Mientras el Gobierno ha reconocido hasta el momento casi 39.000 personas fallecidas a causa del ciclón Nargis, la ONU estima que el número de muertos alcanza los 128.000 en un baile de cifras bastante extremo. Con muchas zonas todavía aisladas y con las restricciones impuestas por la Junta para acceder al delta, es difícil ofrecer unos cálculos realistas, coinciden muchas organizaciones de ayuda, incluso aquellas que se
encuentran sobre el terreno.

La Unión Europea ha exigido una reunión de alto nivel entre todos los donantes para hacer ver a la Junta birmana la urgencia de la ayuda internacional, ya que se está poniendo en juego la vida de muchas personas que pueden morir de hambre o de enfermedades si no se actúa de forma inmediata casi dos semanas después del ciclón. Pero la Junta permanece impasible, obstinada en que ellos solos son capaces de hacer frente a la situación.

"Ya se sabe que las relaciones entre Birmania y la comunidad internacional son difíciles", dijo Louis Michel, el enviado de la UE para hablar con la Junta, a la agencia Reuters. "Pero esto no es mi problema. No es la hora para discusiones políticas. Ahora se trata de hacer llegar la ayuda y salvar vidas", puntualizó.

Los birmanos dan muestras de resignación. "Es muy difícil entender cómo piensa la Junta birmana. Todo lo entienden en términos militares. Ellos consideran que con la llegada de más aviones internacionales y de los 160 cooperantes de la India, China, Pakistán y Bangladesh ya han cedido bastante", señala un guía de viajes.

Persecución de la prensa

Mientras se impide el acceso al delta del Irawadi de los cooperantes internacionales y medio millón de personas se encuentran en un refugio temporal, según las cifras ofrecidas por la ONU, el tiempo sólo corre en contra de las víctimas.Por su parte, periodistas y fotógrafos ven cada vez su labor más dificultada porque los controles militares están cercando Rangún en círculos más y más estrechos. Una atmósfera de preocupación y paranoia se ha apropiado de los periodistas que se alojan en el principal hotel de la ciudad a causa de los rumores sobre los informadores del régimen.

Un fotógrafo americano y su conductor birmano fueron fotografiados en uno de los puestos de control militar en una nueva medida de control para los medios internacionales. El estadounidense teme que le expulsen del país, mientras que el taxista birmano no sabe qué esperar de una Junta que, al parecer, sólo es capaz de pensar en su propio interés pasando por encima de cadáveres si hace falta.