Miércoles, 17 de Octubre de 2007

Un falso virus para entrenar el sistema inmune

Las vacunas son simulacros que preparan al sistema inmunitario contra la amenaza real, anticipando una respuesta secundaria basada en la capacidad del organismo de almacenar un recuerdo químico del invasor

JAVIER YANES ·17/10/2007 - 23:27h

Para disparar la reacción, la vacuna utiliza un rasgo copiado del agente patógeno, como una proteína de su superficie.En el caso del plasmodio, el parásito unicelular causante de la malaria, la picadura del mosquito inserta en la sangre del ser humano una forma infectiva del invasor llamada esporozoíto, que coloniza el hígado para reproducirse.

La proteína del esporozoíto es la base de la vacuna RTS,S, desarrollada en 1987 por la compañía farmacéutica SmithKline Beecham (hoy GlaxoSmithKline) en colaboración con el Walter Reed Army Institute del ejército de EEUU.

A la parte específica de esta proteína que activa los linfocitos T, los investigadores fusionaron una secuencia repetida de la misma proteína, especialmente elegida para estimular a los linfocitos B, productores de anticuerpos.

Para aglutinar estas moléculas en un paquete inmunogénico, añadieron un fragmento del antígeno de superficie del virus de la hepatitis B, una molécula que tiene la facultad de agregarse en estructuras parecidas a partículas virales. El resultado es algo que a ojos del sistema inmune parece un virus, pero que es completamente inofensivo.

La formulación de la vacuna se completa con el toque del cocinero: el adyuvante, un ingrediente secreto que potencia la respuesta por mecanismos desconocidos.

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