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Lunes, 17 de Marzo de 2008

Blair estaba dispuesto a reunirse con la cúpula del IRA en 2000

Su jefe de gabinete revela en un libro que el objetivo de la cita era forzar el desarme de la banda.

LOURDES GÓMEZ ·17/03/2008 - 10:47h

EFE - El ex primer ministro Tony Blair se ofreció a entrevistarse en secreto con los líderes del IRA , según revela el que fue su jefe de gabinete, Jonathan Powell, en un libro.

En 2000 ya no quedaba un preso del IRA en la cárcel. El proceso de paz del Ulster, sin embargo, se estancaba ante la negativa de la organización a entregar las armas. Tony Blair estaba dispuesto a casi todo.

El que fuera su jefe de gabinete durante doce años, Jonathan Powell, acaba de revelar en el libro Great Hatred, Little Room algunos de los detalles más sorprendentes del proceso, en especial cuando Blair hizo una inesperada propuesta al brazo político del IRA.

Blair quiso profundizar aún más en el diálogo con los republicanos convencido de que "su notable poder de persuasión triunfaría". Según Powell, el primer ministro pidió en varias ocasiones a Gerry Adams, líder del Sinn Fein, que le condujera hasta la cúpula del IRA, el Consejo Militar. Quería persuadirles de que había llegado el momento del desarme.

"El IRA era una organización proscrita y no podíamos hablar con sus líderes. Sabíamos, por supuesto, que algunos líderes del Sinn Fein con los que estábamos hablando eran también líderes del IRA", reconoce el jefe de gabinete de Blair. Adams no se negó, pero dio largas al principio y luego convenció a Blair de que no era una buena decisión. En el fondo, hubiera desautorizado a los líderes del Sinn Fein.

No era ningún secreto que Adams y McGuinness formaban parte del Consejo Militar. Sólo ellos "podían persuadir al liderazgo del IRA", cuenta Powell en su libro. Tony Blair estrechó por primera vez la mano de Gerry Adams a los seis meses de la victoria laborista, en 1997, en un encuentro en el recinto gubernamental de Stormont, Belfast. Blair saludó personalmente a toda la delegación republicana. Sus asesores se ahorraron el gesto.

Arsenal íntegro

La reunión se celebró el 13 de octubre con la segunda tregua del IRA aún fresca y con la organización armada en poder de todo su arsenal.

Era la primera vez desde la partición política de la isla de Irlanda, en 1921, que un primer ministro británico se entrevistaba públicamente con el liderazgo del movimiento republicano. Acompañando a Adams estaba su principal negociador en el proceso de paz, Martin McGuinness, y miembros de su círculo de colaboradores como Siobhan O'Hanlon que, según Powell, "había sido una líder terrorista".

"Fue una reunión larga en simbolismo y ligera en sustancia", añade el asesor a quien Blair encomendó el día a día de las negociaciones sobre Irlanda del Norte. En sucesivos encuentros, incluido uno en Downing Street, ambas partes expusieron sus distintas bazas.

Blair exigió el compromiso de los republicanos con la vía democrática y les advirtió de que no intervendría para persuadir a los protestantes de la reunificación de Irlanda. Sinn Fein recordó que estaban ante un "problema político, no de seguridad" y que evitar la escisión del movimiento republicano era un objetivo fundamental. "No querían crear un Hamás irlandés", explica Powell.

De sus contactos con Sinn Fein, Blair extrajo la conclusión de que Adams aceptaría una solución política que hacía imposible la unificación de Irlanda. El Acuerdo de Viernes Santo, del que se cumple su décimo aniversario, ratifica la partición de Irlanda al garantizar el derecho de autodeterminación "concurrente y con el consentimiento" de ambas
poblaciones de la isla.

Un visionario con tendencia a cambiar de opinión 

Visionario e inspirador, pero también dubitativo y falto de coraje. Jonathan Powell presenta una íntima radiografía de su ex jefe, Tony Blair, a partir de sus experiencias en Downing Street. Es el único asesor no electo que conservó el anterior primer ministro en sus diez años al frente del Gobierno británico. Tony era el visionario, el que daba la cara, la persona inspiradora", explica en una entrevista con The Guardian con ocasión de la publicación por entregas de su libro.

Powell era la mano derecha de Blair, la sombra que proyectaba la visión gubernamental y ejecutaba cada estrategia del primer ministro, incluidas conversaciones secretas, incluso en el baño de Downing Street, con los líderes republicanos Gerry Adams y Martin McGuinness. Otro conflicto, el de Irak, a punto estuvo de costarle el divorcio. "Me sometían a un juicio como criminal de guerra cada noche cuando regresaba a casa. Mi mujer fue a la manifestación (en contra de la guerra) e intentó movilizarme a mí también", confiesa.

Obviamente, se mantuvo fiel al primer ministro y se abstuvo de sacar las pancartas a la calle. De esa controvertida fase, al ocaso de la era Blair, Powell achaca a su jefe "que no fuera suficientemente duro con la gente". También le irritaba la tendencia de Blair a "cambiar de opinión" una vez tomada una decisión.

Critica la falta de coraje de todo el equipo laborista que llegó al poder con una aplastante mayoría parlamentaria. Les preocupaba durar una sola legislatura y, según explica, la prioridad era "no gastar todo nuestro capital político". Powell destaca de Blair que no fuera capaz de alterar el sentimiento antieuropeo de los británicos y, aun así, defiende su candidatura para ser el primer presidente de la UE.

De la mercurial relación entre los arquitectos del neolaborismo, Blair y el actual primer ministro Gordon Brown, desvela un sugerente detalle: Brown no le saludó en ninguna ocasión durante los diez años que ambos se cruzaron en los pasillos de Downing Street. Actuaban como una pareja destinada al divorcio: amor, odio y abundantes peleas
verbales