Martes, 29 de Abril de 2008

La ardua lucha del teatro alternativo madrileño

La sala Itaca cierra por problemas de licencia, distribución e invisibilidad

PAULA CORROTO ·29/04/2008 - 20:59h

Guillermo Sanz - José Ortega, ante la caída del telón en Itaca.

Este ha sido el cuento del lobo. Ese que parece que nunca va a venir hasta que llega y arrasa con todo el rebaño, descabezando a toda oveja que se ponga por delante.


José Ortega, fundador de la sala Itaca de Madrid en 2003, llevaba meses avisando al consistorio madrileño de los problemas económicos que atravesaba la sala para salir adelante. La Concejalía de Artes siempre hizo oídos sordos. Hasta que este mes de abril la sombra de ese lobo se presentó. El resultado: hoy la sala cerrará sus puertas con su último espectáculo, Para que yo me llame Ángel González, un recital poético a cargo de Ensemble Producciones. Lo peor es la parte que se llevan sus trabajadores: 15 personas para las que, como el propio Ortega señala a Público, "se abre un agujero negro".


La madre de las licencias

Las causas que han precipitado el cierre de Itaca se resumen en tres. La primera de ellas, la falta de licencia. Durante todo este lustro, por más reformas que han realizado Ortega y su equipo para adaptar el local a las medidas de seguridad que exige la normativa de licencias -de cualquier tipo-, la respuesta del ayuntamiento ha sido negativa. Y sin licencia, el porcentaje de las subvenciones baja considerablemente. "Con las ayudas que nos llegaban sólo cubríamos la tercera parte, por lo que tenías que pluriemplearte y hacer de todo", sostiene Ortega.


Y él ya está cansado. Tiene 50 años y son demasiados en la lucha. Como tantos otros compañeros de oficio en Madrid. "No me extraña que Pepe haya decidido tirar la toalla. El tema de las licencias es un calvario. El tratamiento que tiene el ayuntamiento con las salas alternativas es muy exhaustivo y exigente", explica Javier García Yagüe, director de la Cuarta Pared, quien añade que ellos estuvieron a punto de cerrar hace años al estar en una situación parecida. Otras salas con las que Público se ha puesto en contacto atraviesan problemas similares, sin embargo, no han querido desvelar su identidad por temor a que la publicidad les perjudique.


Pero, la falta de licencia no es la única cuestión. De hecho, según cuenta José Ortega, "en Madrid no existe una normativa para las salas de espectáculos pequeño formato. De alguna forma, todas estamos en una situación de alegalidad". Así es, ya que al no existir una licencia tipo para estas salas, las que se otorgan son las mismas que tienen las escuelas o talleres formativos. La palabra teatro brilla por su ausencia.
El segundo problema de Itaca ha sido la "casi nula" distribución de espectáculos. Este tema entronca con el planteamiento con el que Ortega fundó la sala: "Nosotros realmente no queremos vivir de las subvenciones. Yo las cambiaría todas por que hubiera otras reglas del juego. Y con esto me refiero a que prime el talento en vez de la colección de contactos", afirma.


El amiguete en vez del buen espectáculo, algo que Ortega ha vuelto a sufrir con su último montaje, Kampillo o el corazón de las piedras. Un alto porcentaje de medios de comunicación escribió muy buenas críticas, sin embargo, se ha quedado sin distribución. "Tengo la sensación de que siempre está todo el pescado vendido y que uno no sabe dónde se vende. Yo no he perdido el tiempo haciendo pasillos, ni relacio-
nes, ni nada".


Itaca siempre ha buscado la máxima independencia. Por eso, ni siquiera forma parte de la Red de Teatros Alternativos, que sí ha creado un circuito entre diversas salas alternativas de todo el territorio nacional para que se distribuyan los espectáculos de la dramaturgia contemporánea.
Sin embargo, desde esta red no critican que Itaca no esté. Es más, tampoco ven que este circuito sea la solución para las salas. Javier García Yagüe, que forma parte de él, reconoce que "el problema de todos es que los programadores de los ayuntamientos buscan espectáculos vistosos y con nombres de la televisión, porque así se aseguran el público".
José Ortega apuntala además a Madrid como un circuito "donde los programadores se van a buscar teatro contemporáneo a Melbourne y no miran dos calles más abajo".

Los medios, ni caso

Por último, el tercer problema de Itaca ha sido su escasa visibilidad en los medios de comunicación. "Es patético que la noticia que hayamos conseguido vender es que nos caemos. Y claro, si no sales en los medios, la gente no te conoce, no viene y no haces taquilla, que era nuestro sustento", confiesa Ortega con pesadumbre. A este palo a la información cultural se suma también Juan Úbeda, director de la sala El Canto de la Cabra y al frente de la Coordinadora Madrileña de las Salas Alternativas: "El gran obstáculo es la falta de interés y de rigor por parte de los medios a la hora de hablar de ellas. Son salas que han venido bien para crear un saco donde ocultar las diversas corrientes artísticas y negar la existencia de los que realizan su trabajo".


¿Qué sucederá ahora con Itaca? Hay un proyecto para que pueda continuar como centro para nuevos creadores. Ese sería el mejor fin para José Ortega, quien asegura que seguirá con el teatro. "Creo que todavía somos útiles", zanja.