Miércoles, 30 de Abril de 2008

La careta verde de Bush

El presidente acaba de anunciar un plan para reducir las emisiones contaminantes

ISABEL PIQUER ·30/04/2008 - 22:30h

En los últimos cinco años, algo más de 900 científicos que trabajan en la EPA, la agencia medioambiental estadounidense , han recibido presiones por parte de su propio gobierno para cambiar o adaptar sus conclusiones a las preocupaciones políticas del momento. La denuncia parte del informe de la Unión de Científicos Preocupados (Union of Concerned Scientist), una organización independiente que se dedica a monitorear el lado verde de Washington.

"Nuestra investigación encontró una agencia en crisis", dice Francesca Grifo, una de las responsables de la UCS. "Distorsionar la ciencia para acomodarla a un programa político amenaza nuestro medio ambiente, nuestra salud y la misma democracia", añade.

La UCS mandó un cuestionario a más de 5.000 científicos que trabajan o trabajaron en la EPA. De las 1.500 respuestas, el 60% aseguró haber experimentado personalmente algún tipo de interferencia en los últimos cinco años. Algo menos de 400 dijeron que las conclusiones oficiales de la agencia "malinterpretaban sus resultados científicos". También se quejaron de no poder hacer públicas muchas de sus investigaciones.

Bajo los dos mandatos del presidente estadounidense, la EPA nunca se ha lucido por su capacidad de iniciativa. 

Bajo los dos mandatos del presidente estadounidense, George Bush, la EPA nunca se ha lucido por su capacidad de iniciativa. Ha sido denunciada en los tribunales por 18 estados, liderados por California, que la acusan de no implementar las leyes que regulan las emisiones de gases
contaminantes.

"Ésta es una pequeña agencia que desde el principio ha sido sometida a tremendas presiones", asegura uno de los científicos que colaboró en la investigación.

La Agencia permitió, por ejemplo, al Estado de Dakota del Norte cambiar las mediciones de la calidad de su aire para adaptar los niveles de uno de sus parques nacionales, sin reducir de hecho la contaminación. Los empleados de la EPA también denunciaron que la agencia se fiaba demasiado de los informes de la industria de pesticidas para regularla.

Uno de los obstáculos que más frecuentemente aparece en el informe viene de la Oficina de Presupuesto de la Casa Blanca, OMB en sus siglas inglesas, un monstruo burocrático con tendencia a invadir territorios ajenos.

"En algunos casos, la OMB, ha perjudicado la integridad de las normas de funcionamiento de la agencia medioambiental", asegura otro de los científicos que aparecen en el informe. "Su influencia, asociada a los lobbies de la industria, ha reducido el impacto de ciertas propuestas normativas por razones políticas que nada tienen que ver con la ciencia".

La EPA ha negado cualquier tipo de interferencia. Sin embargo el informe de la Unión de Científicos ha tenido un impacto considerable y el responsable de la agencia medioambiental, Stephen Johnson, comparecerá la semana que viene ante el Congreso para dar explicaciones.

"Hemos tenido mucha respuesta, tanto entre los legisladores como en la prensa, lo que demuestra que la gente está preocupada por el tema", dice Francesca Grifo. "La respuesta de la EPA", añade, "ha sido decepcionante, lo que no es del todo sorprendente". Pero no es cuestión de ir a la guerra. "Queremos entablar un diálogo con la EPA ahora, sin tener que esperar a la próxima presidencia", añade Grifo. "Pensamos que la opinión pública y la presión de los congresistas les harán actuar".

La USC ha tardado dos años en preparar el informe. "Nos habían llegado muchas quejas de presiones", cuenta Grifo. Los científicos hablaron con la condición de anonimato, y se destruyeron incluso las fichas con sus nombres para protegerles en caso de represalias. La EPA, por su parte, dio instrucciones contradictorias a sus empleados, primero diciéndoles que no colaboraran y luego animándoles a hacerlo.

Un presidente, tres candidatos, infinitas políticas

Bush: sensibilidad en el último momento Bush

El Gobierno del presidente estadounidense, George Bush, nunca se ha caracterizado por su sensibilidad medioambiental. Una de las primeras cosas que hizo al llegar a la Casa Blanca fue retirar el apoyo de Estados Unidos a la ratificación del protocolo de Kioto. Desde entonces siempre ha subestimado el impacto de la actividad humana en el calentamiento global. Propuso incluso explorar los depósitos de petróleo de la reserva del Ártico, en Alaska, lo que no ha llegado a hacerse gracias a la oposición del Congreso.

