Archivo de Público
Jueves, 13 de Marzo de 2008

Delirios de grandeza

Albert Speer, el arquitecto de Adolf Hitler, ideó la construcción de una Alemania utópica con planes urbanísticos que nunca llegaron a hacerse realidad

GUILLEM SANS MORA ·13/03/2008 - 22:15h

Albert Speer, el influyente arquitecto de Hitler, frente a su proyecto 'Germania'.

Albert Speer sigue siendo para mucha gente "el arquitecto de Hitler" y el ambicioso autor del mastodóntico proyecto Germania, la faraónica remodelación de la ciudad de Berlín que nunca pudo realizarse. Ésta es, sin embargo, una percepción errónea, alimentada por el propio Speer, quien, tras ser condenado a 20 años de cárcel en los Juicios de Nuremberg, dedicó el resto de su vida a cultivar la imagen de idealista engañado por los nazis.

Pero en Alemania, años de investigaciones concluyeron que el arquitecto fue un nazi arribista, y que estaba al tanto de los planes de exterminio de los judíos. Justo lo que él había negado durante toda su vida.

El lado oscuro del poder

Speer procedía de una familia de la burguesía de Mannheim, donde nació en 1905. Se entusiasmó con Hitler tras asistir a un discurso en el parque berlinés de Hasenheide y, en 1933, el Führer le confió el diseño de las construcciones del Reich.

Después, en 1937, Hitler le nombró "inspector general de construcciones" y le encargó el proyecto Germania, una especie de "capital del mundo", con avenidas monumentales y un "gran pabellón" con una cúpula de 290 metros, más alta que la del Vaticano. "Berlín es una gran ciudad, pero no es una metrópolis. ¡Mire París, la ciudad más hermosa del mundo! ¡O incluso Viena! Pero Berlín no es más que una acumulación desordenada de construcciones. Tenemos que superar a París y Viena", dejó escrito el propio Adolf Hitler.

Después, en 1943, el Führer  nombró a Speer ministro de Armamento. El arquitecto de Mannheim fue responsable de suministrar el material de construcción para los campos. Además, dos empleados le soplaron qué estaba pensado en Auschwitz y asistió en Poznan (Polonia) a un discurso en el que Himmler habló abiertamente del exterminio judío.

Pero no sólo eso. A Speer se le considera también responsable de la destrucción de su propio país. Estando la guerra perdida, Hitler dio la famosa orden de Nerón, es decir, destruir por completo Alemania y los territorios occidentales ocupados. Speer asegura que se opuso a cumplirla, y la negativa animó al dictador a continuar luchando inútilmente. Una decisión que, pese a todo, costó millones de vidas y la destrucción completa de ciudades alemanas por las bombas aliadas.

‘Germania', de capital mundial a sueño irrealizable

Mañana se inaugura en Berlín la exposición ‘El mito de Germania. Huellas y sombras de la capital imperial', que recrea los planes de Hitler y Speer para Berlín. Además de la citada cúpula gigante, el proyecto incluía un arco de triunfo para una victoria que nunca llegó. En cualquier caso, con el paso de los años, la figura de Speer se ha reajustado en Alemania. Gracias a documentales y series de televisión, su victimista imagen de arquitecto idealista ha ido palideciendo en los últimos años ante su responsabilidad en la máquina de matar puesta en funcionamiento por los nazis.