Viernes, 12 de Octubre de 2007

Pitos sin respeto

Los gritos contra Zapatero despreciaron el dolor de las familias de los soldados homenajeados

DIEGO BARCALA / MADRID ·12/10/2007 - 21:27h

Una oración religiosa por los soldados muertos en las misiones españolas en Líbano y Afganistán fue lo único que calló a los alborotadores contra el Gobierno socialista situados junto a las tribunas de invitados en el desfile militar de ayer, en la Fiesta Nacional. A los lados de las gradas oficiales, donde se acumulaban los mayores grupos de banderas españolas, algunas de ellas franquistas, se escucharon pitos y gritos de ¡Zapatero dimisión!, ¡Fuera, fuera!, como ya ocurrió en años anteriores.

Ni la presencia del Rey, ni de las familias de los últimos soldados fallecidos, ni el silencio respetuoso de la mayoría de los asistentes en el momento del homenaje a "los que dieron su vida por España", acalló los pitos cuando el monarca, Zapatero y los presidentes de las cámaras, cruzaron el paseo de la Castellana para hacer una ofrenda floral. En una de las tribunal oficiales, donde se sentaron Mariano Rajoy, presidente del PP, junto al ex presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo y al portavoz del PSOE en el Congreso, Diego López Garrido, los pitos provocaron una seriedad generalizada. Sólo Enrique Múgica, defensor del Pueblo, miró hacia su derecha con gesto preocupado de sorpresa.

Malestar en el Ejecutivo

Miembros del Gobierno manifestaron su malestar, en la recepción posterior que la Familia Real ofreció en el Palacio de Oriente, "por el momento" elegido por los ruidosos. Los familiares de los homenajeados lloraban a escasos metros del lugar elegido para la honra de sus allegados. Los folloneros aprovecharon el silencio, sin el menor respeto, para montar la algarabía.

A quienes buscaba la mirada de Múgica era a un grupo de un centenar de personas apostadas frente a la Biblioteca Nacional. Enfundado en banderas rojas y amarillas, ese colectivo fue el último en abandonar el desfile. Esperaron a que pasara el coche oficial del presidente del Gobierno para terminar su misión opositora. Gritaban jóvenes de clase acomodada, al menos por su indumentaria, codo con codo con derechistas con el brazo en alto abrigados con banderas franquistas. Algunos jubilados con adornos españoles completaron la orquesta agitadora.

Evitar los abucheos

A excepción de ocasiones anteriores, Zapatero acudió a la vez que la Familia Real, cuando todo su Gobierno, a excepción de la ministra de Medio Ambiente, de viaje en China, ya habían llegado. Eligió la calle de Génova, detrás de las tribunas, para llegar a la plaza de Colón. Otros años accedió por la Castellana donde fue abucheado. Consiguió, con esta estrategia, saludar a los monarcas sin escuchar reproches.
El Rey saludó a todos los presidentes autonómicos presentes y se detuvo en Miguel -Angel Revilla, jefe del Gobierno de Cantabria, quien había desvelado hace unos días el malestar del monarca con las críticas recibidas desde una emisora conservadora.

Homenaje a la ONU

Cerca de 5.000 militares participaron en el desfile que sirvió de homenaje a los cascos azules de la ONU, representados por abanderados de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL). También ondeó la enseña de EE UU como anfitrión de la sede de las Naciones Unidas.
El himno inició la exhibición que despertó los mayores aplausos con las marcha de la Legión. Tres paracaidistas bajaron la bandera antes de que comenzara el desfile aéreo. El Ejército exhibió 86 aeronaves, con la presencia destacada de un avión radar de la OTAN que participó por primera vez.

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