Miércoles, 10 de Octubre de 2007

Jordi Soler regresa a los exiliados

Paula Corroto ·10/10/2007 - 20:32h
El mexicano Jordi Soler ha vuelto con su nuevo libro La última hora del último día (RBA) a la temática que ya le sirvió de eje argumental en Los rojos de ultramar: los exiliados españoles en México. Atrás han quedado ya sus historias y cuentos de raíz urbana donde mezclaba las actitudes de los jóvenes con la música que programaba en la estación de radio de la que era director, Rock 101.
 
Jordi se ha hecho mayor, pero según él hay buenas razones para cambiar su estilo: "Lo que más me interesa de la literatura es la posibilidad de experimentar con el lenguaje. En Los rojos... busqué una forma novedosa de narrar y en esta ocasión, me di cuenta de que la selva de La Portuguesa es un lugar muy narrable. Asimismo, me parecía una forma de mostrar un ambiente rural de una manera muy distinta a como se ha presentado siempre en la literatura mexicana", explica.

Por supuesto, también existe otro interés muy particular para convertir la tragedia del exilio en argumentos de sus novelas: Su familia la vivió en carne propia. "Mi abuelo fue un joven de 19 años que abandonó España al caer la República. Llegó a Veracruz y se dio cuenta de que tendría que vivir allí, que realmente nunca iba a poder regresar a España, que es lo que pensó cuando se marchó. Me parece una historia muy triste y la mejor manera de racionalizarla ha sido convertirla en novela. De ahí parten tanto Los rojos de ultramar como La última hora del último día", sostiene.

Los exiliados de segunda
Otro de los propósitos del mexicano ha sido mostrar los dos tipos de exilio que hubo en México. Por un lado, el de primera clase, que ocupaba a los políticos y escritores como Max Aub o Rafael Alberti, "que lo que hicieron fue continuar con su vida de intelectuales en otro país", apunta Soler, y el exilio de segunda clase, "que es el de mi familia, trabajadores que huyeron de la República sin dinero y siendo muy jóvenes. Éstos fueron los que nunca regresaron", añade el escritor.

Precisamente, estas razones son las que hacen de Soler un escritor independiente dentro de la narrativa latinoamericana, algo de lo que se siente orgulloso: "A mí no me gusta eso de las generaciones. Este oficio siempre es individual", puntualiza.