Jueves, 11 de Octubre de 2007

La vida sin sexo es posible durante 80 millones de años

Un animal microscópico sobrevive a la evolución a pesar de su reproducción asexuada

JAVIER YANES ·11/10/2007 - 21:34h

Cuatro imágenes de un rotífero. C. BOSCHETTI/A. TUNNACLIFFE

No es cuestión de necesidades fisiológicas, sino evolutivas. El sexo sirve a las especies para expresar una diversidad genética que les permite sobrevivir en su entorno, competir mediante la adaptación y ganar la carrera a los cambios del medio que a lo largo del tiempo amenazan su existencia. Por este motivo, los científicos asumen que los animales que se limitan a modalidades de reproducción asexual tienen un negro futuro en la lucha evolutiva, pues, tarde o temprano, su capacidad de variación no podrá sobrellevar los caprichos de un medio cambiante.

Hasta ahora. El rotífero deloide Adineta ricciae, un microscópico animalillo con forma de copa, parece haber solventado el inconveniente. No en vano ha habitado la Tierra durante los últimos 80 millones de años, mientras que los sofisticados Homo sapiens apenas pueden presumir de unos 150.000 años de vida.

El rotífero es un superviviente vocacional. Vive en charcos de agua dulce, pero es capaz de sostener periodos de desecación prolongados, enquistándose hasta que la humedad regresa y le permite de nuevo lanzarse a nadar.

Científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), con la colaboración de la Universidad francesa de Angers y del Instituto Max Planck de Alemania, han identificado un ingenioso sistema que permite al rotífero diversificarse genéticamente sin recurrir a la reproducción sexual. El estudio aparece publicado hoy en Science.

Mientras que los animales sexuales disponen de dos copias ligeramente distintas de cada gen –materna y paterna–, con funciones redundantes, la estrategia de Adineta consiste en aprovechar al máximo sus recursos: a partir de dos copias de un gen implicado en el blindaje contra la sequía, logra diferenciarlas lo suficiente para que cumplan dos misiones distintas: una protege sus proteínas, mientras otra cuida la membrana. Un ejemplo perfecto del viejo refrán: si la vida te da limones, haz limonada.