Martes, 1 de Abril de 2008

La lucha contra el cáncer en la lista de la compra

El médico David Servan-Schreiber explica en ‘Anticáncer’ el papel de la comida en la prevención

AINHOA GOÑI ·01/04/2008 - 21:19h

Gabriel Pecot - El médico y escritor David Servan-Schreiber, después de la entrevista.

David Servan-Schreiber es, además de autor de libros de divulgación, neurólogo y psiquiatra. Conoce bien el cáncer. Como médico ha diagnosticado muchas veces distintas enfermedades, incluidas neoplasias. Como paciente ha sobrevivido a un tumor cerebral y a una posterior recaída. La primera vez que trató su enfermedad se centró en los tratamientos tradicionales de quimioterapia y radioterapia. Siete años más tarde, cuando su cáncer se reprodujo, decidió poner todo lo que estaba en su mano para ayudar a los tratamientos convencionales.

De aquella lucha nació Anticáncer. Una nueva forma de vida (Espasa-Calpe). “Cuando nos diagnostican un cáncer, los pacientes nos centramos en el tratamiento, pero me di cuenta de que yo también podía ayudarme a mí mismo, controlando qué comía y contando con el apoyo de mi familia y de otras personas que estuviesen viviendo una experiencia parecida”, recuerda.

El autor dedicó muchos meses a estudiar y recopilar publicaciones científicas sobre cáncer, entrevistar a los investigadores más punteros y analizar terapias complementarias, no sustitutivas (de hecho, advierte del peligro de confiar en “charlatanes” que se alejen de las terapias convencionales), basadas en los alimentos y la vida sana. “Se cree que tener cáncer es una ruleta rusa, o sólo genética, pero tiene mucho que ver con nuestro estilo de vida, no es una casualidad que la población de los países más ricos sea la que más enferma de cáncer”, advierte Servan.

Los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud le dan la razón. La población de los países occidentales más industrializados es la que más sufre el cáncer. Bélgica, Alemania, Suiza y Estados Unidos se sitúan a la cabeza de la lista. Aunque los expertos atribuyen esta mayor incidencia al envejecimiento de la población (el cáncer es una enfermedad más común en personas mayores), Servan-Schreiber destaca tres factores que han alterado el mundo en los últimos 50 años: la adición a la alimentación de grandes cantidades de azúcar sumamente refinado; los cambios en los métodos agrícolas y ganaderos y, como consecuencia de esto, una transformación de los alimentos, que han incorporado una gran cantidad de productos químicos que no existían antes de 1940.

El autor recoge que si bien hoy en día todo el mundo sabe que es bueno comer frutas y verduras, en general no se sabe qué tipo de alimento ayuda a qué proceso, salvo en casos muy típicos, como que la vitamina C de las naranjas es buena para los resfriados. Explica que la clave de la alimentación está en el equilibro. Defiende que un alimento no es malo en sí mismo y subraya que el problema radica en que muchas personas sólo comen carne y nunca prueban otras cosas.

El libro recoge las conclusiones de numerosos estudios sobre las propiedades de muchos alimentos, desde los antiinflamatorios y los que estimulan el sistema inmune hasta los que provocan la muerte de las células cancerígenas, publicados en las principales revistas científicas internacionales, como Nature y Science.
En Anticáncer subraya cinco consejos fáciles de seguir, aunque poca gente lo hace, que reducen hasta cuatro veces la posibilidad de desarrollar un cáncer, porque fortalecen el cuerpo y aumentan las defensas naturales. Bastaría con realizar 30 minutos de ejercicio al día o tener un trabajo activo, no fumar, no beber más de dos vasos de vino en una jornada y comer cinco piezas de fruta al día.

Atención al paciente

Además de instar a los pacientes a seguir el tratamiento al pie de la letra, cada vez más médicos apelan al papel de la familia o de las terapias de grupo como parte de la recuperación del enfermo. “Hace 30 años, por ejemplo, cuando un oncólogo hablaba con una paciente con cáncer de mama, se centraba únicamente en explicarle el tratamiento, pero, en muchos casos, no le decía a la mujer que podía perder el pelo o engordar más de 10 kilos, porque no le daban importancia a esas cosas. Hoy eso es impensable, ya que los médicos hemos entendido que para muchos enfermos esos cambios físicos son la peor parte del proceso”, cuenta el especialista.

Servan-Schreiber planea ahora crear una fundación para financiar estudios científicos en cualquier parte del mundo. La única condición será que aborden la relación entre nutrición, ejercicio o procesos psicológicos y el cáncer. “Son estudios a los que hasta ahora no se les ha hecho mucho caso, porque no implican una patente, un beneficio económico directo”, asegura. El libro cuenta que desarrollar un medicamento anticáncer cuesta entre 500 y 1.000 millones de dólares; lo mismo que puede reportar luego anualmente en beneficios a la empresa propietaria de la patente. Pero la inversión no es rentable para demostrar la utilidad del brécol, de las frambuesas o del té verde, que no se pueden patentar.

Algunos alimentos saludables y sus propiedades

‘Anticáncer’, el libro de David Servan-Schreiber, se ha editado ya en 34 países. En Francia, país de origen del autor, se agotaron las existencias de cúrcuma pocas semanas después de su salida. Éstas son algunas propuestas de alimentación saludable incluidas en este trabajo de divulgación.

Té verde japonés: Es rico en polifenoles, que reducen el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, necesarios para el desarrollo del tumor y para la metástasis.

Cúrcuma: el antiinflamatorio más potente que se conoce , ayuda a estimular la muerte de las células cancerígenas (en la imagen, cúrcuma molida).

Jengibre: antiinflamatorio y antioxidante, actúa contra determinadas células cancerosas.

La col y el brécol: contienen sulforafano e indo-3-carbinoles, dos moléculas que son capaces de eliminar ciertas sustancias cancerígenas.

Ajo, cebolla, puerro, chalota y cebolleta: sus compuestos de azufre promueven la muerte celular en muchos tipos de cáncer y además regulan los niveles de azúcar en sangre, lo que repercute en la reducción del crecimiento de las células cancerígenas.

Zanahorias, ñame, batata, calabacín amarillo, calabaza: contienen vitamina A y licopeno, que inhiben el crecimiento de las células cancerosas.

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