Miércoles, 2 de Abril de 2008

Los serbios de Kosovo empiezan a resistir a las presiones de Belgrado

En algunas municipalidades mixtas, como Novobërdë/Novo Brdo, las dos etnias conviven en paz a pesar del boicot que Belgrado quiere imponer a los serbios que trabajan en la Administración y la Policía en Kosovo.

GUILLEM SANS MORA ·02/04/2008 - 20:46h

Una joven recibe al ministro serbio para Kosovo a su llegada el lunes a las aldeas serbias de Novobërdë/Novo Brdo. RICARDO MARQUINA

Por una carretera de tierra se accede a Novobërdë/Novo Brdo, uno de los municipios más pobres de Kosovo. Está situado a 40 kilómetros al sureste de Pristina, y es el mejor ejemplo de una comunidad en la que albaneses y serbios quieren seguir conviviendo en paz. Como sucede en el resto de municipios mixtos de Kosovo, Belgrado boicotea aquí a las Administraciones municipales y a la Policía. Presiona a los serbios que trabajaban ejemplarmente integrados en ella para que no acudan a trabajar.

Pero los serbios, el 39 por ciento de la población, empiezan a resistir a las presiones en esta municipalidad compuesta por diez aldeas. Con la condición de que se respete su anonimato, algunos expresan su intención de volver a trabajar a partir de la semana que viene.

"Nuestras puertas han estado, están y estarán abiertas", dice el alcalde, el albanés Bajrush Ymeri, muy popular porque se ha ganado la confianza de los serbios visitando a las familias casa por casa para traerles comida. El médico del ambulatorio, Krahim Veliu, es albanés y la mayoría de sus pacientes son ancianos serbios. El pasado 17 de febrero, los albaneses se concentraron en una de las aldeas para celebrar la independencia, y el alcalde les pidió que no dispararan al aire.

"Un apretón de manos es mejor que mil balas", dice. Los serbios volvieron al Ayuntamiento al día siguiente para decirle al alcalde que no sabían si irían a trabajar en los próximos días. Al final, decidieron no ir. Si Belgrado paga sueldos dobles a sus funcionarios de Mitrovica y los enclaves serbios del norte para que permanezcan en Kosovo, los de Novobërdë/Novo Brdo reciben pagos por no ir a trabajar y boicotear así la Administración municipal.

Lo mismo sucede con la Policía. La municipalidad tenía un comandante serbio y, a pesar de que los albaneses son mayoría, nadie se había quejado. En la comandancia de la vecina ciudad de Gjilan, el jefe del Servicio de Policía de Kosovo (KPS), Ismet Hashani, asegura que los agentes serbios, que cobran 248 euros al mes, han llegado a recibir tres pagas para permanecer fuera de servicio. Pero además, "los boicoteadores les amenazan con que les pasará algo si pasan la frontera serbia. Todos tienen familia, amigos o propiedades en Serbia".

Serbia sigue presionando

Hashani conoce bien a sus policías serbios y se muestra optimista: "Han cobrado sus sueldos hasta marzo. No tienen ningún motivo particular para abandonar el servicio. Estoy seguro de que volverán, porque estoy en contacto con ellos y sé que sufren una gran presión". El ministro serbio para Kosovo, Slobodan Samardzic, visitó el lunes pasado las aldeas serbias de la municipalidad y se reunió con los empleados y policías que habían abandonado el servicio para convencerles de que mantuvieran el boicot. Las reuniones se celebran en escuelas. En Bostome, los alumnos reciben al ministro con la misma canción patriótica que entonan los manifestates contrarios a la independencia en Mitrovica Norte, y le ofrecen dulces a la entrada del edificio.

Tras una hora y media de reunión, el ministro les asegura que los pagos serán regulares. "También les ofreceremos asistencia y créditos agrarios en buenas condiciones", promete en unas breves declaraciones a la puerta del colegio. El alcalde Ymeri tiene claro qué ha venido a hacer Samardzic: "Todo lo que hemos construido en ocho años, el ministro viene a destruirlo".

Ymeri no entiende la política de Belgrado. El alcalde quiere mantener a los serbios en la Administración y seguir el plan del enviado especial de la ONU Martti Ahtisaari, que el Gobierno del primer ministro kosovar, Hashim Thaçi, aceptó como condición previa para lograr la independencia. Pero el plan declara Novobërdë/Novo Brdo como municipalidad serbia, ampliando de 10 a 24 el número de aldeas que pertenecen al término. De este modo, surge la paradoja de que el alcalde albanés de Novobërdë/Novo Brdo quiere aplicar un plan que para él supondrá dejar de ser alcalde. Una segunda paradoja es que Belgrado boicotea a unos serbokosovares que en realidad sacarían buen provecho de la situación.

La comunidad internacional no cree que albaneses y serbios sean capaces de convivir en paz en Kosovo. De modo similar a la partición de Bosnia y Herzegovina en dos entidades separadas, una serbia y otra croata-musulmana, el plan Ahtisaari supone una división física de las dos principales etnias del país. Novobërdë/Novo Brdo estará en medio de un corredor que va desde Kamenica, en la frontera serbia, hasta Gracanica, cerca de Pristina.

Una difícil convivencia étnica

La comunidad internacional propugna una sociedad multiétnica, imposible de construir dividiendo físicamente a las etnias", explica en Pristina Albin Kurti, líder del movimiento estudiantil Vetëvendosje ("Autodeterminación"), crítico con la presencia internacional en Kosovo. Aplicar el plan Ahtisaari supondría que los albaneses, el 90% de la población, cederían casi un tercio del territorio kosovar a los serbios, que representan sólo alrededor de un 6%.

Ahtisaari ensancha los límites de Novobërdë/Novo Brdo hasta una carretera que hoy está dentro de la ciudad de Gjilan, que ha ido creciendo en los últimos años. Para muchos vecinos de estos alrededores, eso supondrá que el Ayuntamiento al que hasta ahora iban a pie a hacer sus recados estará de repente a 20 kilómetros. Fatmir, asistente de Ymeri, ve en ello un ejemplo de que el de Ahtisaari es un plan hecho con tiralíneas en un despacho. "Está claro que no vinieron a ver el terreno. Pusieron el límite aquí porque vieron una carretera en el mapa. Si llega a haber un río, ése sería el límite".