Miércoles, 30 de Abril de 2008

"Ahora te respetan. Antes había mucha altivez y desprecio"

Miguel Calleja, camarero. Este amante de su oficio ha conseguido progresar pese a varios jefes "caciques"

ÁNGEL MUNÁRRIZ ·30/04/2008 - 23:27h

Pocos secretos guarda para Miguel Calleja el oficio de camarero. Empezó con 16 años, sin contrato, como pinche de cocina. Aprendió lo que era "trabajar todo el día" "Luego pasé a una barra, después a las terrazas...", resume. De bar en bar se fue ganando una buena fama en el mundillo como currela de fiar. Hoy tiene contrato indefinido en una pequeña cadena de locales céntricos con sabor sevillano, muy del agrado de los turistas, entre los que se cuentan los bares Plata y Zafiro y el restaurante Los Toriles. "Un sitio serio, que es lo que yo busco", explica.

"Mi jefe de ahora es un empresario. Me paga religiosamente, me respeta como persona. Yo me he topado con mucho cacique. Hasta los 20 años no vi un contrato. Son años que perdí de cotización. Antes vivía para trabajar, y ahora trabajo para vivir, a Dios gracias", explica con el mismo tono amable y solícito que emplea para la clientela. Asume que el suyo es un trabajo "muy sacrificado", pero a él le encanta y reivindica que hace falta valía para ejercerlo bien.

"Cada vez hay menos gente que sepa flambear, que sepa limpiar un pescado", dice. Hay mucho "cacique" que, a su juicio, prefiere mano de obra extranjera sin cualificar. "Nada en contra", aclara, "pero el nivel baja, eso está claro. Y pasa que grandes camareros de Sevilla acaban en Ibiza".
Separado y con una hija, Calleja vive ahora "con una chavala venezolana" que también trabaja como camarera.

Es feliz. ¿Le da su trabajo, tras 21 años de experiencia, para vivir sin estrecheces? "1.400 euros", responde, dejando al periodista que conteste él la pregunta. Luego la aclara. "Al 31, hasta ahora, llego. Al 1 no sé si llegaría".

Sobre la crisis, lo tiene claro: "Yo no la he visto por aquí. Lo único que noto es que hay menos turismo", explica. Pero incluso si fallaran los guiris, no pasaría nada grave. "Lo llenarían los sevillanos. De la cerveza y el café no se quita nadie".

Su aspiración profesional es convertirse en propietario de algún negocio. "Es difícil. Las administraciones no te ayudan, y menos con mi edad. Y los bancos, ya se sabe. Si quieres 6.000 euros tienes que tener 24.000 para avalar. ¿Pero te crees tú que iba yo a venir a pedirte dinero si tuviera? En fin, hay cosas que no cambian", cuenta. Otras, en cambio, sí evolucionan. No tienen que ver con el salario, ni siquiera con los contratos. Sino con el trato. "El cliente ahora te respeta. Si tú lo tratas bien, te responde. Antes con el camarero en Sevilla había mucha altivez y desprecio. Putas y camareros, se decía. Eso ha cambiado, a Dios gracias".