Martes, 22 de Abril de 2008

Quino: "El humor sirve para sobrellevar un poco mejor la vida"

El dibujante argentino, padre de Mafalda, presenta en Barcelona su último libro, ‘La aventura de comer'

REBECA FERNÁNDEZ ·22/04/2008 - 00:03h

ALBERT GEA - Quino en Barcelona.

La supervivencia de los débiles frente a los poderosos dibujada desde la ternura, con pinceladas de un humor que, a veces, arranca una lágrima. Situaciones surrealistas que hacen reflexionar al lector. Críticas a la burocracia con guiños que pellizcan. Ingenuidad y humor ácido. Así es el trabajo que desde hace más de cincuenta años desarrolla Joaquín Salvador Lavado, Quino (Argentina, 1932), que confiesa que dibujar es "lo único" que sabe hacer.

El autor de la eterna Mafalda, a la que dejó de dibujar en 1973 tras diez años de intensa relación, acaba de publicar La aventura de comer (Lumen) y está en Barcelona, donde contesta a las preguntas de manera pausada y siempre entrañable. Quino, que cree en las nacionalidades e incluso "provincialidades" del humor, explica que dibuja menos porque "cada vez selecciona más" y reconoce que sería "muy difícil" imaginarse a sí mismo sin dibujar. Difícil imaginar un mundo sin las viñetas de Quino.

En su último libro hay un personaje que debe renunciar a la comida "insana" para poder llegar a ver un futuro prometedor, pero pronto se da cuenta de que lo que se avecina no lo es. ¿Es usted tan pesimista como este personaje?

Yo no diría que soy pesimista. Es el futuro el que es pesimista conmigo. El futuro no es muy bueno porque la humanidad crece y cada vez necesita más alimentos, y pasa lo que pasa en un banquete para 2000 personas, que la comida no es buena. Por una parte, creo que estamos mejor que antes de la Revolución Francesa, pero después retrocedemos y luego avanzamos para volver a retroceder...

En La aventura de comer, hay una viñeta en la que aparece un parque con absolutamente todo prohibido, desde pasear hasta su propia firma. ¿Se nos está olvidando disfrutar de los placeres cotidianos?

No disfrutamos de lo que tenemos y es de eso de lo que trato en el libro. Por el título hubo gente que pensó que era de recetas de cocina, pero mi intención es sociopolítica o económica porque me fastidia mucho toda esta manipulación que hay con los alimentos en lo que respecta a los transgénicos y hechos como patentar semillas que la gente plantaba.

Además, ahonda en una de las líneas de su carrera profesional, mostrando a los que tienen poder frente a los que no lo tienen...

Sí, porque al final tenemos que comer no lo que uno quisiera sino lo que nos dan, es una manera de que te manipulen también, es una manera de que ejerzan el poder sobre ti, sobre tu libertad.

"Yo no diría que soy pesimista. Es el futuro el que es pesimista conmigo"

¿Ahora no somos libres?

No, y mucho menos después del 11 de septiembre. Porque, por ejemplo, a mí me gusta estar en un hotel y tener una botellita de vino en la habitación para tomarme un vasito cuando me voy la cama. Yo antes viajaba siempre con mi sacacorchos y ahora es imposible. Y esto cada vez está peor. En el aeropuerto te has convertido en un presunto terrorista. Es muy humillante estar con la tarjeta de embarque en la mano, sujetarse los pantalones con la otra, sin zapatos... es una humillación de un cuartel de un país de última.

En el prólogo de Esto no es todo aparece recogida una viñeta en la que uno de los personajes le dice al otro: "Por terrible que sea, quiero saber la verdad, doctor, ¿ser un ser humano es una enfermedad incurable?". ¿Usted qué opina?

Es una enfermedad incurable que consiste en que los seres humanos se matan entre ellos y destruyen el planeta. No apreciamos lo que tenemos y nos estamos suicidando. Somos tontos, ni siquiera estamos locos, porque si fuese así, al menos tendríamos más imaginación y seríamos más felices.

De sus más de 50 años de profesión, sólo diez los dedicó a Mafalda. ¿No le molesta que le pregunten siempre por ella?

No me molesta, sólo me da un poco de pena que mucha gente sólo se fije en Mafalda y no ponga más atención en todo lo demás que he hecho.

O sea que Mafalda le acompaña, no le persigue...

Me acompaña. Yo entiendo que es muy fácil identificarse con un personaje que tenga nombre, que tenga un núcleo familiar, que se repitan las situaciones en vez de que cada semana sea un personaje nuevo.

Umberto Eco calificó a Mafalda de "contestataria". ¿Cómo definiría usted a su personaje más conocido?

Es un producto de una época en la que había mucha ebullición política y social y mucha esperanza de que el mundo iba a cambiar para mejor. Estaban The Beatles, el Che Guevara, mayo del 68, entre otras cosas. Estábamos todos entusiasmadísimos.

"Mafalda es producto de una época en la que había la esperanza de que el mundo iba a cambiar"

¿Dónde quedaron esas ganas de cambiar el mundo?

