Sábado, 19 de Abril de 2008

Empatados a nada

Ni siquiera el regreso de Messi al Camp Nou sirvió para que el Barça derrotara a un Espanyol gris. La actuación de Kameni animó un partido que careció de entusiasmo

NOELIA ROMÁN ·19/04/2008 - 22:13h

El delantero del FC Barcelona, Bojan Krkic, se lamenta de una ocasión fallada durante el partido. EFE

Ni para ti ni para mí, empatados a nada. No podía acabar de otro modo el derbi más anodino de los últimos años en el Camp Nou. Si no fuera porque a la vuelta de la esquina espera el Manchester, la afición azulgrana habría exigido ayer una revolución. Pero arrugó el gesto, sacó algún pañuelo y, a falta de otra cosa, se asió a la Liga de Campeones, única esperanza.

Una jornada más, el Barcelona desaprovechó una ocasión de mantener las matemáticas a su favor. Una jornada más, el Espanyol no ganó. Pero sacó, al menos, un empate que puede resultar revitalizador. Pensando en el Manchester, para el Barça, una conclusión: a excepción de Messi, el ensayo final de Rijkaard no resultó muy alentador.


Tan esperado como el agua, Messi justificó en su primer minuto sobre el césped la calurosa ovación con la que le había recibido la afición cuando el argentino aguardaba turno en la banda. Trenzó una jugada con Xavi y, con el primer chut, anunció sus intenciones. No estaba dispuesto Messi a permitir que el partido siguiese dormido, sin ritmo, sin sustancia, sin emoción.

Así que la Pulga puso la directa, pisó el acelerador y animó el derbi que no parecía derbi. Durante diez minutos, todas las acciones ofensivas del Barça pasaron por el argentino, que sorprendió al Espanyol con su verticalidad, su velocidad y sus eslalons. Le faltó, sin embargo, puntería a Messi y precisión a sus compañeros, incapaces de aprovechar los servicios del argentino.

Duelo camerunés

Pero la aparición Messi tuvo un cierto efecto contagio, que potenció la presencia de Iniesta como recambio de Gudjohsen. Principal beneficiario, Etoo inició entonces su particular duelo con Kameni, el más solvente entre los blanquiazules. Compañeros de selección, el delantero azulgrana le buscó las cosquillas al meta del Espanyol. Nunca se las encontró.

Ni siquiera en el arreón final, cuando al Barça le entró la prisa por mover el marcador y Etoo vio cómo Kameni le birlaba un centro precioso de Iniesta, cuando se disponía a cabecear, a atrapar el gol. El delantero fue el símbolo de la impotencia. El meta, el de la seriedad defensiva del Espanyol.

Anulado ofensivamente, el conjunto de Valverde se fue asentando en defensa cuando el Barça más se lo exigía. Muy bien auxiliado por sus compañeros, Chica cumplió con su misión: le fue tomando la medida a Messi, achicándole los espacios, dificultando sus movimientos hasta tal punto que todos los remates azulgrana pasaron por Etoo.

Invitación al sopor

La primera parte, anodina como pocas en un derbi, había ilustrado el estado de la cuestión, la pasividad anímica en la que viven ambos equipos, atrapados como están en un laberinto al que no encuentran salida. Así las cosas, apenas sucedió nada sobre el césped del Camp Nou, que asistió al encuentro con la misma pasividad exhibida por su equipo.

Una pancarta de ánimo se desplegó en el inicio y, a medida que la nada se apoderaba del encuentro, la grada, víctima del sopor, fue tornando hacia la indeferencia, el peor de los castigos. Ni aplausos ni pitos, apenas silencio recibió el Barça en un primer acto que, sólo en el comienzo, fue del Espanyol.

Empezó el conjunto de Valverde presionando en la medular, tratando de ahogar el centro del campo del Barça, pero creyó tan poco en sí mismo que el dominio le duró menos que un suspiro. Sin noticias de Tamudo ni de Luis García, desaparecidos en combate -un chut entre los tres palos fue el triste bagaje del Espanyol en 45 minutos-, el partido fue tomando color azulgrana casi por obligación.

Llegó después Messi y el panorama cambió. El Barça ensayó pensando en el Manchester, pero Kameni contribuyó a que no se fuese con mejor sabor.