Lunes, 15 de Octubre de 2007

"Es una enfermedad terminal, pero lenta"

Berta Piñol, presidenta de la Asociación Obesidad, Familia y Entorno (ASoFE) , asegura que la cirugía que le hizo perder 60 kilos cambió su vida.

AINHOA IRIBERRI ·15/10/2007 - 22:24h
Cuando Berta Piñol tenía 13 años su madre la llevó a un endocrino privado, con muy buena reputación, para intentar que bajara de los 78 kilos que pesaba, excesivos para su 1,50 metros de estatura. "Me dijo que mi obesidad venía por un problema sexual y que debía masturbarme o echarme un novio. Yo sólo tenía 13 años", cuenta.


Ése fue sólo el primero de una larga serie de especialistas que intentaron detener el aumento de peso que sufría desde que le vino el periodo. "He hecho más dietas que los años que tengo y gran parte de mis problemas han venido del efecto rebote de los distintos regímenes", explica esta extremeña, ahora con 46 años, que llegó a pesar 180 kilos. Hasta que se operó.

A Berta, la cirugía, una gastropatía, le cambió la vida. Antes de entrar a quirófano no podía, por ejemplo, limpiarse tras ir al baño ("no alcanzaba"), trabajar en su huerta o limpiar determinadas partes de su casa.

Además, evitaba ser vista en público y debía descansar tras hacer la más mínima tarea. "Llegué a preferir morirme para que mi marido se pudiera casar con otra que fuera más ágil y pudiera atender mejor a los niños", confiesa.

Para Berta la obesidad mórbida es "una enfermedad terminal, pero lenta". Aunque está muy satisfecha con los resultados de su operación (perdió 60 kilos) considera imprescindible el seguimiento, tanto físico como psicológico: "Necesitas cuidados de por vida y también preparación psicológica, ya que mucha gente se cree que la operación es la panacea y no es así, tienes que seguir controlándote.

Además, cuando empiezas a perder peso, te subes a la parra. Somos uno de los colectivos con más divorcios". Para Berta su ilusión actual es llegar a los 80 kilos. "Lo conseguiré", asegura.