Archivo de Público
Martes, 13 de Mayo de 2008

Como mezclar agua y aceite

Las relaciones del PP con los nacionalistas siempre han sido de mútuo interés, sin bases sólidas 

DAVID MIRÓ ·13/05/2008 - 00:01h

EFE - Jordi Puyol y José María Aznar pasaron de los elogios mutuos a una indisimulada indiferencia.

Siempre se dijo que el gran acierto de José María Aznar era haber conseguido aglutinar a todo el centroderecha español. Falso. El centroderecha español tiene grandes competidores en Euskadi y Catalunya, el PNV y CiU, que le restan una parte sustancial de electorado, quizá la necesaria para ser mayoritarios. Un simple suma de escaños resulta esclarecedora. Los diputados conseguidos por PP, CiU y PNV el 9-M superan en uno a los del PSOE, 170 a 169. Es un matiz importante, porque los socialistas no tiene competidores de esa magnitud en el campo nacionalista, y la dispersión del voto de IU ha convertido a esta coalición en irrelevante.

Aunque este análisis parezca obvio, una parte del PP vive anclada en el espejismo de 2000, cuando José María Aznar barrió al PSOE y tocó el cielo con sus 182 escaños. Pero aquel contexto, el de una profunda crisis de identidad de la izquierda y una incipiente bonanza económica, se demostraría coyuntural. Pero fue suficiente para que algunos en el PP perdieran la perspectiva y el sentido de la realidad.

Luna de miel con los nacionalistas 

¿Qué pasó en el 2000? Para responder a esa pregunta hay que remontarse a 1996, cuando el PP tuvo que acudir a los nacionalistas para gobernar. En plena luna de miel con Aznar, Xabier Arzalluz llegó a decir en septiembre de 1997 que "Aznar ha hecho más (por nosotros) que el PSOE en 13 años". Por su parte Aznar declaró a TV3 que hablaba catalán en la intimidad. Pero no sólo fueron palabras, sino hechos. Aznar derogó la mili obligatoria, cambio el nombre de los gobernadores civiles, dio el empujón definitivo a la policía autonómica catalana y cerró sendos acuerdos de financiación autonómica. Aquello era sólo sexo, sin amor .

En algún momento de la segunda legislatura del PP las cosas se empezaron a torcer. Resulta significativo que las memorias del entonces portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasgasti, lleven por título "Agur Aznar". ¿Qué había pasado? Pues que Aznar, y con él el PP, creyó que podía prescindir de los nacionalistas y hacer su voluntad.

Curiosamente fue Mariano Rajoy quien, viendo las orejas al lobo, propuso en 2002 a UDC un pacto a la bávara, siguiendo el ejemplo de la CSU y la CDU alemana. En la misma línea, Aznar ofreció a Pujol entrar en el Gobierno central a cambio de una alianza más estable. La operación no prosperó. En parte porque Aznar ya había empezado su ofensiva recentralizadora (la LOCE fue un buen ejemplo), y en parte porque, aunque en Madrid no se entienda, las bases de CiU y las del PP catalán son como el agua y el aceite, no se pueden mezclar, es más, se repelen. Para desesperación de los estrategas de Génova, el PP vasco y el catalán tienen en el combate contra el nacionalismo su razón de ser, y cuando han tenido que entenderse con él ha sido con un pinza en la nariz.

La soledad del PP

En ese contexto, el PP decidió en 2004 apretar el acelerador contra los nacionalistas al interpretar, erróneamente, que la victoria del PSOE era coyuntural y podían repetir los resultados de 2000.

A Rajoy le preguntaron diversas veces sobre la soledad del PP en el Congreso. Quizá consciente de que se tratataba de una estrategia suicida siempre evitó la critica directa a CiU, pero el recurso contra el Estatut voló todos los puentes. Recomponerlos ahora se antoja casi un milagro.