Viernes, 4 de Abril de 2008

Vivos después de 23 días náufragos

Un mercante rescata en Canarias a dos marineros desaparecidos en Cádiz el pasado 13 de marzo

PAZ BERNAL / DIEGO BARCALA ·04/04/2008 - 20:58h

Jennifer Quevedo, de 35 años, mantenía ayer la serenidad a pesar de acabar de conocer que su padre, de 61, naúfrago desde hace 23 días, había sido rescatado: "Sabía que estaban vivos", declaró a través de una llamada telefónica. "Cuándo hable con el viejo sabré qué les pasó". Hasta ayer sólo se sabía que José Quevedo perdió la comunicación con su familia el pasado 13 de marzo, el mismo día en que zarpó a bordo del "Saulo" junto al capitán Cristo Rey Herrera, de 70 años, desde el puerto de Barbate (Cádiz) con la intención de alcanzar las islas Canarias.

El buque mercante de bandera chipriota "Poutouremon" avistó ayer el barco de apenas diez metros de eslora con los dos tripulantes sedientos y hambrientos tras pasar ocho días sin agua ni comida, como declararon por la radio del buque al personal de Salvamento Marítimo. El yate de recreo se encontraba a 160 millas al sur de Tenerife. Un helicóptero acudió a su rescate para llevarlos a un hospital en Las Palmas de Gran Canaria.

El primer capitán encalló

José Quevedo tenía claro que iba a dedicar su jubilación a una de sus pasiones, la pesca de bajura. Según Roberto González, el portavoz de la familia, Quevedo compró el Saulo a través de Internet gracias a un préstamo. Su intención era contratar a un capitán que llevara el barco desde Torrevieja (Alicante), dónde compró el yate, hasta el puerto de Las Palmas. Así lo hizo, pero la travesía comenzó con el viento en contra. El capitán encalló en la playa de Zahara de los Atunes y Quevedo se vio obligado a despedirlo.

En el puerto de Barbate, en Cádiz, contrató a otro capitán, Cristo Rey Herrera, también canario. El veterano marinero viajó a la península desde Las Palmas para encontrarse con Quevedo, quien ya había provisto de varios bidones de combustible al Saulo. A las ocho de la mañana del 13 de marzo zarparon con el aviso a la familia de que llamarían cada 100 millas. Sin embargo, desaparecieron por completo y la familia de Quevedo denunció la desaparición del barco cuatro días después.

No más de 12 millas

Las dimensiones de la embarcación y sus características son algunos de los datos que quedan por esclarecer. Según Jennifer, se trata de un barco de recreo de apenas diez metros de eslora. José Quevedo cuenta con una licencia para practicar la pesca de bajura.

Las primeras investigaciones indican que el barco no contaba con las prestaciones suficientes para alejarse de la costa más de 12 millas y menos para una travesía desde la península hasta las Canarias.

La familia hizo incluso varios llamamientos a través de los medios de comunicación para denunciar una supuesta falta de investigación por parte de la Guardia Civil y Salvamento Marítimo. Tampoco ayudó la falta de apoyo prestado por el establecimiento de Torrevieja que vendió a Quevedo la embarcación. Durante varios días, Jennifer intentó sin éxito contactar con ellos, por lo que llegó a sospechar también de un posible complot contra su padre.

A pesar del final feliz, Jennifer aún desconfiaba ayer de las investigaciones emprendidas por las fuerzas de seguridad. "Yo estaba ya investigando por mi cuenta". Una de las tesis que barajaba la familia apuntaba a un posible abordaje en plena alta mar. La pista que llevó a Jennifer a pensar en esta hipótesis llegó de Torrevieja, donde su padre había comprado el barco. El dueño anterior de la embarcación, que se la vendió por Internet a José Quevedo, lo sugirió y ellos se agarraron a esta teoría como un clavo ardiendo.

Finalmente, cuando se recuperen totalmente del naufragio, podrán contar cómo sobrevivieron a una aventura de 23 días a la deriva en alta mar.