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Lunes, 10 de Marzo de 2008

Con un canto en los dientes

ERNESTO EKAIZER ·10/03/2008 - 08:01h

Simpatizantes socialistas celebran la victoria en las elecciones generales ante la sede del PSOE de la calle Ferraz, en Madrid. EFE

Antes que nada, hay que evocar, una vez más, la anécdota de Ana Botella el 14 de marzo de 2004. Ya estaba en la madrileña calle de Génova con su marido, José María Aznar, y el que iba a ser el candidato perdedor, Mariano Rajoy, y se seguían los resultados. Cuando a ella y a su marido les dijeron un dato, todo había quedado claro. En 2004, tras abandonar el Palacio de la Moncloa, Ana Botella lo contó cuando le preguntaron cuándo supo que el PP perdía esas elecciones. "¿Perdido, perdido? Cuando nos dieron el dato de participación de Catalunya".

Pues mira por dónde, cuatro años después, a pesar del Carmel, de los trenes de Cercanías, del AVE y el rechazo de la ministra de Fomento, a pesar de todo esto, los catalanes han dado la victoria a José Luis Rodrígez Zapatero, esta vez con una fuerte participación pero también con un avance de cuatro escaños para el PSC.

La política de cuña no consiguió la abstención de los votantes del PSOE 

A la luz de los resultados de ayer, se puede asumir que Gabriel Elorriaga llevaba básicamente razón. Fue él quien se convirtió de hecho en uno de los grandes protagonistas de la campaña electoral cuando reveló el plan del PP para ganar las elecciones. El secretario de Comunicación del PP dijo, en el meridiano de la batalla al diario Financial Times, lo que ya es una frase muy popular: "Toda nuestra estrategia se centra en sembrar dudas en los votantes socialistas, sabemos que nunca nos van a votar, pero si logramos crear suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los nacionalismos, quizás se queden en casa".

¿Por qué? Porque, según Elorriaga, "será complicado incrementar nuestros votos. El PP tiene una imagen muy de derechas en este momento. Nuestro propios votantes se consideran más de centro que el PP". Por contra, el PSOE tiene, decía, un margen muy amplio de crecimiento. "Pero sus votantes son menos disciplinados que los nuestros. "Nosotros estamos diciendo a los votantes socialistas que su Gobierno no está aportando soluciones a sus problemas. El resultado electoral depende del impacto de ese mensaje", explicó Elorriaga.

El PP ha subido en votos, pero no lo suficiente como para conseguir la remontada que necesitaba, lo cual no le ha impedido, por el sistema electoral vigente, avanzar cinco escaños. Los beneficios de la gran participación no han sido exclusivos de una fuerza política. Han sido transversales, lo cual se advierte con claridad en la Comunidad de Madrid, donde el PP se ha superado a sí mismo.

La mayor participación con beneficio para los socialistas tuvo lugar en Catalunya 

Pero la mayor participación con beneficio para los socialistas, en línea con los peores presagios del PP, ha tenido lugar, como se ha apuntado antes, en Catalunya. Ya el lleno en el Palau Sant Jordi con Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero había sido un simbólico anuncio. Pero como el presidente del PSC, José Montilla, tocaba madera, nadie se abandonó a la euforia. El resultado es que Catalunya volvió, en las circunstancias más cruciales, a ser el granero socialista.

Aun cuando Rodríguez Zapatero ha conseguido una victoria menor a la que él esperaba -en la línea de los 172-175 diputados, según fuentes consultadas-, se trata de una hazaña política de primera magnitud. El candidato socialista acudió a la campaña electoral como el que se presenta a su primer mandato, no como aquél que aspira a la reelección. ¿Por qué? Porque tuvo que abandonar una parte sustancial de su estrategia, que se hundió junto con el proceso de negociación con la banda terrorista ETA. Lo que iba a ser la guinda de la legislatura amenazó con echarlo todo a perder.

Rodríguez Zapatero, por otro lado, tuvo que centrar su discurso. No se vio más claro que en el tema del aborto. Cuando ya parecía que se iba a deslizar a favor de incluir en esta campaña la reforma de la ley, ante la presión de los colectivos de mujeres, echó el freno de mano y lo postergó para la nueva legislatura. El candidato socialista comprendió que tenía necesidad de capturar votos más allá de las fronteras de la izquierda. Entre otras cosas, porque pensó, con razón a la luz de los resultados, que los votos fieles ya los iba tener.

El PP había mantenido a lo largo de toda la legislatura una política de polarización extrema. Esto sólo servía para cohesionar a sus votantes. Pero como ha explicado Elorriaga, sus posibilidades de crecer en número de votos era limitada. Y los socialistas no se iban a enganchar al PP. Por esta razón, el PP utilizó asuntos para poner en práctica lo que se llama la política de cuña, algo muy distinto de la polarización.

La política de cuña busca reunir al electorado tradicional al tiempo que dividir al adversario. Para ello usó la desaceleración económica presentándola como una inminente catástrofe y, ligada a ella, el fantasma de la inmigración. Tiene miga. Porque éste es el país en el que la inmigración ha sido la fuente del milagro económico español de los últimos diez años. Y es el país donde incluso con un atentado como el del 11-M de por medio, la sociedad no ha exhibido ningún rasgo ni brote xenófobo.

España ya tiene un bipartidismo a la americana 

El planteamiento de la inmigración "para sembrar dudas" a fin de que el votante socialista al menos se quedase en casa, según la versión de Elorriaga, fue una apuesta audaz, que introdujo un verdadero quebradero de cabeza en el estado mayor socialista. Pero en fin de cuentas la política de cuña, aun cuando ha podido cosechar votos, no consiguió lo que el PP quería, la abstención de los votantes socialistas. O, en el caso, como parece, de haberse producido, una importante deserción respecto a 2004, ésta ha sido cubierta por otros votos de izquierda y nacionalistas ante el temor de una victoria del PP.

La política de polarización ha llevado finalmente a la reacción de los votantes socialistas. Y sobre todo hay que subrayar que esa política ha facilitado el voto útil a favor del PSOE, el de unos 300.000 electores de IU y otros tantos de ERC. Rodríguez Zapatero se puede dar con un canto en los dientes. Su contador está ahora a cero. En cierto modo ha capitalizado por segunda vez los errores del PP. En marzo de 2004 Aznar convocó la manifestación del viernes 12 de marzo para apoyar a su Gobierno y partido. Esa manifestación fue la base de la victoria electoral de Rodríguez Zapatero. Fue una manifestación que propulsó los votos contra el PP dos días más tarde.

El 9-M ha venido a pasar algo parecido. La polarización, la campaña negatívisima del PP obligó a los electores socialistas a movilizarse y a la izquierda a optar entre Rodríguez Zapatero y Rajoy. España, en este sentido, ya tiene el bipartidismo a la americana del partido Demócrata y del partido Republicano.