Sábado, 26 de Abril de 2008

Cuba: 'La hora de los mameyes'

El periodista José Manuel Martín Medem desvela la situación de la prensa en la isla y la labor de "orientación revolucionaria" del Gobierno en un libro del que Público adelanta algunos fragmentos

JOSÉ MANUEL MARTÍN MEDEM ·26/04/2008 - 21:20h

AFP - Un ciudadano lee un libros sobre Fidel castro en una librería de La Habana.

"Este país está insatisfecho con su radio y con su televisión porque quiere que reflejen mejor la realidad y las aspiraciones de la gente". Lo dijo Eliades Acosta, jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista Cubano (PCC). Y cambiaron algunas decisiones de la censura pero no la política de impedir la difusión de lo que no se considera conveniente.

Los cubanos pudieron ver por televisión Fresa y Chocolate: no se emitía en la programación nacional aunque Cubavisión Internacional la repetía continuamente. Lo que se consideraba prestigioso para la cultura cubana hacia el exterior se censuraba por peligroso para el interior.

También pudieron ver el documental Fuera de Liga que durante cinco años pasó de mano en mano mediante copias clandestinas. Todo el problema era que contiene declaraciones de peloteros cubanos que se escaparon para jugar (muy bien pagados) en el béisbol de Estados Unidos. Lo que se hace para calmar la irritación social provoca más reclamaciones porque la peor evidencia de la censura es que se reduzca por orientaciones interesadas.

La demostración de que hay un poco menos confirma precisamente que sigue la censura. En Cuba sólo se puede ver un resumen de lo mejor de TeleSur. Y la emisión internacional en español de la televisión china sólo se distribuye para turistas y residentes extranjeros.

Luis Suárez, que dirigió el Centro de Estudios sobre América, lleva más de diez años denunciando desde la izquierda del PCC que "las ciencias sociales han compartido con el periodismo y con los medios de comunicación masiva la negativa tendencia a reflejar sólo una parte de la verdad" y denuncia "las demandas formuladas por ciertos sectores de la tecnoburocracia estatal de que las ciencias sociales, el periodismo o la cultura se abstengan de reflejar o difundir el cúmulo de problemas que el periodo especial ha hecho aparecer en la dinámica de la sociedad civil, de la economía y del sistema político cubano".

Un amigo me decía, con la afilada experiencia de hacer periodismo en cubano, que "es una pasión por el control absoluto de la información sin estrategias para conseguirlo".

Más audaz y creativa

Manuel David Orrio, agente de la Seguridad del Estado que se infiltró en la disidencia, reconoce que el mal llamado periodismo independiente es con frecuencia de mejor calidad que el supuesto periodismo revolucionario. Dice Orrio que "una prensa más audaz y creativa -más en posesión de sus derechos constitucionales- dejaría muy poco espacio a los que están pagados por Estados Unidos".

En los medios cubanos, los escasos espacios de servicio público no se han establecido por orientaciones revolucionarias sino gracias al esfuerzo y la insistencia de periodistas que ayudan a la gente. En Juventud Rebelde, José Alejandro Rodríguez se dedica a atender las quejas, denuncias y preguntas de los lectores para conseguir respuestas de los responsables de la mala calidad de los productos y de los servicios.

Su sección, "Acuse de recibo", es la última esperanza de los cubanos agobiados por el millón de dificultades cotidianas. Según Juan Marrero, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), "el papel esencial de la prensa cubana y de sus periodistas es defender la Revolución".

El Código de Ética de la UPEC dice que "el periodista contribuye con su trabajo al perfeccionamiento constante de nuestra sociedad socialista y establece que tiene derecho a obtener toda la información de utilidad pública y que debe enfrentarse a los actos de entidades o personas que obstaculicen el acceso a la información o constituyan presiones que limiten en cualquier forma el cumplimiento de su deber profesional y social. Además, tiene el deber de cumplir la línea editorial y política informativa del órgano de prensa en que trabaja y, a su vez, el derecho a participar en la elaboración, ejecución y evaluación de ambas". Pero, en realidad, la política informativa la orienta el Comandante y, por encargo, el teniente coronel Rolando Alfonso Borges, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC. Su denominación inicial fue precisamente la de Departamento de Orientación Revolucionaria.

En frecuentes reuniones, el Departamento Ideológico reparte a los directores de los medios las orientaciones que recibe de la Comandancia de la Revolución para que los periodistas sepan cómo "contribuir al perfeccionamiento constante de nuestra sociedad socialista".

Los profesionales participan tanto en la elaboración de la política informativa como los militantes en la elaboración de la política del PCC que lleva diez años sin convocar un Congreso.

En 1975, el entusiasmo fidelista de Gabriel García Márquez le embarcó en una profecía mal parida: "Los cubanos están buscando una nueva concepción de la prensa dentro del socialismo: lo único que se puede pronosticar, sin ninguna duda, es que será una prensa democrática, alegre y original".

En 1987, los estudiantes de periodismo en la Universidad de La Habana eran de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o recomendados por la organización pero a muchos no les parecía que la prensa cubana fuera como esperaba el amigo del patriarca y estaban muy interesados en la perestroika y el glasnot que agitaban a la Unión Sovietica.

