Lunes, 15 de Octubre de 2007

"Menos mal que ocurrió de día"

Isaac Alonso ·15/10/2007 - 17:52h

Las caras largas de quienes lo han perdido todo. Mirada al frente y tragando hiel por dentro. Y esperanza, que es lo último que queda siempre, en que lleguen pronto los peritos a valorar los daños y en que la promesa de un solar para construir nuevas casas sea cierta. Los vecinos de El Verger abren sus moradas. Hasta aquí llegaba el barro, hasta aquí llegaba el agua. En cada puerta una vida que se ha ido con la gota fría.

Casimira, del número 45 de la calle Divina Aurora, invita a entrar. Las marcas del agua llegan casi al techo. Ella ha tenido suerte. Su casa, aunque antigua, es más moderna que las de calle arriba, donde el río se llevó los tabiques medianeros. "Los muebles iban flotando por dentro de la casa, si llego a estar dentro me matan", se lamenta Casimira. Y continúa: "La cama, una de esas antiguas con armazón de hierro, quedó completamente desmontada". Ella se salvó porque la riada le sorprendió en casa de su hija.

"La suerte es que ocurrió de día", relata Casimira. El mismo comentario recorre todo el pueblo. Una señora que va por la calle opina de manera similar: "Si llega a pasar de noche, ésto hubiera sido un desastre". Y mira al cielo, por que empiezan a caer cuatro gotas. Más adelante, una mujer comenta a uno de sus vecino que le está prestando una pala: "Yo estaba en Madrid y todos me decían riendo ¿tú no tienes una casa en El Verger?". La mujer sigue sacando muebles inservibles y barro de dentro de su vivienda.

Barro y cañas. Otro de los motivos de las conversaciones. "Mi primo se fue ayer a pescar y a ocho millas náuticas (unos 16 kilómetros) estaba la línea de cañas, los desperdicios que arrastró la riada". Claro que sólo hay ver los puentes, donde los efectivos de la Unión Militar de Emergencias se afanan embutidos en trajes de neopreno, hacha en mano, en quitar las cañas amontonadas en los pilares del puente.

En Beniarbeig vive Juan Torres Gil. A sus 70 años, campesino de toda la vida, no tiene pelos en la lengua. "Ese de Valencia que dice que habían limpiado el cauce del Girona que venga y me lo diga a mí". "Ese de Valencia" es Manuel Alcalde, Comisario de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Júcar. Juan Torres, con su faja blanca, y su mirada de años de montaña, asegura que "antes con las hojas se daba forraje a los animales, cada cual cortaba sus cañas y luego se quemaban. Ahora ni cortar ni quemar, porque dicen que están protegidas".

Oficina municipal

Los vecinos damnificados por las inundaciones de los últimos días en El Verger acudieron ayer a la oficina abierta por el Ayuntamiento para recibir la primera ayuda de emergencia y para dar parte de sus pérdidas materiales, informa Efe.

En la oficina municipal se está elaborando un registro para cuantificar las pérdidas. Mientras, las brigadas rurales de emergencias continúan ayudando a limpiar las toneladas de barro que se acumulan en calles y viviendas, y el Ejército trata de limpiar el cauce del río Girona para poder restablecer las infraestructuras destruidas en el más breve plazo.

La Cruz Roja ha repartido a los vecinos damnificados por el temporal comida, agua, ropa y productos higiénicos de primera necesidad ya que, según relató el presidente autonómico de la organización, Fernando del Rosario Romero, hay que dar una ayuda "de emergencia" a los perjudicados. Cruz Roja ha montado en El Verger un albergue para dar cobijo a quienes se hayan podido quedar "sin hogar y sin nada" .