Martes, 8 de Abril de 2008

La revolución empezó con ellas

Natalia Menéndez estrena ‘Las cuñadas', de Michel Tremblay, una obra sobre el despertar de las mujeres en los sesenta

PAULA CORROTO ·08/04/2008 - 22:18h

PÚBLICO - Las mujeres comenzaron la revolución entre los muebles de sus propias casas.

"Hace 40 años había muchos más motivos para ser una mujer desesperada. ¿O es normal pedir permiso al hombre para tener un pasaporte?". Así contesta la directora Natalia Menéndez cuando se le pregunta por el símil entre la popular serie televisiva y la obra Las cuñadas, de Michel Tremblay, que estrena mañana en el Teatro Español de Madrid. E insiste: "Sí, de acuerdo, son mujeres y son de barrio, pero cuando Tremblay escribió la obra era 1968".

Exacto. Los sesenta. Nada de siglo XXI. Aquél era el tiempo de la minifalda, los Beatles, la música ye-ye, la envidia por Jackie Kennedy, el Seiscientos y la colección de los cupones Spar. Pero también una década donde la mujer prácticamente vivía en la cocina con la única compañía de la radio y del resto de vecinas, igual de oprimidas. Claro que fue ahí donde también empezó su revolución.

Bragas de los 60

Al menos, así la recuerda Itziar Pascual, encargada de traducir directamente el texto al castellano desde el joual -dialecto quebequés en el que Tremblay escribió la obra- y de adaptar el lugar canadiense en el que el dramaturgo situó el montaje original al madrileño barrio de Chamberí en el año 1965. "Quise respetar la cercanía, el humor y la oralidad de la obra", se excusa Pascual. Y sí, hay technicolor y tiro alto -incluso las bragas son de los años 60, tal y como las ha elaborado Ivonne Blake-, pero también muchos matices en blanco y negro.

Homenaje a la actriz

Quince artistas se han encargado de dar vida a los personajes que creó Tremblay. "Todo un homenaje a la figura de la actriz", resalta la directora. Quince mujeres entre las que destacan Julieta Serrano, Lola Casamayor, Trinidad Iglesias o las televisivas Teresa Hurtado de Ory y Lorena Verdún. Todas ellas han tenido que aprender a bailar y cantar -una licencia castellana-  de la mano de Mónica Runde, quien asegura que las coreografías "son el único momento en el que los personajes son un poquito amigas". Las canciones, por otra parte, han ido de la mano de Luis Miguel Cobos, quien ha buceado "en todo mi imaginario sonoro de la infancia".

Este texto, que no es realismo costumbrista, tal y como especifica Natalia Menéndez, sino que se compone de retazos de realidad, aborda mucho más que el simple flash coral de una barriada cualquiera. "A mí el texto me sedujo por cómo habla de las envidias y los sueños. Aquí se muestra claramente lo difícil que es asumir la suerte de alguien", apunta Menéndez. Mucho más si lo que se ha logrado son los cupones para el gran descuento.

Las cuñadas, una comedia dramática, tal y como la denominó el propio Tremblay,  es un retrato de "una revolución silenciosa que hoy nos ha llevado hasta donde estamos", recuerda Menéndez. Quizá ahí el símil con las mujeres de Wisteria Lane no resulte tan bizarro, ya que, como apostilla Iztiar Pascual, "aún perviven huellas, como la religión, el consumo como único ideal o la opresión sexual". Aún queda mucho por cambiar. D

En tres minutos: Natalia Menéndez, directora de teatro

«Las mujeres vamos de frente»

1. Michel Tremblay retrató a las mujeres de su barrio en 1968. ¿Por qué entonces adaptar el texto a Madrid? 

Es verdad que Canadá y España no tenían nada que ver, pero Quebéc no es Canadá. Es una provincia francófona donde imperaba la religión católica y las mujeres estaban igual de oprimidas que aquí.

2. ¿Qué sociedad era aquella?

Una en la que las mujeres iniciaron una revolución tranquila y se pusieron como modelo a Jackie Kennedy, que no es más que el brote de consumismo que se dio en la época. Ahora también lo tenemos, pero el referente es Victoria Beckham, con lo que hemos bajado en nivel cultural y saber estar.

3. Tremblay se une a Almodóvar o Cukor como retratista de mujeres.

Sí, es que yo creo que se acercan a la mujer desde otra perspectiva, y la sacan de un realismo costumbrista que no es real. Creo que aportan una mirada muy divertida.

4. ¿Por qué cuando se habla de un grupo de mujeres suele salir la palabra envidia?

No creo que seamos más envidiosas que el hombre. Lo que ocurre es que vamos más de frente y tenemos menos pudor para decir las cosas.