Miércoles, 17 de Octubre de 2007

Amistoso innecesario

España y Finlandia empataron (0-0) en un partido aburrido y que no sirvió para nada.

LADISLAO J. MOÑINO / MADRID ·17/10/2007 - 20:45h

David Silva se intenta marchar del finlandés Aki Riihilahti. AFP

La modernidad ha invadido las pizarras del fútbol-posicional, de entrenadores que optan por la dictadura de la posición para asegurar el rechace tras el previo pelotazo.

Más allá del resultado, de que era un bolo molesto e innecesario, al menos el partido reafirmó que en Aarhus se definió un estilo que no tiene nada que ver con esa vanguardia de las segundas jugadas. Con esos uegos de posición que tanto gustan a Mourinho y Benítez, popes de esa visión cartesiana del juego.  Es un camino lógico el elegido por Luis Aragonés. Como en España no nacen Diarras, la base tienen que ser Iniestas, Xavis y Cescs.

Futbolistas que no chocan, pero que burrean al contrario tocando hasta desgastarle. Es cierto que ayer faltó la intensidad de un encuentro oficial, que el amistosos no valía para nada, pero al menos hubo detalles. Hubo largas secuencias de toque, aunque no tuvieron la pólvora final de Dinamarca. 

El ‘karma’ de Iniesta

En ese gusto por el toque Iniesta se elevó por encima del resto. Está en plena explosión. Ha alcanzado ese karma futbolístico en el que la pelota hace lo que le dicta su cabeza. Le sale todo y sus compañeros le respetan porque les soluciona cualquier problema.

Lo mismo se junta con un central para darle salida al balón, que desborda por banda o roba un balón en la línea de fondo contraria y genera una ocasión de gol. Toda la timidez que enseña Iniesta delante de un micrófono se convierte en un volcán de generar juego cuando pisa la hierba. 

Ayer, con el ritmo que demanda un amistoso, gobernó el partido mientras estuvo en el campo. Cuando Luis decidió cambiarle España perdió identidad porque perdió posesión.La pachanga también sirvió para reafirmar el buen momento de Riera.

Otro cuya madurez ha confirmado las expectativas que generaban su pierna izquierda cuando era juvenil. Ha echado cuerpo y ha soltado el hedonismo que suele perder a los zurdos que juegan en banda.

Donde antes había sólo clase ahora hay un jugador pleno de intenciones. Ahora maneja los códigos que  dicen cuando hay que driblar y cuando hay que tocar. Suya fue la mejor ocasión. Cesc le dejó mano a mano con el portero finlandés y envió el balón al poste.

No dejó mucho más el encuentro. Lo que pudo ser una semana volcánica de haber caído en Dinamarca terminó con el pase a la Eurocopa más a mano, una excursión amistosa por  más cercano y un estilo. Que no es poco.  

 

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