Sábado, 13 de Octubre de 2007

"La única forma de fomentar el arte es compartirlo"

El creador de Blubster, programa español de intercambio de archivos más descargado de la historia está inmerso en un proyecto llamado 'Omemo', un sistema que promete revolucionar la forma en la que los usuarios comparten archivos

BLANCA SALVATIERRA ·13/10/2007 - 16:51h

Pablo Soto, creador de los programas P2P Blubster y Omemo

Pablo Soto vive en el mismo edificio donde tiene la oficina de su empresa, Manolito P2P. En el año 2000, esta compañía lanzó 'Blubster', el que se convirtió en el programa español de intercambio de archivos más descargado de la historia, con 10 millones de usuarios. Ahora, Soto está inmerso en un proyecto llamado 'Omemo', un sistema que promete revolucionar la forma en la que los usuarios comparten archivos. Un cuadro llamado First Maps of The Internet preside la entrada de la oficina, delatando cuál es la mayor afición de este madrileño, de 27 años, y a la que ahora se dedica por completo. Soto se retrasa. La noche anterior trabajó hasta muy tarde. "Como casi siempre...", apunta uno de sus colaboradores.

¿Qué estudió?

Básicamente, nada. La primera vez que fui a la Universidad fue para impartir unas clases.

¿Y cómo empezó con la informática?

Cuando era pequeño, uno de mis hermanos tenía ordenador. Pero fue después, ya sin ordenador, cuando aprendí informática. Me leía los manuales en mi casa y cuando tenía un PC cerca, aprovechaba para aprender lo que había leído.

Su primer trabajo fue como camarero a los 16 años. ¿Cómo pasó a tener su propia empresa?

Fueron muchos saltos pequeños. El siguiente trabajo fue de informático. De ahí pasé a otra empresa y después, a una multinacional, ya con una responsabilidad importante. Me cambié de trabajo muy rápido y muchas veces; no me sentía útil trabajando sin inventar nada nuevo. Entonces, decidí dejarlo y montar mi empresa. Ni siquiera tenía un proyecto cuando lo hice.

Es músico y diseña programas de intercambio P2P, ¿es consciente de que para muchos estas dos labores no son compatibles?

Sí, pero esa idea se tiene gracias a las campañas de publicidad que hacen las entidades gestoras de derechos de autor. No sólo soy músico, también tengo mi propia discográfica, Blubster Records. El negocio de la música es una cosa y el acceso a la cultura, otra muy distinta. Me parece bien que la industria defienda sus ingresos, pero la única forma de defender el arte es compartiéndolo con la gente. El objetivo que tengo como músico es que lo que hago guste a la gente y cuanta más gente lo disfrute, mejor. Naturalmente, tienes que comer, pero eso se consigue tocando en un escenario. Por desgracia, sólo viven bien de sus conciertos aquellos artistas a los que apoya una gran discográfica. Si eso cambia, hay mucho dinero para los músicos que tocan en directo.

Cuando cerró Napster, ‘Blubster' empezó a subir en número de usuarios. ¿Cómo se sintió?

Me quedé alucinado. De la noche a la mañana, lo empezaron a descargar millones de personas. Me marché a EEUU y allí monté lo que considero que es un efecto secundario de Blubster. En EEUU, no hay derecho a copia privada, lo que se materializa en que, en este momento, hay unas 40.000 personas denunciadas por descargar archivos de Internet. No tienen ánimo de lucro, pero eso allí no importa. Monté un lobby cuya idea inicial era intentar educar a los legisladores americanos, que conocen muy poco sobre cómo funciona este tema en Europa, sobre la importancia de la propiedad intelectual, priorizando el acceso global a la cultura. Pero lo que yo pensaba que iba a ser educación para el legislador, se trataba en realidad de financiación a los partidos. Había unido a todas las empresas creadoras de programas P2P y al final lo que hacíamos era poner dinero en un saco para dárselo a los políticos. Todo era legal, pero no demasiado moral.

Millones de usuarios descargaron ‘Blubster'. ¿Qué fue de él?

Aquello fue un capítulo, no vamos a estar lanzando nuevas versiones de 'Blubster' toda la vida. Por eso he creado Omemo; hay muchas ideas nuevas que se pueden llevar a la práctica.

¿Cuántas horas trabaja?

No lo sé... muchísimas. Duermo cinco horas y suelo comer, así que creo que trabajo unas 18 horas.

¿Y la culpa la tiene 'Omemo'?

Sí. Es un lanzamiento por partes. La primera beta se empezó a distribuir hace tres meses. Tenemos una versión que puede probarse bajo registro y en la que se pueden votar los archivos manualmente. En 'Omemo', cuando un usuario comparte un porcentaje de su disco duro, comparte espacio libre. El programa, básicamente, lo que hace es unir cada uno de los espacios que comparten los usuarios creando un disco duro gigante, vacío. Posteriormente, la gente selecciona un archivo y lo comparte en ese disco virtual. Los archivos se almacenan en un espacio que realmente no existe en la máquina de ninguno porque está en la de todos. Cuando se copia un archivo a 'Omemo', se divide en paquetes pequeños y cada parte se replica en la red tantas veces como pueda. De esa forma, cuando un usuario necesite un archivo, el programa buscará qué pequeños paquetes lo conforman y lo descargará.

¿Por qué un usuario debería utilizarlo?

'Omemo' resuelve problemas que el usuario ni siquiera sabe que tiene y ofrece posibilidades que no existen en otros programas P2P. Publicar contenidos fácilmente, protegerlos con una contraseña y acceder a ellos desde cualquier sitio, acceder a una biblioteca llena de archivos, hacer un historial de versiones o descargar contenidos abiertos de la red Omemo son sólo algunas de sus prestaciones. Si un usuario entra en 'Omemo' y nos facilita su correo electrónico, le mandaremos una invitación para que pruebe el sistema.

¿Cómo se gana dinero con un programa gratuito?

Con 'Omemo', no gano dinero; pero con 'Blubster', sí tuve ingresos. Se obtienen beneficios a través de la publicidad. El ánimo de lucro no tiene nada que ver con la distribución de un medio mediante el cual se puede hacer una comunicación pública. Lo único que comunicamos nosotros es 'Blubster' u 'Omemo'. Mi empresa no se lucra cuando alguien comparte algo. Tendría que ser el usuario que descarga un archivo el que intentase ganar dinero con él para que hubiera ánimo de lucro por su parte.

¿Ha tenido algún problema con la justicia?

Llevo esperando a las entidades de gestión españolas varios años y nunca se comunican conmigo porque saben que no pueden hacer nada contra mí. Lo sé porque estoy en contacto con ellos, ya que también tengo una discográfica. Lo que sí me han llegado son amenazas en forma de requerimiento. Hace cinco años, recibí una notificación de
Agedi, el brazo español de la IFPI, que es el brazo internacional de la RIAA. Contesté y nunca más volví a saber de ellos. En España, me llamarán pirata, pero soy consciente de que, con la ley en la mano, no tienen nada que hacer.

¿Qué espera del lanzamiento definitivo de ‘Omemo'?

Va a ser la bomba. 'Blubster' ya fue una revolución y 'Omemo' está en una magnitud muy superior. En aproximadamente un mes, cualquier usuario podrá entrar en Omemo.com y descargarlo.