Jueves, 17 de Abril de 2008

Ramos Horta vuelve a su país, bajo el estado de excepción y con los rebeldes libres

EFE ·17/04/2008 - 14:19h

EFE - El presidente de Timor Oriental, José Ramos-Horta (centro), saluda a su llegada a Dili (Timor Oriental), hoy 17 de abril de 2008, dos meses después del intento de asesinato que casi le cuesta la vida, perpetrado por soldados rebeldes.

El presidente de Timor Oriental, José Ramos Horta, dos meses después de un atentado frustrado contra su vida, regresó hoy a su país, aún bajo el estado de excepción y con parte de los rebeldes militares que le dispararon todavía prófugos.

El laureado con el Nobel de la Paz, recobrado de los tres impactos de bala que recibió, dos en la espalda y uno en el estómago, fue recibido en Dili como un héroe por miles de personas.

Le esperaban los miembros del Gabinete, que se congregaron alrededor de la alfombra roja colocada en la pista de aterrizaje, y Ramos Horta, de 58 años, los saludó uno por uno antes de fundirse en un emotivo abrazo con su amigo, el primer ministro Xanana Gusmao.

El mandatario timorense tuvo unas palabras de agradecimiento para Fernando Lasama de Araujo, quien suplió sus funciones en la jefatura del Estado, por la "enorme serenidad e integridad" con que las ha desempeñado.

Dio también las gracias "a los partidos políticos y a los miembros del Gobierno, que han hecho un gran trabajo" y han logrado mantener la calma, pese a las rivalidades políticas.

A los que le dispararon y que siguen escapados a las órdenes de Gastao Salsinha, les pidió que se entreguen.

"Le pido a Gastao Salsinha que no continúe escondido en la selva y que se entregue pronto a la Iglesia o a las autoridades, y que se enfrente a la justicia", dijo Ramos Horta, y añadió casi entre lágrimas "no quiero que muera nadie más".

El presidente timorés se refirió también a la crítica situación económica del país y solicitó al Ejecutivo y al Legislativo que estudien la forma de "utilizar los ingresos del petróleo para comprar comida para los pobres".

Miles de ciudadanos le dieron la bienvenida con banderitas timorenses y con gritos de "¡Viva Ramos Horta!" a lo largo de la carretera que conecta el aeropuerto con el centro de Dili, antaño llena de agujeros pero ahora recién alquitranada para la ocasión.

En el Parlamento, fue ovacionado, sonó el himno nacional y dijo unas palabras de nuevo de agradecimiento a los dirigentes del país.

Después volvió a su casa, que esta semana pasó un exorcismo para liberarla de los malos espíritus del pasado 11 de febrero pasado, cuando el ex comandante Alfredo Reinado disparó contra él.

Reinado, uno de sus hombres y un guardia de seguridad murieron durante el atentado, que estuvo a punto de costarle la vida al mandatario.

Gusmao salió ileso a la emboscada que le habían tendido otros militares renegados y que sólo consiguieron acribillar el coche oficial sin causar víctimas.

La trama de los atentados todavía no se ha desenredado y los cuerpos de seguridad timorenses, apoyados por la ONU y tropas internacionales, tampoco han podido capturar a todos los culpables.

"Hay cada vez más indicios que apuntan a elementos externos apoyando al renegado Alfredo Reinado. Son elementos interesados en desestabilizar Timor Oriental y meterlo en una guerra civil", dijo esta semana Ramos Horta, en una de las muchas declaraciones que ha concedido con motivo de su alta médica y su regreso.

La ex colonia portuguesa de Timor Oriental alcanzó la independencia el 20 de mayo de 2002, tras cuatro años administrada por la ONU y después de una sangrienta transición que, en 1999, acabó con 24 años de ocupación indonesia.

La independencia no cumplió las esperanzas de la población, actualmente algo más de 900.000 personas.

En marzo de 2006, el Ejército timorense expulsó a 599 militares, un tercio de su fuerza, por insubordinación al negarse a retirar sus denuncias de corrupción y nepotismo y sus demandas de mejoras laborales.

Reinado, convertido en jefe de los expulsados, organizó protestas callejeras y comenzó una ola de violencia en la que murieron 37 personas y otras 100.000 huyeron de sus hogares, y la mayoría de ellas todavía no ha regresado.