Domingo, 20 de Abril de 2008

El Pentágono usó comentaristas militares para intoxicar

Expertos militares difundían el mensaje del Gobierno en la televisión, según revela 'The New York Times'

ISABEL PIQUER ·20/04/2008 - 21:18h

En una cuidadosa y meticulosa operación de propaganda, el Pentágono usó comentaristas militares, ex generales o altos mandos que aparecían regularmente en las cadenas de televisión estadounidenses en calidad de expertos, para intoxicar a la prensa y contrarrestar las malas noticias que venían de Irak.

Así lo ha desvelado un extenso artículo publicado en el diario The New York Times que consiguió hacerse con 8.000 páginas de emails y documentos después de llevar a los tribunales al Departamento de Defensa.

Pero el tema no acaba aquí. Algunos de los más de cien analistas en cuestión también trabajaban para empresas o lobbys que tenían contratos o intereses directos en Irak.

Completaban un círculo vicioso de intereses creados al usar su renovado acceso a los máximos dirigentes militares para pujar por sus intereses privados.

La investigación del diario no deja títere con cabeza. También acusa veladamente a las televisiones por  no aplicar a sus expertos invitados los mismos criterios de rigor que usa con sus periodistas.

El Pentágono recurrió a este tipo de tácticas en los momentos más impopulares de sus operaciones: en septiembre de 2003 cuando el Congreso protestó por los 87.000 millones de dólares que pedía el presidente George Bush para financiar el esfuerzo de guerra; o en abril de 2006 con la supuesta revuelta de los generales que empezaron a disentir públicamente sobre la gestión de las operaciones.

El ejemplo de Guantánamo 

En verano de 2005 cuando Amnistía Internacional denunció las condiciones de detención de los prisioneros de Guantánamo y las comparó a un gulag, el Departamento de Defensa llevó varios analistas a la isla. El resultado fue muy efectivo.

Pocos días más tarde, el general retirado Montgomery Meigs, decía en la cadena NBC que “se habían gastado más de cien millones de dólares en nuevas construcciones. El centro está dirigido muy profesionalmente”. En la CNN, otro militar jubilado, el general Donald Shepperd, aseguraba que “las noticias en la prensa dan una idea totalmente falsa” de la situación.

“Era una política coherente y activa”, describió al New York Times, Kenneth Allard, antiguo comentarista militar de la NBC que también aseguró que los briefings de propaganda del Pentágono poco tenían que ver con la realidad. Los analistas, algunos retirados desde hacía años, se sentían halagados por el nuevo trato de favor. “Te escuchan, escuchan lo que dices en la televisión”, describió Allard.

A su vez pasaban información a los responsables de Washington sobre cómo mejorar su operación de relaciones públicas. Pagados a la pieza (entre 500 y mil dólares por intervención) los analistas también tenían interés en tener información “fresca”.

La operación fue organizada por Torie Clarke, uno de los responsables de prensa de Defensa. “Podías ver cómo decían palabra por palabra lo que los técnicos les habían contado. Y lo decían una y otra vez”dijo al diario Brent Trueger, un asesor de Clarke, maravillado por la efectividad del sistema.