Sábado, 13 de Octubre de 2007

"Me insultan, pero por lo menos no me cuelgan en una plaza"

Olivia Carballar ·13/10/2007 - 11:55h
La cumbre que celebró la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) cerró sus puertas con una apuesta por la educación como vía para acabar con la islamofobia. Pero también con la sombra de haber ninguneado la voz de los colectivos gays.
"¿Por qué un dios tiene que impedir que me case como dios manda?". A Sulaiman (nombre ficticio), como a cualquier otra persona, le gustaría encontrar pronto una pareja. También como a cualquiera, a Sulaiman le encantaría contraer matrimonio. Y, como a casi todo el mundo que lo hace, a Sulaiman le haría ilusión que el día de su boda fuese el más feliz de su vida. Sin embargo, y pese a ser como todos, Sulaiman no puede disfrutar de sus sueños como el resto porque a la sociedad que le rodea no le da la gana: lleva 36 años viviendo en un barrio musulmán de Ceuta -desde que nació- y es un fiel practicante del Islam.
Su único ‘problema' es que la religión que profesa detesta que a los hombres les gusten los hombres. Y a Sulaiman le fascinan. Por eso, no puede decir abiertamente que es homosexual ni sentirse orgulloso de ser "la mariquita" de la barriada. "A mi madre se lo conté hace nada, el verano pasado, y me tuve que ir de casa porque le sentó como un tiro. Una de mis hermanas, que está casada y tiene hijos, ni siquiera lo sabe. Y mucho mejor porque no lo entendería", cuenta a Público. Tampoco lo digiere la gente que le ha tirado huevos, piedras y toneladas de insultos a la cara: "Es que, aunque no lo digo, porque si no me matarían, yo soy afeminado y tengo pluma, entonces se nota", explica. Y, sin apenas descanso, suelta una risa entristecida porque su suerte, al menos, es mejor que la que corren los gays "que son colgados en las plazas de muchos países árabes". El pasado 10 de julio, el Gobierno iraní condenó a muerte a 20 personas por violación, adulterio y homosexualidad. Siete países más incluyen la pena capital por este último motivo: Afganistán, Arabia Saudí, Mauritania, Pakistán, Sudán, Yemen y estados del norte de Nigeria.
"Un día, iba tan tranquilo por la calle y vino un adolescente y me dio una patada como si se creyera el más valiente del mundo, y no sabe que para mí los homófobos son unos cobardes", grita este "buscavidas", como se define, pese a estar cansado de trabajar durante todo el día.
Su voz se pierde cuando recuerda al chico canario del que se enamoró en un chat: "No le llegué a conocer físicamente. Era cristiano. Pero eso no era ningún problema. Lo que pasa es que yo no tenía dinero para ir a visitarlo y se terminó". Está claro que la historia personal de Sulaiman, socio de la Federación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Ceuta, es única, pero Sulaiman no es el único musulmán homosexual del barrio. "Hay muchos -asegura-, aunque todos están dentro del armario".