Lunes, 21 de Abril de 2008

‘Superlópez’ y el número dos de Iberdrola buscan crudo en Huesca

Los precios del 'oro negro' animan a hacer prospecciones en España. La producción subió un 2,1%

ANTONIO M. VÉLEZ ·21/04/2008 - 22:29h

Llevaba unos años fuera del mapa y reaparece donde menos se le espera. José Ignacio López de Arriortúa, más conocido como Superlópez, se ha lanzado a la búsqueda de petróleo en el Pirineo de Huesca. El que, en los años noventa, fue el ejecutivo español más conocido en el exterior, ha dado pocas señales de vida desde que sufrió un gravísimo accidente de tráfico hace diez años, después de su polémica salida de Volkswagen.

El discreto regreso de Arriortúa se ha producido a través de una sociedad en la que también participan Juan Luis Arregui, vicepresidente de Iberdrola y presidente de Ence, y Joseba Grajales, junto al que Arregui (considerado una de las mayores fortunas de España) fundó el fabricante de aerogeneradores Gamesa a finales de la década de los setenta.

La empresa en cuestión, GRL Activos Industriales, es el principal accionista (60%) de Industrias Mineras de Teruel. Esta sociedad ha presentado tres de las nueve solicitudes de prospección de hidrocarburos registradas el año pasado en España, según los datos del Ministerio de Industria.

Un alcalde sorprendido

La firma, en la que también participa un catedrático de Geología, José María Iraizoz Fernández, declinó comentar ayer sus tres proyectos. Uno de ellos está próximo al pueblo medieval de Aínsa; otro, cerca de la localidad de Graus; y el tercero, casi en la frontera con Francia. Un portavoz del Gobierno aragonés (la autoridad competente para dar el visto bueno a esos proyectos), dijo ayer que los permisos están en fases “muy iniciales”.

El alcalde de Aínsa, José Miguel Chéliz, dijo desconocer el proyecto que afecta a su localidad, que abarca a otros diez municipios. “Sabemos que en esta zona hay petróleo, pero hasta ahora los geólogos no lo han visto económicamente viable”, dijo un “sorprendido” Chéliz.

Ahora, a Superlópez, que en los noventa revolucionó la política de compras de las compañías automovilísticas, sólo le queda esperar y cruzar los dedos. El trámite para obtener una licencia de exploración es lento y a veces fracasa por la presión social.

En 2006, la británica Medoil pidió permiso para buscar crudo frente a la Albufera de Valencia y levantó ampollas entre los grupos ecologistas y la Generalitat Valenciana. Su solicitud va a ser denegada, según fuentes próximas al Gobierno.

Otras veces (la mayoría), el permiso se concede pero las pruebas no dan resultado, como le acaba de pasar a Cepsa en el Pirineo catalán (ver información adjunta). Hasta hoy, se han realizado en España más de 700 sondeos, con resultados discretos: sólo hay cuatro pozos de petróleo y tres de gas en activo.

El año pasado se registró el peor dato de producción de crudo y gas desde 1972: cayó el 18,3%, sobre todo, por la menor producción de gas, que se desplomó un 67,5%. La producción de crudo (que supone el 88% de los hidrocarburos que se extraen) aumentó un 2,1%, según los datos difundidos por Industria.

Esos datos no desaniman a los potenciales inversores, como demuestra el que el año pasado, con ser pocas, las solicitudes de explotación se triplicaran respecto a 2006. El mercado, con todos sus condicionantes y corsés, que son muchos (la producción española apenas cubre el 0,2% del consumo) se mueve: hace una semana, una pequeña petrolera británica, Leni Gas & Oil, completó la compra del 100% del pozo La Lora, en Burgos, el más antiguo de España. Ha pagado cerca de 2,5millones de euros.

Con el barril de crudo a más de 100 dólares, extraerlo, aquí o donde sea, sale a cuenta, a poco que el yacimiento sea razonablemente grande, accesible y próximo a algún oleoducto. Sobre todo, si el petróleo, como el español, es de buena calidad. Los márgenes son suculentos: producir en una plataforma marina (mucho más caro que en tierra) cuesta menos de 10 dólares por barril. Como explica Mariano Marzo, uno de los mayores expertos del sector, “a estos precios, cada gota cuenta”.