Martes, 6 de Mayo de 2008

La cruzada del cura con trabuco

Las medidas liberales de la Constitución de Bayona convirtieron a la Iglesia en un agitador social contra el invasor francés

SERGIO G. MARTIN ·06/05/2008 - 20:40h

Fray Pedro de Zaldivia golpea al Maragato con la culata del fusil.

Durante los sucesos de mayo en Madrid, la Iglesia y la nobleza, miembros principales de las clases privilegiadas, permanecieron impasibles a las matanzas. Las garantías de orden prometidas por las tropas francesas les mantenían su status quo en la sociedad. Sin embargo, los principios liberales de la Constitución de Bayona atacaban directamente sus privilegios heredados del Antiguo Régimen.

En la supresión de los tormentos, privilegios y, posteriormente, la abolición de la Inquisición, del Régimen Señorial y la reducción del número de conventos, encontraron motivos suficientes para alzarse contra el que hasta entonces había sido su aliado. Una nueva cruzada recorrería España. No sería la última.

¿La Iglesia en peligro?

José I era oficialmente el rey de España y los juristas franceses introdujeron medidas legales para liberalizar el territorio ocupado de los nudos feudales. Su finalidad era clara: importar principios ilustrados y prevenir, simultáneamente, cualquier deseo revolucionario desmedido del pueblo. A la supresión de los privilegios de las clases dominantes, añadieron la libertad de movimiento, inviolabilidad del domicilio y la promesa de libertad de prensa. Así, intentaron ganarse a la población.

Pero no solo no se minimizó la resistencia sino que se extendió. La Iglesia, ante el temor de perder la posición dominante en la sociedad española, se convirtió en una espoleta que jaleaba a las masas contra los franceses y aquellos españoles contaminados por la herejía gala. En la defensa de sus intereses, no impusieron ninguna limitación. Junto al crucifijo, el trabuco se convertiría en el otro instrumento de evangelización durante la Guerra de Independencia.

Partidas de Cruzada

La jerarquía apoyó a las nuevas autoridades incondicionalmente, pero la mayor parte de los prelados y el clero menor abanderaron la agitación social y se sumaron a la rebelión. Se convirtieron en los principales impulsores que extendieron el sentimiento antifrancés a todos los rincones de España.

El púlpito se convirtió en el transmisor de las noticias que llegaban de los frentes de lucha. Y desde ellos también se provocaba la reacción del pueblo. Llegó a haber huelga de misas para enconar los ánimos. Poco a poco, se materializaba la Cruzada contra los herejes franceses. Al grito de "¡La Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa!"se recurrió a las estrategias más curiosas: apareció la estampa del cura con trabuco y crucifijo que mataba franceses y colaboracionistas, se afirmaba que en el sepulcro de Santiago se escuchaban ruidos de armas. Sólo les quedaba dar un paso: empuñarlas ellos directamente. No tardaron en hacerlo.

Frailes guerrilleros

Las partidas de Cruzada nacieron de un Edicto General elaborado por el carmelita descalzo Fray Manuel de Santo Tomás en 1809. Sostenidas por la teoría de la guerra justa de San Agustín, la legitimidad la encontraron en principios básicos: defender la fe católica ante un ejército ateo y la lucha por el territorio ocupado así como los bienes de la Iglesia expoliados. Unidades guerrilleras formadas exclusivamente por frailes recorrían los caminos de España. Dominicos en Málaga, Carmelitas en Logroño, se convirtieron en luchadores que hostigaban al ejército napoleónico.

Las consecuencias fueron sufridas los años posteriores. El odio a los franceses sembrado en la conciencia del pueblo estuvo detrás de la persecución a los liberales. Y su predominio en la política nacional una vez vencida la guerra, hizo germinar el anticlericalismo.

El religioso y comandante Jerónimo Merino Cobo


El cura Jerónimo Merino Cobo nació en Villoviado (Burgos) en 1769. Entre sus amigos se encontraba el párroco del pueblo, don Basilio, al que sustituyó a su muerte. Hubiera permanecido predicando el Evangelio hasta su muerte si las circunstancias concretas de España en la época de la guerra no hubieran despertado en él la rebeldía frente al invasor francés. El 16 de Enero de 1808 un destacamento francés lo humilló ante sus feligreses. La rabia y el deseo de venganza empujaron a este cura a combatir como el Empecinado en Castilla. Al término de la Guerra de la Independencia, Merino Cobo era brigadier con el cargo de gobernador y comandante militar de Burgos. Fanático absolutista, luchó contra los gobiernos liberales y también participó en las guerras carlistas. Se exilió con el pretendiente Carlos a Francia, donde murió.