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Jueves, 8 de Mayo de 2008

La revolución llega a las colonias

El vacío de poder tras la invasión francesa provocó el auge de los movimientos independentistas americanos

SERGIO G. MARTÍN ·08/05/2008 - 19:54h

La batalla de Maipú (1818), con la que el General José de San Martín aseguró la Independencia de Chile.

Marzo de 1808. El orden colonial sostenido durante siglos se tambalea. La guerra, la abdicación de los gobernantes españoles y el auge de las reivindicaciones de las minorías criollas, colocaron a las colonias en una situación inmejorable para redefinir su vinculación con la metrópoli.

Durante la alianza franco-española, los ataques ingleses a las ciudades coloniales pusieron al descubierto la inoperancia del ejército imperial. En 1806 y 1807, la defensa de las urbes quedó en manos de los criollos, quienes tomaron conciencia de su poder -en Buenos Aires crearon cuerpos militares propios-y comenzaron a gestar una identidad alejada de los preceptos hispánicos.

Después, los sucesos de Bayona de 1808 produjeron un vacío de poder que fue aprovechado por las minorías para plantear su situación de colonia dependiente. Desde España, estos movimientos se observaron como un intento de conquistar la independencia.

En las colonias, los españoles se prepararon para entregar las Indias a una Nueva España integrada en el imperio francés. Pero las Juntas creadas en los Virreinatos trataron de conservar la autoridad hasta la llegada de El Deseado, Fernando VII. Pronto observaron los beneficios de actuar con independencia del imperio.

Se enciende la llama

La sutilidad de los movimientos emancipadores mostró la decisión firme de los nuevos órganos de gobierno, en un principio "defensores de la legalidad y el viejo orden colonial". José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru, protagonizó la primera gran rebelión en el Virreinato del Perú. Por el temor a una sublevación de los esclavos, fue perseguido y ajusticiado sin piedad.

Así, hacia 1810, ya existían Juntas que funcionaban con autonomía en las principales ciudades hispanoamericanas. Se establecieron el 19 de abril en Caracas; el 25 de mayo en Buenos Aires; el 20 de julio en Bogotá y el 18 de septiembre en Santiago de Chile.

Hasta 1814, España no pudo enviar tropas para reestablecer el orden. Para organizar las misiones bélicas en América, se creó la Comisión de
Reemplazos. Sin embargo, su pretensión de financiar la recuperación de las colonias con el dinero del comercio convirtieron en un absurdo todos los intentos de volver a la situación anterior. Ni el regreso del rey "cautivo", Fernando, ni la promesa de una Nueva España pudieron acallar los gritos de cambio en las Indias. Sólo se consiguió empobrecer aun más la hacienda española y provocar una sangría humana desmedida e innecesaria.

Un camino imparable

Además, la actitud de la nueva aliada británica empeoró la situación de Fernando VII. Con una ambigua neutralidad, no impidió que se armase a los independentistas ni que súbditos ingleses se enrolaran en los ejércitos rebeldes. El camino iniciado era imparable. Después, en 1818, los generales San Martín y O'Higgins declaran la independencia de Chile. España, empobrecida, pasó en diez años de estar entre los cinco primeros países del mundo a ser una pequeña potencia.

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