Lunes, 21 de Abril de 2008

La ascensión y la decadencia

Se edita en España la mejor biografía dedicada a Elvis en dos volúmenes, dedicados al auge y caída de su leyenda.

PATRICIA GODES ·21/04/2008 - 11:26h

Presley manejaba a su público pero no fue capaz de manejar su propia carrera.

Lisa Marie Presley recuerda a su padre siempre durmiendo. Tenía 10 años cuando él murió y, entre las inacabables giras y sus largas siestas inducidas por los barbitúricos, no tuvo demasiadas ocasiones de conocerle bien. Tampoco sus fans, sus difamadores o el público en general tuvieron ocasión de conocer poco más que una fachada, eso sí, tremendamente atractiva. Desde su muerte en agosto de 1977, una interminable lista de biografías han intentado conocer el mito Elvis Presley. La mejor de todas ellas la constituyen sin duda los dos volúmenes de Peter Guralnick, recién editados en España por Global Rhythm Press.

Nacido en 1943, en Boston Massachussets, Guralnick terminó sus estudios universitarios y se dedicó a escribir sobre música y sobre rock and roll. Asombrosamente académico en un género (la prosa rockera) que precisamente se caracteriza por la falta de objetividad, el fanatismo y el amarillismo, Mr. Guralnick es un investigador concienzudo y metódico que reconstruye con todo detalle acontecimientos clave en la historia musical, descubre esclarecedoras trivialidades y consigue testimonios inéditos de enorme valía. Todo ello narrado con una prosa elegante y amena que se lee como si fuese una novela.

La mística y la industria

Guralnick nos narra respectivamente en Último tren a Memphis y Amores que matan la infancia y primera juventud de Elvis, sus primeros pasos en el mundo del espectáculo, sus primeros éxitos y la extravagante forma de vida que adoptó prácticamente después de la muerte de su madre y que le llevaría a él mismo a una trágica y prematura muerte.

Sin saber lo que estaba haciendo, Elvis inventó una música, una mística y una industria. Era un chico bien educado, algo ignorante, de buen corazón, enorme apetito sexual, enorme apetito alimentario y enorme talento musical. Hizo accesible la hasta entonces marginal música de los cabarets y las radios negras y, durante los 23 años de su carrera, investigó y dio a conocer a todo el planeta diversos aspectos de la tradición musical norteamericana, desde el hillbilly de los blancos más humildes hasta el blues y el gospel de los negros, pasando por la denostada música ligera de sus filmes holywoodescos. Fue unhombre elegante e innovador que convirtió el vestuario del espectáculo en una forma de arte y revolucionó la indumentaria masculina.

Drogas y hamburguesas

Alguien capaz de llevar a cabo todas estas hazañas –convenientemente amplificadas por los medios de comunicación– parece que debiera ser un superhombre seguro de sí mismo, motivado y consciente de lo que esta haciendo. Elvis no lo era. Necesitaba aduladores y dudosas lecturas espirituales, satisfacer al instante todos sus caprichos; tenía deleznables arranques de mal genio, se dejaba aconsejar por el primero que asomaba la nariz al porche de Graceland y no era capaz de manejar su carrera.

El retrato de Elvis que hace Guralnick es afectuoso pero objetivo y realista. A pesar de ser fan, no se deja llevar por el mesianismo y no nos oculta sus debilidades ni su conducta autodestructiva. El personaje que nos dibuja es un simple y real ser humano.

Drogas legales, armas, mujeres, hamburguesas, despilfarro… Elvis sucumbía a todas las tentaciones del nuevo rico ignorante y arrogante, pero sigue siendo un muchacho ingenuo y bien intencionado víctima de su poca fuerza de voluntad y su escasa entereza.

En ningún momento emite Guralnick un juicio moral aunque sí artístico, prefiriendo claramente el Elvis del rock and roll, el r&b, el gospel, el country y el soul al Elvis ligero y entretenedor de sus películas.

Es la única crítica al libro: Elvis, el intérprete profundo y contenido, infundió la misma emoción a Wooden Heart, Yoga Is As Yoga Does y My Boy que a In the Ghetto, Kentucky Rain e If I Can Dream. Guralnick es incapaz de apreciar el mérito que tiene eso: el rock and roll es una música maravillosa pero

el rocker que además es un cantante romántico y sentimental, frívolo y ligero, delicado y ¿por qué no? cursi es artísticamente superior al que sólo sabe hacer una cosa. Aún así, ambos libros son obras maestras de lectura obligatoria.