Martes, 16 de Octubre de 2007

Los 'peros' de la cirugía anti-obesidad

Las operaciones bariátricas son eficaces para acabar con el exceso de peso, pero los pacientes deben prepararse física y psicológicamente antes y después.

AINHOA IRIBERRI ·16/10/2007 - 00:00h

El 18% de los pacientes candidatos a someterse a cirugía bariátrica o anti-obesidad no se puede operar por no estar psicológicamente preparado para ello, según un estudio publicado ayer en Journal of Clinical Psychiatry. Una de las contraindicaciones psicológicas más frecuentes es que el paciente esté obeso por comer en exceso para luchar contra el estrés. Como explica el presidente de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO), Antonio Torres, “la evolución psicológica de los pacientes de cirugía anti-obesidad es imprescindible”.

Archives of Surgery publica también un número especial sobre cirugía bariátrica, un tipo de procedimiento que suele protagonizar los informativos cuando se produce algún fallecimiento en la mesa de operaciones, lo que sucede en cerca del 1% de las ocasiones. Para los obesos mórbidos, aquellos con un índice de masa corporal (el resultado de dividir el peso en kilos por el cuadrado de la altura en metros) superior a 40, la cirugía bariátrica es la única opción, a falta de que se desarrolle un medicamento realmente efectivo para perder peso de forma sustancial.

Sobre esta idea incide el especialista del Southwestern Medical Center de la Universidad de Texas, Edward Livingston, autor del editorial del Archives of Surgery. El experto considera que, aunque ya hay pruebas de sobra sobre la eficacia de este tipo de intervenciones, se necesita más investigación para “superar los obstáculos” que puedan interferir en su aplicación a gran escala.

Aunque Livingston se refiere, sobre todo, a los múltiples requisitos que exige el seguro médico público de EEUU para pagar este tipo de operaciones, apunta también a la necesaria concienciación de médicos y enfermos: “Es la única modalidad terapéutica que ha demostrado tener éxito en una pérdida de peso profunda y sostenida”, escribe.

En España, la resolución quirúrgica de la obesidad mórbida está cubierta por la Seguridad Social, pero las asociaciones de pacientes se quejan de ser los últimos en entrar al quirófano. “Hay una gran demanda social en torno a este tipo de intervenciones, que se va a convertir en un problema”, vaticina Torres.

Al contrario que en otras cirugías, el obeso mórbido que se somete a una operación debe involucrarse activamente en el proceso. De hecho, uno de los estudios del Archives of Surgery demuestra que los pacientes que pierden entre el 5% y el 10% de su exceso de peso corporal antes de operarse se recupera antes de la cirugía y pierde peso más rápido
después.

Más allá de la cirugía

La obesidad mórbida no se ha resuelto cuando el paciente ha superado la operación. Tras la cirugía, para la que existen diversas técnicas, su actitud hará que tenga o no éxito en perder el peso que le sobra. Por esta razón, Torres indica que han de crearse “unidades potentes y serias de tratamiento integral de la obesidad” en toda España.

Entre los beneficios de librarse de la obesidad mórbida está la recuperación de la vida normal. Otro trabajo del Archives of Surgery desvela que los obesos mórbidos son mucho más proclives a volver a trabajar si se operan que si no pueden hacerlo.

Para el jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Madrid San Chinarro, Gontrand López-Nava, cuando se habla de cirugía para la obesidad “hay que pensar en cada paciente”. Este médico es especialista en la técnica del balón intragástrico, que consiste en la inserción en el estómago, con endoscopia, de un dispositivo que se infla y restringe la capacidad de la cavidad mientras está dentro, seis meses, tiempo en el que el paciente debe reeducar, con ayuda de psicólogos, sus hábitos dietéticos.

El balón no está cubierto por la Seguridad Social, “como tampoco lo está el gimnasio”, apunta López-Navas que señala que éste puede ser un método intermedio entre seguir los consejos de un endocrino y entrar en quirófano.

En primera persona - Berta Piñol asegura que la cirugía que le hizo perder 60 kilos cambió su vida

Cuando Berta Piñol tenía 13 años su madre la llevó a un endocrino privado, con muy buena reputación, para intentar que bajara de los 78 kilos que pesaba, excesivos para su 1,50 metros de estatura. “Me dijo que mi obesidad venía por un problema sexual y que debía masturbarme o echarme un novio. Yo sólo tenía 13 años”, cuenta.

Ése fue sólo el primero de una larga serie de especialistas que intentaron detener el aumento de peso que sufría desde que le vino el periodo. “He hecho más dietas que los años que tengo y gran parte de mis problemas han venido del efecto rebote de los distintos regímenes”, explica esta extremeña, ahora con 46 años, que llegó a pesar 180 kilos. Hasta que se operó.

A Berta, la cirugía, una gastropatía, le cambió la vida. Antes de entrar a quirófano no podía, por ejemplo, limpiarse tras ir al baño (“no alcanzaba”), trabajar en su huerta o limpiar determinadas partes de su casa. Además, evitaba ser vista en público y debía descansar tras hacer la más mínima tarea.

“Llegué a preferir morirme para que mi marido se pudiera casar con otra que fuera más ágil y pudiera atender mejor a los niños”, confiesa. Para Berta la obesidad mórbida es “una enfermedad terminal, pero lenta”. Aunque está muy satisfecha con los resultados de su operación (perdió 60 kilos) considera imprescindible el seguimiento, tanto físico como psicológico: “Necesitas cuidados de por vida y también preparación psicológica, ya que mucha gente se cree que la operación es la panacea y no es así, tienes que seguir controlándote.

Además, cuando empiezas a perder peso, te subes a la parra. Somos uno de los colectivos con más divorcios”. Para Berta su ilusión actual es llegar a los 80 kilos. “Lo conseguiré”, asegura.