Viernes, 19 de Octubre de 2007

Los neandertales podían hablar

Un estudio sostiene que un gen esencial para el lenguaje humano ya estaba presente en el Homo neanderthalensis y descarta sus relaciones sexuales con los sapiens

MANUEL ANSEDE ·19/10/2007 - 00:00h

Un fotógrafo retrata una reconstrucción de un neandertal. EFE

Los neandertales podían musitar oraciones en sus enterramientos rituales, decir unas palabras antes de comenzar un banquete y explicar a los cazadores novatos cómo se tallaba un hacha de sílex profesional. O al menos, ninguna zancadilla genética se lo impedía.

Un estudio publicado ayer por la revista Current Biology revela que los cambios adaptativos de un gen clave en el habla humana, el FOXP2, ya estaban presentes en los neandertales. Hasta ahora, la capacidad del lenguaje se había planteado como exclusiva del ser humano moderno, casi como una marca divina trasplantada a la antropología desde la concepción religiosa de la creación.

Sin embargo, esta investigación supone la primera evidencia directa de que el Homo sapiens no era el único parlanchín en el Paleolítico Superior. El gen FOXP2 -el mismo que permitía a Luciano Pavarotti interpretar La Traviata- ya estaba presente, tal cual, en el genoma del antecesor común de neandertales y humanos modernos, hace 400.000 años.

Esencial para hablar

En realidad, el FOXP2 no es el gen del lenguaje, pero su papel es fundamental para el desarrollo de la base neuronal de la capacidad del habla. Su importancia se observa en una familia británica, conocida como KE, cuyas tres últimas generaciones han sufrido una alteración del gen. Sus miembros tienen problemas para articular los sonidos y, además, son incapaces de conjugar adecuadamente los tiempos verbales. Sus frases son del estilo: "Iré al campo y vi las cigüeñas".

Pero los primos lejanos del Homo sapiens no tenían que pasar por estos apuros lingüísticos. "Los neandertales hablaban, evidentemente", asegura el catedrático de la Universidad de Oviedo, Javier Fortea. Según el profesor, uno de los autores del estudio, los rituales funerarios habituales en estas poblaciones de homínidos ya presagiaban su habilidad vocal. En su opinión, esta confirmación supone "una contribución muy importante a la historia de la evolución".

El estudio, en el que también han participado la Universidad de Barcelona y el CSIC, ha implicado otro gran avance: la primera recuperación específica de un gen del núcleo de una célula de neandertal.

Para conseguirlo, los arqueólogos han trabajado en la cueva asturiana de El Sidrón embutidos en trajes estériles, para obtener muestras de hueso no contaminadas con ADN de humanos modernos. A partir de estos restos, de 43.000 años de antigüedad, la técnica conocida como reacción en cadena de la polimerasa, utilizada para amplificar fragmentos de ADN, ha hecho el resto del trabajo.

Esta metodología ha ahorrado muchos sustos a los investigadores, como los sufridos por el padre del genoma neandertal, Svante Pääbo. Este biólogo sueco publicó en noviembre de 2006 un estudio en la revista Nature que sugería "un flujo genético entre los humanos modernos y los neandertales". La hipótesis apuntaba las posibles relaciones sexuales entre las dos especies de homínidos a lo largo de sus 12.000 años de coexistencia en Europa.

Sin embargo, la teoría se apoyaba en muestras de neandertal procedentes del yacimiento croata de Vindija contaminadas por ADN moderno. "Estas cosas pasan cuando haces algo muy pionero", sostiene Carles Lalueza Fox, coautor del estudio del FOXP2 y colaborador habitual de Pääbo.

Sin sexo entre especies

La secuenciación del gen del habla no ha venido sola. "Si sólo hubiéramos recuperado el FOXP2 hubiera quedado la duda de si neandertales y humanos modernos compartían este gen por flujo genético entre ambas especies", asegura Lalueza. Para evitarlo, los investigadores han analizado el cromosoma Y -el cromosoma sexual presente en los individuos machos- del neandertal y han comprobado que "no tiene nada que ver con el cromosoma Y humano moderno".

Este hallazgo despeja varias incógnitas. De entrada, ratifica que la muestra de El Sidrón no estaba contaminada. Y, por otro lado, borra del mapa la hipótesis de las relaciones sexuales entre neandertales y hombres. Eso sí, la abstinencia no fue por falta de medios. Gracias al FOXP2, el Homo neanderthalensis podría haberse acercado a la joven sapiens y susurrar aquello de ¿estudias o trabajas?

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