Jueves, 18 de Octubre de 2007

El cine vuelve a adelantarse a la realidad con "Gone Baby Gone"

EFE ·18/10/2007 - 14:48h

EFE - El actor y director estadounidense Ben Affleck (i), y su hermano, el también actor Casey Affleck, posan durante la presentación de su película "Gone, Baby, Gone", en la 33 edición del Festival de Cine Americano de Deauville, en septiembre. EFE

Mientras en Reino Unido su estreno ha sido aplazado por las similitudes con el caso de Madeleine McCann, "Gone Baby Gone" llega este fin de semana a los cines estadounidenses con el morbo de, como ya hicieran "The China Syndrome" o "Notorious", vaticinar la realidad en sus ficciones.

Ben Affleck entra en la dirección cinematográfica por la puerta del oportunismo sin pretenderlo, al solaparse la investigación del caso Madeleine McCann en Portugal con la trama de "Gone Baby Gone".

Presentada en el Festival de Toronto y elogiada por la crítica, todavía no hay fecha de estreno en Reino Unido para esta película cuya idea original pertenece a la novela homónima escrita por Dennis Lehane, que ya analizó los devastadores efectos de la tragedia en otro de sus títulos adaptados a la gran pantalla, "Mystic River".

La cinta, protagonizada por Casey Affleck, Morgan Freeman y Ed Harris, vuelve a recordar cómo el cine, como hicieran escritores como Julio Verne, ha sido capaz de anticipar la realidad.

El 16 de marzo de 1979 se estrenó "The China Syndrome", protagonizada por Jack Lemmon y Jane Fonda y en la que unos reporteros captaban un fallo en una central nuclear que podía poner en peligro a la población de Los Ángeles, en Estados Unidos.

El subtítulo en el estreno estadounidense rezaba: "Hoy sólo unos cuantos saben lo que significa... Pronto vosotros lo sabréis" y, trece días después, una serie de fallos humanos y mecánicos causaron el peor accidente nuclear de Estados Unidos, en la central de Three Mile Island, en Harrisburg, Pensilvania.

Miles de habitantes fueron evacuados por la nube radiactiva, mientras la película potenció su popularidad con aquél suceso hasta el punto de, meses más tarde, optar a cuatro Óscar, entre ellos, irónicamente, el de mejor guión original.

No tuvo repercusión comercial "The Siege" (1998) que, dirigida por Edward Zwick y protagonizada por Bruce Willis, Denzel Washington y Annette Bening, narraba unos atentados perpetrados por un grupo radical de Oriente Medio en la ciudad de Nueva York.

Pero a raíz de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, secuencias de la cinta aparecieron en todas las televisiones y las cifras de alquiler en DVD del film se dispararon, hasta convertir "Notorious" en una producción más que rentable.

El cineasta mexicano Paul Leduc, por su parte, comentaba en el momento del estreno de su última película "Cobrador. In God We Trust", que "un amigo me llamó el 11-S para decirme que en la tele sucedía mi guión", lo que acabó aplazando su rodaje cinco años.

La película, protagonizada por Antonella Costa y Peter Fonda y basada en los relatos de Rubem Fonseca, "empezaba casualmente con 'Exterior. Nueva York .Torres Gemelas. Día' y terminaba con la canción de Tom Zé '¿Quién es quien está poniendo dinamita en la cabeza del siglo?', por lo que acabó siendo "sin proponérselo, la visión latinoamericana sobre el 11-S", reconocía Leduc.

Muchos años antes, Charles Chaplin vio cómo su cinta caricaturesca sobre Adolf Hitler, "The Great Dictator"(1940), tuvo una escalofriante correspondencia con el devenir de los acontecimientos.

En el documental sobre la película "The Tramp and the Dictator", de Kevin Brownlow y Michael Kloft, se dice que Albert Speer, el arquitecto de Hitler, admitió que la primera cinta sonora de Chaplin "es el mejor documental que existe sobre Hitler", y otros testimonios aseguran que éste se reía al ver determinadas escenas.

En 1945, el mago del suspense, Alfred Hitchcok fue cedido al estudio R.K.O. -considerado menor dentro del Hollywood de la época- porque el guión de "Notorious", escrito por Ben Hetch, detonaba su intriga con algo que los magnates del cine juzgaron inverosímil: una botella que contenía uranio para fabricar una bomba.

Así, Hitchcock tuvo en el rodaje, además de a Cary Grant, Ingrid Bergman y Claude Rains, una presencia inesperada: según comentaría él mismo más de una vez, al FBI, que supervisó ciertos pasajes de la película, precisamente los centrados en el conflictivo "mcguffin".