Martes, 16 de Octubre de 2007

Harold Mooney: "El hombre ha roto la barrera que protege los ecosistemas"

Catedrático de Biología Medioambiental en Stanford (EEUU), alerta del impacto de la invasión de especies en la biodiversidad

MARIA GARCIA DE LA FUENTE ·16/10/2007 - 08:18h

Harold Mooney investiga los efectos del cambio climático. GABRIEL PECOT

Harold Mooney ha estudiado los factores que fomentan la invasión de especies de plantas no indígenas y ha trabajado en diversos ecosistemas, desde los bosques secos a los húmedos tropicales. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias y ha recibido, entre otros, el premio Max Planck a la investigación. En sus conferencias, como la que ayer ofreció en la Fundación BBVA en Madrid, alerta sobre la capacidad humana para cambiar ecosistemas. Investiga en la actualidad la repercusión del cambio climático en los ecosistemas terrestres y cuando se le pregunta sobre la posibilidad de fertilizar los océanos para que absorban CO2, frunce el ceño y apunta el riesgo de que de una buena idea en laboratorio se experimente a ciegas a escala mundial.

¿Por qué se decidió a estudiar los factores que fomentan la invasión de especies?

Un día, en Sudáfrica, observé que había un tipo de pino propio del clima Mediterráneo y me llamó la atención. Decidí estudiar cómo las especies invaden y se desplazan a otros continentes, e incluso se introducen en las reservas y los parques nacionales. La invasión de especies es un problema enorme porque se ha roto la gran barrera que protegía la naturaleza en sus propios ecosistemas, y la ha roto el hombre con el crecimiento de población y con los transportes en barco, coche y avión, que trasladan especies de unas regiones a otras.

¿Cómo está afectando esta invasión?

Los ecosistemas tienden a homogeneizarse. Existen jardines muy bonitos con plantas importadas, pero hay pequeños fragmentos de esa biodiversidad que se escapan y actúan como depredadores, causando graves daños en los ecosistemas. Uno de los problemas principales es el agua: los barcos limpian sus tanques y transportan agua de un mar a otro, llevando consigo muchas especies que conquistan nuevos ecosistemas. Una de las soluciones es que se establezcan filtros y que haya controles exhaustivos en las fronteras, como en Nueva Zelanda y Australia, para evitar las importaciones de especies exóticas, por ejemplo.

¿Cuáles son las causas de estas colonizaciones?

Son principalmente humanas y hay dos: accidentales e intencionadas. Las primeras se producen por el tráfico de barcos o por el aire, y lo peor son los insectos que se introducen asociados a plantas que entran en otros países para la ornamentación de jardines, por ejemplo, o en agricultura. La segunda vía, la intencionada, se convierte en un problema cuando las predicciones fallan, como en el caso de un nuevo cultivo, y causan un gran daño en otras especies.

En sus trabajos en ecosistemas forestales, ¿ha podido comprobar la capacidad de los bosques de absorber CO2?

Es un asunto sobre el que sigue habiendo muchas discusiones. La capacidad de los bosques depende de los nutrientes que poseen y de cómo se mantienen. Sí se sabe que si se tala un bosque entero, se produce una falta de absorción de CO2, pero hay que estudiar, por ejemplo, el impacto que está produciendo la dedicación de terrenos forestales en Brasil al cultivo de grano para alimentación de
ganado en China.

¿Qué impactos está generando la producción de biocombustibles en la biodiversidad?

Me da un poco de miedo el aumento tan fuerte que se está produciendo en esta producción sin el suficiente asesoramiento científico porque existe mucho desconocimiento y hay que contar con los científicos para saber qué efectos van a tener. Es necesario realizar una planificación.

¿Dónde se produce el mayor impacto del cambio climático, en los bosques o en los océanos?

Sobre todo van a padecerlo las economías que dependan más directamente de la agricultura. Pero hemos perdido todos mucho tiempo.

¿Cuál es la primera medida que habría que tomar ante el cambio climático?

La primera debe ser mayor eficiencia energética, porque derrochamos mucha energía y recursos, y la segunda, reducir el consumo. El nivel de consumo no para de aumentar y es preciso cambiar el estilo de vida hacia otro más simple. En 50 años, hemos duplicado la población,
multiplicando por seis la capacidad de consumo y por diez el comercio internacional. Tenemos un planeta para compartirlo entre todos y hay que cuidarlo.

¿Cómo se puede cumplir el Protocolo de Kioto sin EEUU y el post-Kioto, sin China e India?

El Protocolo de Kioto no funcionará si no se unen todos los países. China es una de las grandes potencias, y ha sustituido las bicicletas por los coches e incrementado muchísimo la producción de cemento. Y eso influye en la calidad del aire, un elemento que no tiene fronteras y que afecta a unos países y a otros.

Para preservar los océanos, ¿es una buena solución la creación de reservas?

Las reservas marinas funcionan siempre y cuando se establezcan de acuerdo con los pescadores. Hay que hacerles entender que si no se cuida el océano, cada vez habrá peces más pequeños; mientras que se si crea una reserva, las pesquerías se
recuperan y habrá peces más grandes. Las reservas marinas rotatorias han dado un buen resultado allí
donde se han creado, como por ejemplo en Chile.

¿Qué le parecen las exploraciones de reservas en el Ártico?

Si yo fuera un explorador, estaría encantado, pero creo que abrir nuevas rutas va a tener un impacto enorme porque ya se ha comprobado que el permafrost (capa permanentemente helada) se derrite. Hace 20 años, ya se predijo que habría consecuencias en el Polo Norte.

¿Considera merecido el Premio Nobel de la Paz concedido a Al Gore?

Me alegro muchísimo porque es un político que sabe comunicar y un gran conocedor del cambio climático. Es un premio muy adecuado.