Viernes, 12 de Octubre de 2007

La dictadura de los genes en la elección de la pareja

Papamoscas y lemures tienen poco que decir a la hora de decidir con quién procrean. Su material genético se asegura de que elijan la mejor pareja posible.

DANIEL MEDIAVILLA ·12/10/2007 - 22:23h

Las hembras del lemur enano de cola gorda (Cheirogaleus medius) viven emparejadas con el mismo macho durante toda su vida, pero le engañan regularmente -eso sí, por el bien genético de sus pequeños-, y cuando eligen a otro lemur para un devaneo extraconyugal, no miran ni el grosor del apéndice ni el tamaño del bicho. Simplemente se dejan llevar por sus genes.

Un grupo alemán de científicos del Instituto Leibnitz para el estudio de Animales Salvajes de Berlín ha descubierto que la hembra del lemur elige a su pareja en función de sus genes MHC, los que determinan, también en los humanos, la capacidad de un individuo para defenderse de enfermedades y, por otro lado, su olor corporal.

En realidad, el sistema funciona como una especie de detector de medias naranjas. Gracias a él, los lemures pueden encontrar la pareja más apropiada sin tener que romperse la cabeza con problemas de afinidad.

El estudio indica que las hembras, tanto para elegir un compañero ocasional como para escoger al padre de sus hijos, prefieren a los machos con una colección de genes sanos tan diferentes de los suyos como sea posible, fomentando así una beneficiosa diversidad genética.

Gusto por la diferencia

Los científicos observaron además que los machos que más infidelidades sufrían eran aquellos cuyo supertipo MHC era más parecido al de su pareja.

Ellas, o más bien sus genes, poco amantes de la monotonía, salen en esos casos a buscar fuera de casa la diversidad que no encuentran dentro.

Otros dos animales que por culpa de sus genes no podrían asegurar el día de su boda que consienten libre y voluntariamente, sin ser coaccionados, son el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) y el papamoscas collarino (Ficedula albicollis).

Un estudio de la Universidad de Uppsala (Suecia) recién publicado en Science demuestra por qué las hembras de estas dos especies suelen elegir como pareja a machos que se parecen a sus padres.

Los investigadores descubrieron que el gen que determina la preferencia sexual de estos pájaros se encuentra en un cromosoma heredado del padre del que sólo las hembras tienen una copia.

Podría parecer que este mecanismo es un reflejo biológico del común deseo paterno de que la chica encuentre un compañero apropiado -y quién más apropiado que uno mismo-, pero no es así. Tiene que ver, como en el caso de los lemures, con el apetito de diversidad.

Hace miles de años, cerrojillos y collarinos formaban parte de una misma especie, pero durante la última glaciación se separaron, se adaptaron a distintos entornos y se diferenciaron.

Ahora vuelven a estar juntos y como tampoco estuvieron tanto tiempo alejados, aún pueden tener hijos juntos.

Si las hembras decidiesen emparejarse con machos de la otra especie, al cabo de un tiempo collarinos y cerrojillos se unirían de nuevo en una sola. Y esto no conviene a la naturaleza.

Los investigadores creen que esta barrera genética transmitida de padres a hijas puede ser una pauta general que explique cómo se forman y perduran las nuevas especies.

Ni los lemures enanos de cola gorda ni los papamoscas tienen mucho que decir a la hora de elegir pareja. Para eso están sus genes, que saben mejor qué les conviene.