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Miércoles, 12 de Marzo de 2008

Todo lo que los humanos llaman arte

Londres expone una muestra sobre cómo los marcianos verían la obra de los artistas contemporáneos.

LOURDES GÓMEZ ·12/03/2008 - 17:09h

PÚBLICO - Maurizio Cattelan y su interpretación ‘popera’ y transgresora del pintor Pablo Picasso.

Qué llamaría la atención de un marciano en su primera visita al planeta Tierra? ¿Qué representaciones artísticas de los últimos cincuenta años enviaría de vuelta a Marte? En ambas premisas se fundamenta la nueva exposición del centro Barbican, que reúne en su sede de Londres unos 200 trabajos de un centenar de creadores de vanguardia bajo el título: Museo marciano de arte terrestre.

Sin una gota de pintura y con abundantes fotografías, reproducciones en papel e instalaciones audiovisuales y escultóricas, la muestra remueve los cimientos del arte contemporáneo, cuestionando su significado y la abusiva hegemonía de occidente en el mundo creativo.

Este marciano desconoce la historia del arte. Nunca ha oído hablar de cultura. En su ingenuidad, trata los objetos seleccionados como artefactos creados con una función específica, ya sea real o simbólica. Es el sucesor del imaginario antropólogo del espacio sideral que pretende hacer un inventario de "todo lo que los humanos llaman arte", según cuenta Thierry de Duve en su obra Kant after Duchamp.

El marciano somos nosotros

En su misión al planeta Barbican, el extraterrestre representa al público inexperto e incrédulo del significado y valor del arte que ha surgido desde mediados del siglo pasado. "Es una metáfora que nos da la oportunidad de observar el arte contemporáneo desde una perspectiva inusual, dando pie a cierta confusión en su interpretación y dejando que cada visitante extraiga sus propias conclusiones", explica la comisaria de la muestra, Lydia Yee.

Sacados de su contexto original, estos "artefactos" adquieren nuevos significados. "Lo mismo sucede cuando obras de otras culturas entran en museos y colecciones occidentales. Las interpretamos con nuestro adquirido poso histórico cultural", añade Yee.

También nuestro concepto visual del extraterrestre ha influido en la selección de determinadas piezas expuestas en Londres. De Andy Warhol se exhiben dos serigrafías de Mao en tonos azulados, violetas y verduscos que, según la comisaria, "son versiones extrañas donde predominan los colores que asociamos al cuerpo de un marciano".

En otra sección de la galería, una figura robótica, con aspecto de buda espacial, vigila amenazante al visitante en la instalación de Haim Steinbach, C3PO-7.

La mierda del artista

Ingenuo y divertido resulta el recorrido por este curioso Museo Marciano. Transporta al visitante hacia una simulada antigüedad entre macabras reliquias y a través de un laberinto de tótems -el de Brian Jungen está construido con bolsas de golf- hasta dar de bruces con la cruda realidad de la Mierda del Artista, la famosa lata con los excrementos del italiano Piero
Manzoni.

"Es difícil establecer por qué se considera arte este subproducto del sistema digestivo humano", dice la nota que acompaña  la pieza. Entre tanto se abre un entramado de relaciones artísticas en obras con explícitos homenajes a desaparecidos maestros e iconos. Es el caso de Maurizio Cattelan, Picasso y Lichtenstein; Kurt Cobain y Warhol, en el  autorretrato fotográfico de Douglas Gordon.

La interconexión del arte y la capacidad del artista para jugar con el sentido del medio son los puntos fuertes de la exploración del Barbican. En Horizontes, Iron Aranberri reproduce las esculturas de Eduardo Chillida en unos banderines de gran carga política. Joseph Beuys hace florecer un árbol con brotes de bombillas y Cornelia Parker marca en mapas de Londres los bocados abiertos por una invasión de
meteoritos.

Pero, quizá nada refleja mejor la magia del poder de persuasión del arte como el mítico Un Roble, de Michael Craig-Martin. Simplemente, con un vaso de agua sobre una repisa de cristal, y un cuestionario complementario, el artista norteamericano resuelve la tarea de dar
vida al árbol.

Hay mucho por descubrir entre las doscientas piezas del Museo marciano de arte terrestre. La positiva respuesta del centenar de artistas representados -Richard Hamilton, Damian Hirst, Cerith Wyn Evans, Bruce Nauman, Sigmar Polker, entre ellos- sorprendió a los comisarios del Barbican londinense.

"Su reacción fue realmente inspiradora. Aceptaron, sin apenas cuestionárselo, participar en esta alocada exposición. Corrían un riesgo enorme pues sus obras podrían malinterpretarse en un contexto tan extraño. Pero les gustó la idea, lo cual fue una señal clara de que caminábamos por el buen sendero", celebra la comisaria Yee.