Miércoles, 10 de Octubre de 2007

Etruscos, legado milenario de seducción y enigmas

La civilización alcanzó en el siglo VII a.C. un sorprendente nivel de esplendor en todo el Mediterráneo

JESÚS CENTENO ·10/10/2007 - 19:42h

"¿Qué fueron los etruscos sino piratas de la más vil estirpe que aparecían con sus naves de presa allá donde los colonizadores helenos fijaron sus residencias, dispuestos a extender la cultura?", se preguntaba el historiador griego Heródoto. Los etruscos, la cultura más influyente en el desarrollo histórico de la Península Itálica durante el primer milenio a. C., suscitaron la envidia de sus contemporáneos y la admiración de la gente que hoy observa sus frescos y esculturas. Su origen es uno de los mayores misterios de la Historia antigua y, en su sociedad, las mujeres tenían casi tanto peso como los hombres. Aunque su cultura estaba influida por los griegos, su idioma es anterior a las lenguas indoeuropeas. Alcanzó tal nivel de desarrollo y una civilización tan refinada que los historiadores no han dudado en calificar al fenómeno como el milagro etrusco.

Los reyes del Mediterráneo

Los investigadores parecen haber demostrado que los etruscos proceden de Lidia, una antigua región al oeste de la península de Anatolia, en las provincias turcas de Izmir y Manisa. En el siglo IX a.C., bajo el mando de Tirreno, escaparon de la hambruna y se establecieron en Volterra. Allí heredaron la cultura de Vilanova e importaron costumbres orientales.

"Tuvieron grandes encontronazos con los griegos, con los que compartieron, con el tiempo, su religión y su cultura", explica Federico Lara Peinado, autor de Los Etruscos (Cátedra). Su mundo alcanzó el esplendor en el siglo VII a.C, cuando se convirtieron en una de las grandes y ricas potencias del Mediterráneo. Traficaron con productos agrícolas, marfil, telas, piedras preciosas y materias primas de todas partes del mundo. Sus barcos blandían "enormes arañas de oro o pulpos gigantes como emblemas", relata Heródoto en el primero de sus Nueve libros de la Historia. Inventaron la trompeta de guerra, idearon insignias de honor y construyeron puentes y canales.

Tras años de encuentros y desencuentros con fenicios, cartagineses, umbros, sabinos y galos, el poder etrusco fue desafiado y reducido en torno al siglo V. Cartago se había convertido en una seria amenaza y la Etruria se alió con su eterno rival, Roma. Los lazos entre ambos pueblos se fortalecieron en el siglo I a.C, cuando los etruscos aceptaron la oferta de ciudadanía romana. Los romanos absorbieron o destruyeron sus ciudades y cayeron en el olvido. Pero nunca dejaron de sentir celos del pueblo al que habían reemplazado.

Rituales fatalistas

Las representaciones funerarias y la industria orfebre caracterizaron el arte etrusco. Tal y como los describe el historiador italiano Valerio Manfredi, los frescos de sus tumbas transmiten la sensación de una atmósfera "recelosa y enrarecida". El infierno era representado de forma terrorífica, con dioses infernales con cabeza de lobos. Para escapar a ellos, existía un meticuloso culto. "Obedecían a los adivinos, los arúspices, que descifraban los deseos de los dioses por el estruendo del trueno, vuelo de un pájaro o examen de los hígados de animales", asegura Lara Peinado. D

Los etruscos, en el MAN

El Arqueológico exhibe hasta el 6 de enero ‘Los etruscos', una exposición compuesta de 450 piezas procedentes de museos de la Toscana -algunas como ‘Mater Matuta' no habían salido de Italia hasta ahora- y abarca desde los orígenes de la Etruria hasta la romanización.