Viernes, 11 de Abril de 2008

La respuesta de los árboles a la sequía

Un equipo de investigadores españoles comprueba en pinos y robles los efectos del cambio climático

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·11/04/2008 - 22:05h

El pino resinero (Pinus pinaster) es capaz de desarrollarse tanto en los suelos secos del centro peninsular como en los húmedos del norte. Esta habilidad de adaptación podría estar expresada en los genes. En esa clave trabajan los investigadores del Departamento de Genética de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Para averiguar qué genes en concreto le inducen a sobrevivir en sequía, han colocado plantas de Pinus pinaster, de unos 20 centímetros de altura, en cultivos de agua (sin suelo), y han aplicado un compuesto que actúa como esponja líquida.

"El objetivo es ver qué genes expresan las plantas al inducirles la sequía frente a las de control y una vez identificados, se verá si expresan lo mismo en árboles adultos", explica Álvaro Soto, de la UPM. Se eligió el pino resinero dada su adaptación a diversidad de suelos, temperaturas y precipitaciones. Una especie idónea para analizar la sequía, una de las primeras consecuencias del cambio climático. También se comprobará si actúan los mismos genes en las regiones del centro y norte peninsular. El proyecto forma parte de la Red EVOLTREE, que integra a 25 grupos de investigación de 15 países europeos y pretende analizar el impacto del cambio climático, además de estudiar la evolución de los árboles.

Otra especie que sufre el estrés hídrico es el roble. Las investigaciones de la UPM han concluido que el roble melojo (Quercus petraea) es capaz de aguantar más la escasez de agua y de luz que el roble albar (Quercus robur). "En condiciones de umbría asociada a escasez de agua, como por ejemplo con un dosel arbóreo muy tupido, el melojo aguanta mejor la competencia para poder crecer", indica Soto. Para analizar la iluminación que llega a todas las zonas de los robles y estudiar su disponibilidad de luz, los investigadores instalaron una torre de 20 metros en el bosque de robles, en el noreste de Madrid.

El Hayedo de Montejo goza de buena salud

Brezos, robles, abedules, serbales y, por supuesto, hayas. El Hayedo de Montejo, en el límite entre Madrid y Guadalajara, es uno de los bosques de hayas más meridionales de la Península. El crecimiento de estos árboles es posible gracias al microclima generado por los vientos de aire húmedo que se condensan en las laderas y al paso del todavía limpio río Jarama.

Las investigaciones realizadas a lo largo de los últimos 15 años por el Departamento de Genética de la Escuela de Ingenieros de Montes (UPM) han concluido que las hayas se han expandido, ya que no ha habido escasez de agua. El haya es una especie muy agresiva, explica Álvaro Soto, de la UPM; elimina la competencia disponiendo sus hojas en horizontal para captar la máxima cantidad de luz posible y no deja pasar ni un rayo, por lo que es difícil que debajo de sus ramas crezca otra especie.