El sistema absorbió a la gente, y muchos de aquellos que se implicaron acabaron siendo ejecutivos de multinacionales y cosas así.

En 1985, descubrió que en España había unas pegatinas que utilizaban a uno de sus personajes, Guille, con la bandera franquista. ¿Cómo se lo tomó?

Llevo fatal que se usen mis viñetas para unos fines para los que no fueron creadas. Es de las cosas que peor llevo. Esta gente lo usa porque mis cosas les caen simpáticas, pero no han entendido nada.

Para Mafalda, el mundo es un globo terráqueo que ella cuida como si fuera un enfermo. ¿Cómo vería hoy ese globo?

Estaría espantada con el señor Bush que se niega a seguir el Protocolo de Kioto.

¿No le sorprende que sigan vigentes las historias de Mafalda?

Sí, me sorprende. Cuando firmo libros ya me aparece la abuela, con la hija y con los nietos. Es que en esos libros se muestran cosas que no cambian, como las relaciones familiares. Ahora tenemos más tecnología, pero el comportamiento humano es igual.

¿Por qué a Mafalda no le gusta la sopa?

La sopa representa toda imposición que nos obligan a aceptar, como eran los militares que tuvimos que tragarnos todos los días tantos años.

Entonces a usted tampoco le gusta la sopa...

El plato de sopa, sí, me encanta.

 ¿Por qué dejó de dibujar a Mafalda?

Me cansé. A mí me gustó durante más de diez años Peanuts, pero llegó un momento en que me pareció que Schulz se estaba repitiendo y no quería que me pasara lo mismo. Yo tuve un gran amigo y un gran dibujante que me aconsejó que nunca me metiera con un personaje fijo porque era una esclavitud. Me dijo que si me metía, el día que un lector tapara el último cuadrito con la mano y ya supiera cómo iba a terminar debía dejarlo. Y eso fue lo que hice.

En sus dibujos, los ojos son sólo puntos y, aún así, tienen fuerza y son capaces de transmitir mucha intensidad. ¿Cómo lo consigue?

¡Hay que ver lo que cuestan esos puntitos! Los consigo borrando muchísimo hasta que ese puntito sale como uno quiere. Es increíble.

¿Por qué siempre dibuja en blanco y negro?

Sólo uso el color si está justificado. Tengo una página que es un niño que ha pintando con una línea de pintura verde toda la casa y le pregunta a los padres: "A que no saben de qué color es la libertad".

Usted ha hecho humor mudo y con texto, ¿cuál prefiere?

Lo ideal para mí sería siempre el humor mudo. En los aviones a veces me gusta ver las películas sin audio para ver si la imagen me transmite lo que está pasando. Me atrae mucho el hecho de poder comunicar cosas sin tener que recurrir a la palabra.

Usted recurre al surrealismo en su humor, ¿por qué?

Lo utilizo porque me atrae mucho todo lo que pasa en los sueños y los sueños son todos surreales.

"Creo que ahora soy más ácido"

¿Cómo ha evolucionado su dibujo desde que comenzó hasta ahora?

Creo que soy más ácido. Es un poco lo que pasa con las películas de Woody Allen, que las primeras eran divertidísimas, pero luego se puso más profundo y fue perdiendo esa gracia inmediata que tenía. Creo que es inevitable que a uno le pase.

Usted se considera junto a Sempé uno de los últimos exponentes del humor humanista. ¿En qué consiste?

Definir el humor es algo muy difícil. Yo durante un tiempo leí libros de Freud que trataban de explicar qué es esto del humor y un día pensé "ya no me preocupo más". Es un elemento que uno usa.

¿Y para qué sirve?

Sirve para sobrellevar un poco mejor la vida.

¿Qué temas no podría tratar desde el humor?

Cuando era chico me tocó un terremoto muy grande en una provincia vecina y vi llegar los camiones con los heridos y me marcó tanto que si me piden que haga un dibujo sobre un terremoto no puedo. Tampoco podría sobre gente presa o torturas.

A pesar de que usted no es creyente, encuentra en la Biblia una gran fuente de inspiración. ¿Por qué?

Soy agnóstico en el sentido de que pienso que el ser humano por más que se rompa la cabeza nunca va a llegar a descifrar quién hizo todo esto. Y la Biblia me parece fantástica porque está todo ahí. Tú quieres sexo, lo tienes, quieres asesinatos, los tienes, prensa amarilla, la tienes.

Usted tiene un sentido político de la vida. ¿Sin política no hay nada?

Cualquier elección en cierto modo siempre es política. Incluso la gente que no se mete en política ya está haciendo política, porque se dejará gobernar como un corderito y no tiene derecho a protestar de nada.

¿Cómo ve la situación política en España?

Está interesantísima por dos cosas. Una, por todas las mujeres que Zapatero ha metido en el Gobierno. La otra, por la disputa que hay en el PP. Creo que le va a venir bien a España dejar atrás el anquilosamiento de una derecha hecha un bloque. Esto le va a dar un nuevo aire a la cosa.

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