Los tres candidatos a la presidencia, incluido el republicano John McCain, tienen programas más ambiciosos en el tema medioambiental. Sin embargo, algo cambió a mediados del mes pasado, cuando Bush propuso por primera vez reducir la emisión de gases contaminantes hasta 2025. El presidente centró su propuesta en los gases emitidos por las centrales eléctricas, que generan el 40% de emisiones contaminantes. Para lograr su objetivo Bush sugirió acelerar el desarrollo de nuevas tecnologías.

La intención de Bush no es espontánea ya que últimamente se ha visto acechado por las batallas legales de las organizaciones ecologistas y por la iniciativa de 20 estados que han endurecido sus propias normas. 

Obama: «EEUU tiene una responsabilidad» Obama

Tanto Barack Obama como Hillary Clinton proponen reducir la emisión de gases contaminantes a un 80% menos de los niveles de 1990 para el año 2050. Ambos han insistido en la necesidad de apostar por las energías renovables y destacan que el Gobierno debe tomar medidas mucho más rígidas con aquellas industrias que contaminan el medio ambiente.

Obama se ha mostrado tajante con respecto al papel que considera que debe ocupar EEUU, a la vez que refleja una realidad preocupante: "Al ser el mayor productor de gases de efecto invernadero, EEUU tiene la responsabilidad de liderar. Cuando muchos de nuestros socios industriales trabajan duro en reducir sus emisiones, las nuestras están aumentando en más de un 10% por década".

Y con respecto a este crecimiento, también ha incluido en sus metas reducir en un 5% en 2015, y un 10% en 2020, la proporción de carbono en los carburantes. Obama, McCain y Clinton apuestan por el sistema ‘Cap and Trade', que consiste en la creación de un límite en los gases que pueden emitir las industrias y en premiar con incentivos a las que no alcancen esos niveles. Obama también propone acabar con el proyecto de Yucca Mountain (almacenamiento de residuos radioactivos en capas geológicas), en Nevada, y preservar los bosques y montañas de EEUU. 

Clinton: reducir la dependencia del petróleo Clinton

Hillary Clinton también ha expresado la necesidad de introducir reformas en las políticas medioambientales. "El consenso científico es claro y abrumador", ha declarado al hablar sobre el cambio climático mientras que, al igual que Obama, reconoce el fracaso de las escasas iniciativas llevadas a cabo hasta la fecha.

"Estamos provocando el calentamiento del planeta con consecuencias potencialmente devastadoras", ha añadido, y asegura que la inversión necesaria para poner en práctica las medidas pueden convertirse a medio y largo plazo en una oportunidad económica. Partidaria de la aplicación del sistema ‘Cap and Trade', Clinton ya votó en favor de un proyecto que destinaba 5.000 millones de dólares para la creación de los denominados "empleos verdes". Al igual que Obama, también se ha mostrado en contra del proyecto Yucca Mountain, por los riesgos de seguridad que supone el traslado y la acumulación de los materiales radioactivos.

En su programa, Clinton también destaca que todas sus políticas estarán "guiadas por la ciencia responsable", y apunta a la reducción de la dependencia del petróleo extranjero como una de las banderas que enarbolará. Para ello, se compromete a redirigir las inversiones de los grandes subsidios de petróleo en alternativas basadas en las energíaslimpias y renovables.  

McCain: activo, pero no lo bastante crítico McCain

McCain escurre un poco el bulto. Aun crítico con la actual política medioambiental (sobre todo en lo referente al cambio climático) estuvo de acuerdo con la iniciativa de boicotear Kioto y ahora estima que Washington debe ponerse a negociar con China e India para alcanzar un acuerdo común sobre reducción de gases.

Aunque sus propuestas medioambientales no son tan agresivas como las de los candidatos demócratas, un eventual Gobierno de McCain supondría un antes y un después con respecto al de Bush. En primer lugar porque, a diferencia de su antecesor, el candidato republicano jamás ha negado el cambio climático: "Es real. El debate ha de terminar", declaró. En segundo, porque ha dicho que la política medioambiental será uno de los tres asuntos clave de su hipotética presidencia. Aunque se opone a subir los impuestos a las empresas que opten por el carbón, apuesta por la energía nuclear para evitar la producción directa de emisiones de gas invernadero.

Además, ha rechazado hacer extracciones de petróleo en la Reserva Natural del Ártico y ha comparado esa posibilidad con practicarlas "dentro del Gran Cañón". El actual senador apoya la creación de alianzas de entidades públicas y empresas privadas para el desarrollo de tecnologías avanzadas para conseguir la gasificación del carbón.  

 

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