Sábado, 13 de Octubre de 2007

Eduardo Jordá asegura que Burundi le resulta más familiar que Menorca

EFE ·13/10/2007 - 13:56h

EFE - El escritor mallorquín afincado en Sevilla Eduardo Jordá, ganador del último Premio Málaga de Novela, dotado con 24.000 euros, con una obra ambientada en África, durante una entrevista con Efe en la que asegura que Burundi es un país que le resulta mucho más familiar que Menorca. EFE

El escritor mallorquín afincado en Sevilla Eduardo Jordá, ganador del último Premio Málaga de Novela, dotado con 24.000 euros, con una obra ambientada en África, asegura que "aunque parezca raro, Burundi es un país que me resulta mucho más familiar que Menorca".

"Mi padre es médico y fue durante muchos años a Burundi como cooperante voluntario, sin cobrar, dicho sea de paso, a diferencia de los voluntarios de las ONG; desde que yo tenía doce años he visto pasar por mi casa a médicos y a políticos y a monjas de Burundi y, cuando hablaba con ellos, siempre notaba que se negaban a hablar de su país, hasta que fui descubriendo el horror de las matanzas y los enfrentamientos entre hutus y tutsis", explicó en una entrevista con Efe.

Hasta el título de la novela ganadora de esta edición del premio, al que han concurrido sesenta originales, "Pregúntale a la noche", está sacado de un proverbio de Burundi: "Si quieres saber lo que ocurre durante la noche, pregúntale a la noche".

El escritor recordó que en 1982, en un periodo de relativa calma, visitó Burundi con su padre y que "en el latido inicial de esta novela está en una visita a un misionero mallorquín, Jaume Moragues, que vivía en una misión perdida en el interior del país, en Bukirasazi, pero he hecho que mi misionero sea belga para evitar malentendidos y suspicacias".

"Todo lo que cuento es imaginario, aunque algunos personajes están inspirados en personas reales", aseguró, para añadir: "Mi amigo Miquel Parets también fue misionero en Burundi durante treinta años, aunque lo expulsaron en los años ochenta por oponerse a la dictadura de los tutsis, y ahora es capellán de la prisión limeña de Lurigancho".

"Miquel Parets me contó cosas de Burundi que he incorporado a la novela, aunque mi personaje es mucho más contradictorio y más cobarde que Miquel", añadió para explicar su inclinación por "los personajes complejos y contradictorios, que puedan parecernos a la vez admirables y despreciables, porque sólo estos personajes pueden resultar convincentes cuando aparecen en una novela."

Contra esta inclinación suya señaló que en España, "por desgracia, nos gustan demasiado las novelas de buenos y malos, como demuestran el noventa por ciento de las novelas sobre la Guerra Civil".

También dijo que le gustan "las novelas que tengan trama, personajes y emoción, es decir, un buen ritmo narrativo y una gran densidad psicológica, además de un buen grado de poesía, que no es sensiblería ni hinchazón retórica, sino una mirada piadosa sobre los personajes y las cosas que se cuentan", como, por ejemplo, "la mirada de Galdós, la mirada de Conrad, la mirada de Scott Fitzgerald".

En cuanto a los personajes, mostró sus preferencias por "los que estén alejados de nuestra experiencia vital; en España, casi todos los personajes novelescos son cultos, de clase media y viven en condiciones muy parecidas a como vive el propio escritor, y eso me parece una limitación."

"Yo soy agnóstico y siempre he estudiado en colegios laicos, pero mi protagonista es un misionero que vive rodeado de curas y monjas en un país de África Central que muy poca gente sabría situar en un mapa", explicó para insistir en que "con la vida de gente así se puede escribir una trama tan compleja como una novela de Joseph Conrad o de Henry James, que son algunos de mis escritores favoritos".