Miércoles, 23 de Abril de 2008

"Es el mayor pez que hay y no sabemos casi nada sobre él"

El creador del programa ‘Ecocean’ ha implicado a miles de personas de todo el mundo en el seguimiento del tiburón ballena

VICENTE FERNÁNDEZ DE BOBADILLA ·23/04/2008 - 20:41h

DANI POZO - El oceanógrafo Brad Norman, el pasado martes en Madrid.

A pesar de su tamaño, que puede sobrepasar los 18 metros, el tiburón ballena basa su dieta en el krill y los peces pequeños, y es tan impresionante como inofensivo. También es muy poco conocido. El oceanógrafo Brad Norman decidió pedir ayuda a buceadores de todo el mundo para que le ayudaran a investigar a esta especie. Así, convirtió a miles de personas en colaboradores de un proyecto global, Ecocean, que aúna ecologismo y nuevas tecnologías. La huella digital de este gran pez es el dibujo que forman las manchas de su piel, sobre todo en la zona situada sobre la aleta delantera izquierda. Para registrarla, Ecocean utiliza un software derivado del que emplea la NASA para identificar constelaciones, y adaptado por el informático Jason Holmberg y los astrónomos Zaven Arzoumanian y Gijs Nelemans. El pasado martes, Día de la Tierra, Norman estuvo en Madrid invitado por National Geographic.

¿Cómo surgió el proyecto Ecocean?

Cuando comencé a investigar a los tiburones ballena, una de las primeras cosas que tenía que averiguar era si podíamos identificar a cada individuo mediante las manchas de su piel. Empecé haciendo fotografías, organizándolas y la cosa iba bien... Pero a medida que aumentaba el número de fotografías, la tarea se hizo imposible. Entonces, desarrollamos un software de identificación. Y como muchos turistas van a nadar junto a los tiburones ballena, les pedimos que tomen fotografías de ellos y las envíen a una página web que creamos para recibirlas. Todos ellos reciben un correo electrónico de agradecimiento y se les informa en caso de que el tiburón que han fotografiado vuelva a aparecer al otro día, al año que viene o cinco años después. Es una manera de mantener el interés.

¿Y cómo respondió la gente?

De manera estupenda. Porque sienten que están cooperando. A mí me gusta llamarlos ciudadanos científicos. Son miembros de la comunidad que pueden convertirse en científicos por un día, porque yo sólo puedo estar en un sitio a la vez tomando fotografías, pero tenemos miles de turistas en todo el mundo fotografiando tiburones ballena y ayudándonos en nuestra investigación. Además de recibir la imagen, tenemos que saber dónde y cuándo fue tomada y cualquier otra información posible, como el sexo, el tamaño… Ya tenemos gente enviando fotografías desde 38 países diferentes. Así que se está convirtiendo en un programa global.

El programa sirve para conocer mejor al tiburón ballena, pero ¿puede ayudar a protegerlo?

Es importante saber si tienen un hábitat crítico donde necesiten ir para alimentarse o una zona vital para su reproducción. Este proyecto nos ayuda a movernos más cerca de esos puntos, porque estamos aprendiendo cuántos tiburones ballena vienen de un lugar determinado, a dónde van… Por ejemplo, en Australia están protegidos, pero si se van a una zona como Indonesia, donde se les caza, eso no es bueno. Si podemos probar que los tiburones van de Australia a Indonesia, podremos pedir que el Gobierno australiano presione al indonesio para que nos ayude a protegerlos. Somos un grupo que tiene fondos muy limitados, pero hemos recibido algunos premios, como el Rolex Award o la categoría de Explorador Emergente de National Geographic, y esto nos permite difundir nuestro mensaje. Cuanto más cosas sepa la gente sobre el tiburón ballena, más interesados estarán en ayudar.

Hay unas 400 especies de tiburón. ¿Qué le atrajo de él para dedicarle su vida profesional?

Es el mayor pez que hay en el mar y no sabemos casi nada sobre él. Son un misterio. Aunque fueron descubiertos en 1828, hasta 1985 sólo había 320 avistamientos confirmados en todo el mundo. Es un gigante amable, del cual sabemos muy poco. Y a mí me gusta pensar en él como una especie emblemática para la conservación de los tiburones en general. Porque es el más grande, el más amistoso y, en mi opinión, uno de los más hermosos.

¿No es paradójico que un tiburón inofensivo para el hombre sea al mismo tiempo tan desconocido?

No necesitan subir a la superficie para respirar, como hacen las ballenas, así que son muy difíciles de estudiar. Tienen áreas específicas que son claves para ellos y a lo mejor estas áreas están en el fondo de los océanos, no las hemos estudiado todavía o quizá es que procuran mantenerse alejados del impacto del ser humano. En el relativamente poco tiempo que llevamos conociendo la existencia del tiburón ballena, casi hemos conseguido que se convierta en una especie amenazada debido a la caza. Y si no somos capaces de proteger al pez más grande del océano, que además es inofensivo, eso no dice gran cosa sobre nuestro medio ambiente.

¿Qué sintió la primera vez que se sumergió junto a un tiburón ballena?

¡Ah! Todavía me acuerdo. Fue una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Estás buceando y ves algo que surge del azul de las profundidades, tan grande cómo un autobús, y te quedas congelado. Y lo ves nadar lenta, muy lentamente… No está preocupado porque tú estés allí, para él sólo eres un pececito más. Me encanta la experiencia que vivo cada vez que me sumerjo con ellos y me encanta pensar que es algo que todo el mundo puede hacer si lo desea.

¿Y qué le han enseñado estos encuentros?

Después de nadar con ellos miles de veces, una cosa que he aprendido es minimizar los impactos de estos encuentros. Los turistas pueden nadar al lado de los tiburones ballena, pero hemos establecido unas pautas para que no interfieran con ellos. Y eso es muy importante, porque para que el turismo sea sostenible económica y ecológicamente, hay que hacer bien las cosas.

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