Jueves, 1 de Mayo de 2008

Catalunya se prepara para el ‘milagro’ de beber del mar

La mayor desaladora de Europa arrancará dentro de un año para solventar la sequía catalana

ALBERT MARTÍN VIDAL ·01/05/2008 - 20:06h

"Que llueva, que llueva, que llueva, nos conviene que llueva". Con la lectura de esas palabras, celebraba el vicepresidente de la Generalitat, Josep Lluís Carod-Rovira, la Diada de Sant Jordi.

Mientras Catalunya en pleno se doctora en aprovechamiento de recursos hídricos y eleva sus plegarias a la Virgen de Montserrat como el profano conseller de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, las esperanzas de un futuro desahogado se posan en la inauguración de la desaladora de El Prat de Llobregat, una ambiciosa infraestructura para cuya puesta en marcha queda ahora poco más de un año.

Una referencia mundial

En mayo de 2009, debería entrar en funcionamiento la planta, que se convertirá en la mayor de Europa -Israel puede presumir de una con más capacidad, pero con una tecnología más antigua- y en una referencia mundial.
Los números hablan por sí solos: la planta convertirá en potables 200 millones de litros de agua salada cada día. Eso supondrá una aportación de 60 hectómetros cúbicos de agua anuales, el 20% de lo que se consume en la poblada área metropolitana de Barcelona. Y su coste se eleva hasta los 230 millones de euros, que en un 75% procederán de los fondos de cohesión de la Unión Europea.

"Si hubiera entrado en funcionamiento hace un año, el pantano de La Baells, que está al 20% de su capacidad, estaría al 80%", resume Tomás Cazurra, director de obras de la empresa pública Aiguës Ter Llobregat (ATLL). Este ingeniero de caminos coordina una obra en que trabajan 24 horas al día un total de 250 personas. Las llamadas de la Conselleria de Medi Ambient se han convertido en habituales "-Quieren saber si todo va bien, si hay contratiempos, es normal", dice Cazurra- y la presión es máxima.

"Esto es como la construcción del estadio olímpico antes de unos Juegos: si acabamos un día tarde, será un gran desastre", explica con una sonrisa, convencido de que los plazos se cumplirán. Dice no sentir angustia por la "emergencia nacional" que se ha creado en Catalunya por la falta de agua, pero asegura que la desaladora de El Prat es "la obra de más importancia que se hace hoy en día en Catalunya por influencia directa sobre la vida de las personas" y recuerda que "la repercusión de hacer cortes en el suministro sería brutal". Para evitarlo, se ideó la planta y otras dos instalaciones que para 2010 aportarán la mitad del total que se consume en el área metropolitana.

Potabilizar agua salada

El milagro que Catalunya espera para calmar su sed y finiquitar los conflictos territoriales se llama ósmosis inversa. El agua se captará a 2,2 kilómetros de la costa y se bombeará hasta la planta, para someterse a diversos procesos de filtración hasta que pierda la sal atravesando a presión unas membranas donde se pierde el 55% del líquido. El agua obtenida será posteriormente remineralizada, clorada y bombeada a 11,5 kilómetros, hasta Monsanta, en Sant Joan Despí, para que entre en la red de distribución.

Mientras las obras avanzan en la desembocadura del Llobregat bajo una maraña de grúas e impulsadas por un ejército de petos amarillos, hay quien señala unas garzas de plástico situadas, bien visibles e impertérritas, junto al río. "Son para atraer otras aves migratorias, una señal de que pueden pararse aquí sin miedo", dice un
responsable.

Trasmiten exactamente la misma tranquilidad que infunde la joya de la corona de la política hidráulica catalana, la desaladora de El Prat, que será fuente de maná y blindaje contra las sequías.