Pidieron una reunión con Carlos Aldana, entonces jefe del Departamento de Orientación Revolucionaria, y el 26 de octubre los llevaron al salón de actos del Comité Central del PCC en el Palacio de la Revolución.

Aparece Fidel Castro

Por sorpresa, apareció Fidel Castro. "Quiero que ustedes -les dijo-, los jóvenes periodistas, nunca se callen, que digan lo que piensen, aunque estén equivocados." Sobre la URSS comentó que "ellos mismos no saben qué es eso que llaman perestroika y lo único que les he dicho es que tengo la intuición de que por ese camino no van a llegar a ningún sitio".

El único cambio en la enseñanza del periodismo fue la eliminación del ruso en el programa de estudios y las tres horas de orientaciones del Comandante en Jefe provocaron diferentes opciones personales. Entre los universitarios que allí estaban, Rosa Miriam Elizalde destaca ahora en el buen periodismo cubano y es una comecandela en la defensa de la Revolución, Wilfredo Cancio trabaja en el Nuevo Herald de Miami y Amir Valle se dedicó a escribir y es uno de los mejores novelistas cubanos.

Cinco años después de aquella descarga de los estudiantes, al poeta y novelista Pablo Armando Fernández -marginado durante mucho tiempo y recuperado por el propio Fidel- le invitaron al programa Mesa Redonda de la televisión cubana y le preguntaron por qué no escribía en los periódicos.

Su respuesta provocó un silencio de tormenta que el moderador resolvió cambiando inmediatamente de tema: "Yo creo en un periodismo que no sea dogmático, que no sea sectario, que cuente la noticia como es... A ese periodismo sí, ahí contribuiría desde ahora mismo".

La prensa cubana no es democrática, alegre y original. Con la perenne argumentación de que resulta imprescindible la unanimidad para defenderse de las agresiones imperialistas, Fidel Castro ha impuesto unos medios de comunicación que no reflejan la realidad, sólo facilitan el acceso de los dóciles, no ayudan a los cubanos a comprender las diferencias (ventajas e inconvenientes) del sistema de su país en comparación con el resto de América Latina y son altavoces del triunfalismo y del paternalismo.

Lo que mal podríamos llamar política de comunicación tampoco sirve para defender adecuadamente a la Revolución en el mercado internacional de la información. Es también una consecuencia de la incapacidad para aceptar y procesar lo que no sea una solidaridad incondicional.

Como escribió Luis Suárez, "ciertos fracasos en el manejo de la información sobre algunas coyunturas internas tendrán que incluirse entre las amenazas que tiene la seguridad nacional cubana en el siglo XXI".

El 11 de junio de 2002, por primera vez, una cadena internacional de televisión entraba en el edificio del Granma, junto a la Plaza de la Revolución, para hacer un reportaje con su dirección, su redacción y sus talleres. La corresponsalía de TVE en La Habana tuvo esa oportunidad y nos dieron todas las facilidades además de acogernos con fraternidad.

A pesar de la reanimación económica del país, el periódico más importante -órgano oficial del Comité Central del PCC- no había recuperado las posibilidades de otros tiempos y se limitaba a ocho páginas, la mayoría ocupadas con mucha frecuencia por los discursos de Fidel Castro.

Granma se escribía con el estilo ceremonial y pegajoso de la burocracia cubana, eludiendo las vibraciones de una isla cuya complejidad no reflejaba. Pero a su director, Frank Agüero, no le gustaba que le dijeran que era aburrido: "Si se entiende por aburrido cuando la información es profunda y va a la esencia de las cosas, entonces somos tan aburridos como cualquier periódico serio".

En Granma, más que informar, se controlaba la información. "Nuestra profesión como periodistas -me explicaba Agüero- es un medio para defender la soberanía nacional y nuestro sistema político, lo que implica una lealtad con el pueblo cubano que tiene una gran confianza en sus medios de comunicación."

Sólo el 30 por ciento de los trabajadores son militantes del PCC. Tiene una tirada diaria de 500.000 ejemplares. El promedio de la edad de sus lectores está entre 45 y 55 años. A los jóvenes su muela no les interesa.

Seis años después, sólo ha cambiado el director: Lázaro Barredo, formado por la Seguridad del Estado y cuya fragilidad profesional se comenta incluso entre sus compañeros de la Mesa Redonda de la televisión cubana.

El Granma no ha recogido ni siquiera las reclamaciones de la población planteadas en las asambleas convocadas por el PCC para discutir sobre el discurso de Raúl Castro en la conmemoración del 26 de julio.

Los cubanos de menos de cuarenta años que leen la prensa prefieren Juventud Rebelde, el periódico de la UJC. Tiene una tirada de 200.000 ejemplares y es mucho más interesante que el Granma. Parece que hay orientaciones de Raúl para que Juventud Rebelde refleje aspectos de la ardiente impaciencia. Su eslogan es: "Granma da la noticia y Juventud Rebelde la explica".

Ya veremos si es sólo trova lo que dijo Eliades Acosta, el jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del PCC: "Si alguna vez fue imprescindible la participación y el apoyo consensuado de artistas e intelectuales en la defensa y promoción de la cultura nacional y en la actualización de la política cultural de la Revolución, éste es el momento. (...)

Sin unos medios de comunicación, y especialmente sin una radio y una televisión acordes con el nivel cultural creciente de nuestro pueblo, esta batalla está de antemano perdida".