Domingo, 6 de Abril de 2008

La lesbiana expulsada de su hermandad dice que no la separarán de su pueblo ni de su Virgen

EFE ·06/04/2008 - 19:52h

EFE - El párroco de Abenojar, Federico Serrano (d), momentos antes de oficiar la misa tras la romería de la Virgen de la Encarnación, donde numerosos vecinos han respaldado a María Rey Santos, la lesbiana expulsada de la hernmandad de la Virgen de la Encarnación de Abenojar, por considerar que su conducta ha sido "manifiestamnete escandalosa", al contraer matrimonio con su novia.

María Rey Santos, la lesbiana de 54 años expulsada de la Hermandad de la Virgen de la Encarnación de Abenójar (Ciudad Real) por considerar el Obispado que su conducta ha sido "manifiestamente escandalosa", ha dicho hoy que esta decisión "no me va a separar ni de mi pueblo, ni de mi Virgen".

María Rey Santos, que hoy ha recibido el apoyo mayoritario de los vecinos de este municipio ciudadrealeño durante la celebración de la romería en honor de la patrona de Abenójar, la Virgen de la Encarnación, ha pedido hoy a la Iglesia que cambie "de una vez, si quiere unir en vez de separar a los cristianos".

Esta mujer ha explicado a Efe que es necesario un cambio "maduro en la Iglesia del siglo XXI" que no permita que existan exclusiones por motivos como los que a ella le han obligado a dejar su hermandad religiosa.

Numerosos vecinos de Abenójar, municipio de algo más de 1.600 habitantes localizado al sureste de la provincia de Ciudad Real, han mostrado su apoyo a María con camisetas alusivas a la situación que vive, en las que se podía leer el lema "Encarnación sin discriminación".

La romería, que ha transcurrido sin incidentes, estuvo marcada por la decisión adoptada por el Obispado de Ciudad Real, a instancias del párroco de Abenójar, Federico Serrano, de expulsar a esta mujer de la hermandad de la patrona del municipio después de que se casar con otra mujer con la que convivía hacía más de quince años, algo que las autoridades religiosas tildan de conducta "escandalosa".

El párroco de este municipio, acompañado de Álvaro González, cura del municipio cercano de Navacerrada, y del vicario general de la Diócesis de Ciudad Real, Miguel Esparza, quien precisamente firmó el escrito de expulsión de María, fueron los encargados de oficiar la misa en honor de la Virgen de la Encarnación.

En la homilía no se hizo ninguna referencia directa a lo ocurrido con María Rey y tan sólo el párroco, en unas breves palabras, hizo un llamamiento a que este día de romería fuera "un día de convivencia, que muestre nuestra unión con Dios y manifieste bien claro lo que somos".

Tras la celebración religiosa, el párroco ha manifestado a los periodistas que no quería decir nada sobre la expulsión de María Rey de la hermandad y ha añadido que lo que piensa prefiere guardarlo para él, "en mi corazón".

El vicario general de la Diócesis de Ciudad Real, Miguel Esparza, mantuvo una actitud similar a la del sacerdote y eludió realizar cualquier tipo de comentario.

María Rey expresó su emoción por el apoyo que sus vecinos de Abenójar le han expresado a lo largo de toda la jornada festiva.

Su pareja, Dulce Fernández, ha lamentado lo que le está pasando a María y ha insistido en que el papel de la Iglesia debe ser el de "unir y no separar".

Algunas amigas de María, como Marta Espada y Juana González, que vestían camisetas de apoyo, ha manifestado que se sienten "fastidiadas" por la situación que le ha tocado vivir a su amiga.

Marta Espada ha recordado la admiración que María Rey siempre ha tenido por la Virgen de la Encarnación, "de la que es gran devota", y ha lamentado que por "motivos ya superados" le hayan obligado a abandonar la hermandad de la que llegó a ser vicesecretaria.

Juana González, por su parte, ha dicho que con esta decisión la Iglesia lo que ha pretendido es "señalar con el dedo a María" y ha lamentado que sus responsables no vayan a ser capaces de dar marcha atrás, al tiempo que ha señalado que la jerarquía eclesiástica debería "procurar buscar más adeptos que enemigos".

Por último, Benita Rey, quien fuera presidenta de la Hermandad de la Virgen de la Encarnación hasta que dimitió tras la decisión del Obispado de Ciudad Real, ha manifestado que las cofradías "no tienen que servir ni para discriminar ni para juzgar a las personas, sino para acercar a la gente a la Iglesia".