Lunes, 5 de Mayo de 2008

Las amapolas de la discordia

La necesidad de opio para fabricar analgésicos choca con la lucha contra el tráfico de heroína

AINHOA IRIBERRI ·05/05/2008 - 20:38h

AP - Un grupo de talibanes en un campo de adormideras. AP

La belleza de los campos de adormideras –un tipo de amapola– tiene poco que ver con los productos que se fabrican con esta planta. El opio, que se extrae de la cabeza de la adormidera unos días después de caerse los pétalos de su flor y mientras ésta aún está verde, sirve tanto para producir una de las drogas ilegales con efectos más devastadores –la heroína– como para desarrollar los medicamentos que suponen la diferencia entre una muerte indigna y una digna.

La dualidad de este cultivo ha provocado problemas a la hora de regular su legalidad. Aunque muchos países permiten que crezcan amapolas en sus tierras, hay un país que sobresale por encima de todos: Afganistan.

Más del 90% del suministro mundial de opio tiene pasaporte afgano pero, curiosamente, el cultivo de la adormidera está completamente prohibido en el país. A finales de 2007, el think tank (grupo de expertos) internacional Senlis Council pidió públicamente que esa prohibición se levantara, al menos parcialmente con el objetivo de que aumentara la producción de opio con fines medicinales, para que los países en vías de desarrollo también se beneficiaran de los analgésicos más potentes, entre los que destaca la morfina.

Por las mismas fechas, el Parlamento Europeo aprobó una recomendación en los mismos términos. Se podría pensar que si tanto se habla sobre la legalización del cultivo de opio en el país asiático es porque la prohibición resulta efectiva. Pero nada más lejos de la realidad.


En la actualidad, el tráfico de heroína es una de las principales fuentes de financiación de los talibanes que protegen, a cambio de sustanciosos impuestos, los cultivos. Así, el opio más perjudicado por las leyes prohibicionistas es aquel que no supone un beneficio millonario para sus productores, el de destino medicinal.

En un reciente artículo en la revista British Medical Journal el subsecretario de estado británico Mark Malloch-Brown utiliza precisamente este argumento para pedir que se refuercen las medidas contra el cultivo de opio en Afganistan y que se recurra a otros países para la producción de fármacos derivados de esta sustancia.

A su juicio, incentivar el consumo legal de opio llevaría a que subiera el precio de la parte ilegal y hubiera necesidad de producir aún más.